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jueves, 11 de agosto de 2011

Naturaleza mítica y otras actualizaciones



El pasado septiembre, coincidiendo con su décimo aniversario, se compiló todo el material de la antigua página de Perro Aullador en un archivo PDF, para consulta y descarga. Faltaba, sin embargo, el material de Naturaleza Mítica, la sección que se dedicó al lobo, que gracias a los comentarios recibidos vía blog y correro electrónico ya se puede descargar aquí: Naturaleza Mítica PDF. Se incluyeron todos los documentos que había en la página, excepto el dedicado a las Lupercales, por estar ya incluido en el PDF de Perro Aullador.

Algunas de las fuentes consultadas para la elaboración del trabajo ya no están disponibles en la red. Destaca especialmente la web dedicada a los niños ferales, www.feralchildren.com , de la que aún se puede rescatar información gracias a la Wayback Machine de www.archive.org

Por cierto, para aquellos que quieran más historias de lobos/licántropos clásicos, en el podcast de Historias y Relatos (grabaciones del programa de RNE conducido por Juan José Plans, sobre el que queda pensiente escribir) se encuentran algunas dramatizaciones interesantes, así como comentarios sobre los autores y los temas.

***

En otro orden de cosas, sobre la práctica propuesta hace un año en el post titulado "Cultivo de deseos" los resultados a la fecha son 4 por cumplir, 2 en vias de cumplirse, 13 cumplidos y 1 descartado. Varias cosas aprendidas en el camino, por ejemplo, que no fue muy buena idea desear "ir al dentista" ( yo pretendía una revisión voluntaria, pero finalmente tuve que ir porque no me quedó más remedio :P).


domingo, 17 de julio de 2011

Elogio de la sombra


Spilosoma lubricipeda (2011), Mathias Krumbholz


"Encuentra la belleza no sólo en la cosa en sí misma, sino también en el patrón de las sombras, la luz y la oscuridad que el objeto posee".
Junichiro Tanizaki.


P.D. : Encontré la cita en un periódico gratuito de mi barrio. En Temakel pueden leerse algunos fragmentos de su ensayo "Elogio de la sombra" (1933) en el que el autor compara las diferentes percepciones e interpretaciones de la sombra por parte de oriente y occidente.

martes, 21 de junio de 2011

Más Vida, Miquel Martí i Pol


Mountain Landscape, Derek McCrea


Más Vida

Es bueno saber permanecer cuando todo incita
a desistir.
Cerremos, si es necesario, las puertas
y convirtamos la casa en un reducto
donde cada cosa, poco a poco, retome
dimensiones comprensibles y amigas.

Nada nos limita salvo el rechazo
de este espacio. En la incertidumbre granan
voces y más voces y a lo lejos el mar propone
el impulso del viento y la luz de las rutas.
Siempre el poniente convoca fuegos y auroras.

Saber permanecer, he aquí la consigna,
y preservar cadaquién el pequeñísimo
terreno en que proclama, altivo, más vida.


L'àmbit de tots els àmbits (1980)

domingo, 5 de junio de 2011

Notas de otra época IV: Buscando en los libros


The Fall (2005), Chris Peters



Buscando libros


A la hora de buscar libros, es útil fijarse más allá de la portada y la sinopsis, en datos como obras del autor y de la editorial. Al igual que se encontramos “estilos” ( y “modas”) en el vestir, también los encontraremos en el mundo editorial, así como en las corrientes interpretativas de la historia. Si prestamos atención a estos datos, en combinación con nuestras lecturas, podremos identificar qué estilo personal, corriente y época corresponde a cada autor, de modo que, por acumulación de estos datos, acabaremos por tener un contexto que nos permitirá saber con bastante exactitud qué podemos esperar de un libro sólo con ojear esa páginas de créditos comúnmente ignoradas. Por esto resulta muy importante dar referencias completas a la hora de mencionar una obra, o citar un fragmento de la misma. Es una norma de cortesía entre los buscadores, el tipo de trabajo que no se hace tan sólo para uno mismo, sino también para los demás, y para la búsqueda en sí.

Pero no se trata sólo acelerar y precisar el resultado de nuestra búsqueda (y la de otros), sino, al mismo tiempo, ser capaces de discernir las particularidades de cada texto. Creo recomendable considerar la objetividad como un valor que debe anteceder a la detracción, antes de apasionarse con un punto de vista dado.

Todos estamos enlazados con el tiempo en el que vivimos, y al que pertenecemos, que ejerce el poderoso influjo de su presencia continua, consciente o no, a nuestro alrededor. En segundo término, todos estamos influenciados por la cultura en la que hemos sido educados, o bien por la “tradición” o “escuela de conocimiento” en la que hemos desarrollado nuestra formación. En tercera instancia nuestra historia personal y nuestro carácter también nos condicionan. El discurso de cualquier autor está teñido en mayor o menor medida por estos tres factores y, en consecuencia, ninguna obra puede ser completamente imparcial. No nos conviene ser ingenuos al acercarnos a ella en busca de información: estas influencias pueden hacer que el autor que estamos leyendo, o la corriente en la que éste se engloba, deforme sutilmente la realidad de la que se está hablando. En el mejor de los casos, se tratará de una visión parcial, pero no dogmática; en el peor, lamentablemente, ciertos autores llegan a hacer trampa, amañando los datos o bien mostrándolos de un modo sesgado, ofreciendo sólo aquellos que convengan a las conclusiones que ocupan su exposición.

Es necesario mantener despierta nuestra capacidad de cuestionar, así como poner un límite a nuestra confianza o creencia, o al menos no regalarlas al primero que pase y “hable bonito”... Debemos respetar el valor de nuestro propio juicio, cuya capacidad de crítica se templará y se afinará con la adquisición de saber y experiencia. Por el bien de nuestra formación y crecimiento, será conveniente contrastar autores, corrientes y puntos de vista, con el fin de compensar o corregir los excesos de cada cuál con su contrario y hacernos una idea más cercana a la objetividad. Si bien cuando alcancemos el grado de madurez correspondiente, será lícito y preciso tomar una visión particular sobre cualquier asunto, que debería seguir evolucionando con nosotros. Sin embargo, hay que tener en cuenta que ser crítico no es lo mismo que andar de criticones o quisquillosos, del mismo modo que adquirir conocimiento no es lo mismo que andar de sabelotodo o pedante.



Piezas Faltantes


El nivel de comprensión depende tanto del autor como del lector. El primero, permanece inmutable, en el sentido que la obra ha sido fijada ( si bien algunos autores añaden notas, introducciones o mejoras en sucesivas ediciones de la obra); el segundo depende de nuestra situación personal. Una interesante experiencia se da con ese libro preferido que suele acompañarnos a lo largo de varios años de nuestra vida, ese al que regresamos cada cierto tiempo, y que cada vez que releemos nos da algo que antes nos pasó desapercibido.

Un obstáculo que podemos encontrar es que, cuando no contamos con un instructor más experimentado al que podamos preguntar, no entendemos algunas referencias o datos proporcionados por los libros que hemos atesorado, y se nos hace difícil situarlos en árbol de nuestro conocimiento… que de repente parece más una escoba despeinada que a un árbol. Pero hay que tener en cuenta que si nos acercamos a libros que provienen de escuelas de conocimiento, con sistemas consolidados, que parecen dirigidos directamente a los “entendidos” en la materia, es normal toparnos con cosas así. Así mismo, en ocasiones encontramos antes el libro que cuenta el final de la película que el que relata el principio. Muchas escuelas comparten conceptos similares o correspondientes, a los que dan nombres diferentes o agrupan de un modo distinto.

Nuestra formación en este sentido se asemeja mucho al montaje de un rompecabezas; empezamos por las esquinas, que son las piezas más fáciles de reconocer, y progresamos a medida que encontramos otras que encajan con éstas… pero siempre hay unas últimas piezas que no sabemos ubicar hasta que todas las de su alrededor nos revelan su perfil. Eso sí, llegar a esa sensación de júbilo súbito y arrebatador de poner en su lugar la pieza rebelde, requiere cierta paciencia.


Subjetividad y comunicación


El conocimiento objetivo es aquel que puede transmitirse de una a otra persona, con la mínima variación en lo que a su esencia se refiere. Si señalo un árbol a otra persona, ésta convendrá conmigo en que aquello es un “árbol”. Ciertamente, luego podemos discutir otros conceptos, como el nombre de su especie o si el color de sus hojas se ve más marrón que verde... Pero en cualquier caso, tanto esa persona como yo tendremos una idea común de lo que es una “especie” de árbol o lo que son “el marrón” y el “verde”- ese tipo de datos, en un ejemplo rudimentario, serían los de carácter objetivo.

Los datos subjetivos son aquellos que no podemos trasladar con la seguridad de que el receptor los perciba tal como nosotros lo hacemos. Esto es, si trato de explicar a alguien lo que significa para mí la visión de ese árbol. Ésta aproximación subjetiva será también lícita para nuestra lectura, y de hecho, en nuestro aprendizaje y formación personal nos veremos obligados a trabajar repetidamente sobre este nivel.

Ahora bien, dada la función referencial de los datos objetivos ( idealmente objetivos sería una definición más adecuada, que pertenecen al espacio común), en nuestra comunicación con otros, a fin de relacionarnos con el debido respeto hacia las tradiciones o escuelas de conocimiento así como hacia otros buscadores, deberemos tratar de no confundir la naturaleza de éstos datos objetivos con la de aquellos subjetivos (o más personales, que pertenecen a la esfera de nuestra intimidad).

Aplicado a los libros (pero también a otros campos), esta lectura subjetiva se aplica cuando hacemos reelaboraciones de las ideas que nos da a conocer el autor, cuando interpretamos a nuestro modo éstas ideas, o cuando dejamos de lado al autor y su intención, para abrazar las sugerencias que sus letras inspiran en nosotros. Dirigida del modo adecuado, esta interpretación puede llevarse a cabo sin que se convierta en un sacrilegio, o una falta de cortesía.

Es posible que al acercarnos a un autor complejo no tengamos ni la formación ni la experiencia necesaria para entender el mensaje que éste quiso transmitir; pero las imágenes que la lectura despierten en nosotros una respuesta, los fragmentos escogidos, leídos y releídos, pueden hacernos pensar acerca de algunas ideas y elaborar teorías propias que cumplan una función en un momento determinado de nuestra vida.
Lo ilícito, lo nocivo, sería creer que esa interpretación es la misma que le dio su autor, o escribir todas esas especulaciones … y pretender convencer a otros de que son el “auténtico” legado del autor que, curiosamente, nadie ha comprendido bien salvo nosotros o nuestro grupo…

Tanto la búsqueda de datos objetivos como la de subjetivos se pueden realizar en la lectura de obras específicas acerca de escuelas de conocimiento, y, sin embargo, es aconsejable de vez en cuando alejarse del género “manual” o “tratado” para echar un vistazo a la literatura. Ya sea en los grandes clásicos, como en pequeñas joyas encontradas dónde menos espera uno (por ejemplo, aquellas obras destinadas a un público infantil), la literatura presenta, a menudo, una visión privilegiada de la vida y las posibilidades del ser humano; y permite al tiempo una mayor libertad en lo que a interpretaciones y reinterpretaciones se refiere.

Más allá de este aspecto, se da el caso de que, frecuentemente, obras bajo una apariencia meramente literaria llevan en sí una carga mayor de información útil y valiosa para nuestra búsqueda que otras obras creadas con fines pretendidamente pedagógicos.

viernes, 15 de abril de 2011

La tela de Penélope, A. Monterroso


John William Waterhouse, Penelope and the Suitors, 1912

La tela de Penélope,
o quién engaña a quién
Hace muchos años vivía en Grecia un hombre llamado Ulises (quien a pesar de ser bastante sabio era muy astuto), casado con Penélope, mujer bella y singularmente dotada cuyo único defecto era su desmedida afición a tejer, costumbre gracias a la cual pudo pasar sola largas temporadas.

Dice la leyanda que en cada ocasión en que Ulises con su astucia observaba que a pesar de sus prohibiciones ella se disponía una vez más a iniciar uno de sus interminables tejidos, se le podía ver por las noches preparando a hurtadillas sus botas y una buena barca, hasta que sin decirle nada se iba a recorrer el mundo y a buscarse a sí mismo.

De esta manera ella conseguía mantenerlo alejado mientras coqueteaba con sus pretendientes, haciéndoles creer que tejía mientras Ulises viajaba y no que Ulises viajaba mientras ella tejía, como pudo haber imaginado Homero, que, como se sabe, a veces dormía y no se daba cuenta de nada.
Augusto Monterroso, en Relatos vertiginosos. Ed. Alfaguara, México, 2003, p.56

viernes, 26 de noviembre de 2010

Solsticio


Reconduzcámosla poco a poco, la vida,
poco a poco y con mucha confianza,
no por los viejos senderos ni por atajos
grandilocuentes, sino por el discretísimo
camino del hacer y deshacer de cada día.
Reconduzcámosla con dudas y proyectos,
y con torpezas, anhelos y desfallecimientos,
humanamente, entre ruido y angustias,
por la cuenca de los años que nos corresponde vivir.


En soledad, pero no solitarios,
reconduzcamos la vida con la certeza
de que ningún esfuerzo cae en tierra estéril.
Llegará el día en que alguien beberá a manos llenas
el agua de luz que brote de las piedras
de este tiempo nuevo que ahora nosotros esculpimos.


Miquel Martí i Pol,
L'àmbit de tots els àmbits (1980)

"Kamilah", retrato de la madre de Khalil Gibran realizado por el autor
al fondo se encuentra el relieve asirio de la leona herida (palacio de Nínive).

domingo, 21 de noviembre de 2010

Todo crecimiento

Monte Damavand (Irán), fotografía de Hamed Saber

Es impúdica la añoranza, confiere una extraña
complicidad a sentimientos y objetos,
traza con colores brillantes perfiles casi olvidados
y de todo saca provecho para adormecer y subyugar.

Con verdes de verano te lo digo, pero me recorren
la sangre y las palabras los primeros
escalofríos de un invierno plácido.

Mira, a lo lejos
siempre hay un punto en que azul y azul se confunden
tanto en el mar como en la tierra, más allá
la luz abreva plenitud y fuerza.

Quien llama a hacerse con vigor ni espera ni pide,
piensa el camino y lo hace.

Así todo crecimiento.
Miquel Martí i Pol,
Les clares paraules (1979)

sábado, 6 de noviembre de 2010

Entre lobos

Fotograma de la película "Entre Lobos" (2010)

En la mitología y el folclore de muchas culturas alrededor del mundo aparecen con frecuencia dioses, héroes y ancestros fundadores que en su infancia fueron protegidos, o incluso criados, por animales. La idea es recuperada por la literatura, por ejemplo en El Libro de las Tierras Vírgenes de Rudyard Kipling (1894) o en la serie de Tarzán (iniciada en 1912) de Edgar Rice Burroughs, posteriormente llevadas al cine. A lo largo de la historia, sin embargo, se documentan numerosos casos reales en los que niños humanos han sobrevivido en condiciones silvestres gracias a la ayuda de otras especies animales. En 1758, basándose en estos hechos, el iniciador de la taxonomía moderna, Carl von Linne, llegó a incluir al homo ferus como una subespecie humana.

Entre las especies que han adoptado a niños humanos destaca el lobo: Cabe considerar que hombres y lobos comparten importantes aspectos en cuanto a su organización social, existiendo además factores biológicos que posibilitan el éxito a la hora de mantener al niño con vida.

En una manada de lobos sólo la pareja líder puede reproducirse, sin embargo, cuando esto sucede, los cachorros son criados por todo el grupo. De hecho, cuando una hembra de lobo alcanza su madurez reproductiva, experimenta cada año un "pseudo embarazo", durante el cual su estado hormonal es idéntico al del embarazo real, llegando a producir leche y siendo capaz de adoptar a los cachorros, pudiendo sustituir a la madre biológica si ésta llega a morir. La leche de loba es muy nutritiva, y en caso de prolongarse el periodo de lactancia, la producción de la misma puede prolongarse más allá del periodo común. Posteriormente, todos los lobos adultos de la manada contribuyen a la alimentación de los cachorros regurgitando la carne predigerida.

Cuando un niño humano es adoptado por una manada adquiere el estatus de cachorro, quedando a resguardo de represalias por parte de otros miembros de la manada. Entre los cuentos populares existen historias de lobas que roban niños humanos tras haber perdido a sus cachorros, para sustituirlos. Sin embargo es más probable que los niños recogidos por lobos fueran previamente abandonados por sus padres.

En la década de 1950 unos estudios realizados con niños autistas, hijos de americanos de clase media, revelaron múltiples similitudes con los niños ferales, criados por animales y recogidos de nuevo por humanos. Caminaban cuatro patas, les molestaba el ir vestidos y creaban refugios. No hablaban, y en ocasiones eran incapaces de reír o sonreír, sin embargo imitaban sonidos de animales, y preferían la compañía de éstos antes que la humana. Esto llevó a la hipótesis de que la causa de abandono de los niños por parte de sus padres fuera precisamente su autismo, mismo factor que posteriormente les hubiera ayudado a sobrevivir entre animales.

Sin embargo, existen casos que no encajan en estos parámetros, como el de Marcos Rodríguez Pantoja, el "niño salvaje de Sierra Morena". Marcos nació en 1946, en Córdoba (España). A los 7 años, fue vendido por su padre a un anciano cabrero de Sierra Morena. Algún tiempo más tarde, el anciano salió a cazar y no regresó, dejando a Marcos solo en la montaña. Hasta que dio con una camada de lobeznos y paulatinamente fue aceptado en la manada. En un documental de El Mundo se recogen sus declaraciones:

"Un día oí ruido detrás de unas rocas. Me acerqué y había unos lobeznos. Les fui a dar comida, a revolcarme con ellos… Vino la loba y lanzó un mordisco… Me fui… Un día estaba en la cueva y entró la loba. Yo me fui al fondo… Creía que me iba a comer… ¡Como antes me había atacado! Pero me dejó un trozo de carne… Me lo iba acercando… Y al final se acercó y la abracé… Y fueron confiando en mí. Yo les daba comida y jugaba con los lobeznos y poco a
poco, así, fue como me fui convirtiendo en el jefe de la manada
".


Marcos vivió con los lobos, y con otros animales como una zorra o una serpiente, durante más de una década. Contaba ya con 19 años cuando fue descubierto por un guarda y denunciado a la Guardia Civil. Marcos trató de defenderse, se consideró cazado. Fue llevado a Madrid y dejado al cuidado de unas monjas. Se trató de "civilizarlo", si bien esto no parece haberle reportado demasiados beneficios.

En 1979 el antropólogo Gabriel Janer Manila retomó la historia para su tesis doctoral, acerca de la problemática de los niños ferales. Años más tarde el mismo autor creó una novela infantil titulada "He jugado con Lobos". Éste era el material disponible al respecto cuando el director Gerardo Olivares, empezó a investigar sobre el caso de Marcos. Más tarde, a base de insistencia, Olivares consiguió localizar al propio Marcos, protagonista de la historia que el director se ha encargado de llevar al cine bajo el título "Entre Lobos". La película se estrena el próximo 26 de noviembre, pero ya ha motivado numerosos reportajes en los medios que han contribuido a la difusión de una historia, humana y animal, que supera con creces muchas de las figuraciones literarias con la que hemos crecido.



martes, 12 de octubre de 2010

Historias de estrellas



Te bajo una estrella... (2010) Jorge Murillo

(...) Y me contó la historia de un muchacho enamorado de una estrella. Adoraba a su estrella junto al mar, tendía sus brazos hacia ella, soñaba con ella y le dirigía todos sus pensamientos. Pero sabía, o creía saber, que una estrella no puede ser abrazada por un ser humano. Creía que su destino era amar a una estrella sin esperanza; y sobre esta idea construyó todo un poema vital de renuncia y de sufrimiento silencioso y fiel que habría de purificarle y perfeccionarle. Todos sus sueños se concentraban en la estrella.
Una noche estaba de nuevo junto al mar, sobre un acantilado, contemplando la estrella y ardiendo de amor hacia ella. En el momento de mayor pasión dio unos pasos hacia adelante y se lanzó al vacío, a su encuentro. Pero en el instante de tirarse pensó que era imposible y cayó a la playa destrozado. No había sabido amar. Si en el momento de lanzarse hubiera tenido la fuerza de creer firmemente en la realización de su amor, hubiese volado hacia arriba a reunirse con su estrella.
-El amor no debe pedir -dijo-, ni tampoco exigir. Ha de tener la fuerza de encontrar en sí mismo la certeza. En ese momento ya no se siente atraído, sino que atrae él mismo. (...)


(...) Un tiempo después me contó otra historia. Se trataba de un enamorado que amaba sin esperanza. Se refugió por completo en su corazón y creyó que se abrasaba de amor.
El mundo a su alrededor desapareció; ya no veía el azul del cielo ni el bosque verde; el arroyo ya no murmuraba, su arpa no sonaba; todo se había hundido, quedando él pobre y desdichado. Su amor, sin embargo, crecía; y prefirió morir y perecer a renunciar a la hermosa mujer que amaba. Entonces se dio cuenta de que su amor había quemado todo lo demás, de que tomaba fuerza y empezaba a ejercer su poderosa atracción sobre la hermosa mujer, que tuvo que acudir a su lado. Cuando estuvo ante él, que la esperaba con los brazos abiertos, vio que estaba transformada por completo; y, sobrecogido, sintió y vio que había atraído hacia sí a todo el mundo perdido. Ella se acercó y se entregó a él: el cielo, el bosque, el arroyo, todo le salió al encuentro con nuevos colores
frescos y maravillosos; ahora le pertenecía, hablaba su lenguaje. Y en vez de haber ganado solamente una mujer, tenía el mundo entero entre sus brazos y cada estrella del firmamento ardía en él y refulgía gozosamente en su alma. (...)

Demian (1919), Herman Hesse



sábado, 18 de septiembre de 2010

Acerca del Carpe Diem




No indagues Leucónoe - no es lícito saberlo-, qué fin han decretado para mí los dioses, cuál para ti, ni sondees el cálculo babilonio. ¡Cuánto mejor soportar lo que haya de ser, tanto si Júpiter nos ha concedido muchos inviernos, como si es nuestro último el que ahora quiebra las olas del mar Tirreno contra los escollos! Sé sabia, filtra el vino y, breve como es la vida, corta la esperanza larga. Mientras hablamos, habrá huido celosa la edad: goza el momento, sin confiarte demasiado al mañana.

Horacio, Oda XI


A pesar de que la Oda a Leucónoe sea el origen del tópico literario Carpe Diem , muchas de las interpretaciones posteriores que se han dado a dicha expresión han sesgado una parte importante del mensaje original del autor. La idea que normalmente se asocia al Carpe Diem es que la muerte podría llegar en cualquier momento, sin embargo se omite algo que Horacio no descuidó: que la muerte igualmente podría demorar su visita.

Sin embargo, muchas interpretaciones posteriores del Carpe Diem transpiran un gran temor hacia la muerte, pero incluso un temor aún mayor ante la madurez y la vejez. Este segundo Carpe Diem se opone al pensamiento horaciano, pues en lugar de restar importancia al futuro y prepararnos para enfrentarlo sin importar qué nos depare - hasta el punto de no cuestionar sus designios-, le otorga las cualidades de un enemigo invencible capaz de condicionar la experiencia del mismo presente que el autor original invita a hacer nuestro.

De este modo lamentable el Carpe Diem se ha empleado en no pocas ocasiones para justificar un sin fin de momentos desperdiciados en una febril carrera por escapar de las garras de un enemigo desconocido que no nos atrevemos a enfrentar. Pero en este tipo de vidas no hay ningún gozo posible, sólo un gran miedo que crece alimentándose de la vida que le es entregada por aquellos que azuzados por el miedo emprenden una huida hacia delante... Y de este modo el individuo se precipita hacia aquello que más teme, consiguiendo hacerlo realidad.

Horacio invita a través de sus palabras a vivir sin confiar demasiado en el futuro, pero sin temer que éste no nos sea concedido, o no lo sea como lo esperamos. Como otros autores han hecho a través de diferentes épocas, señala la conveniencia de ser y actuar conscientes en el presente, como la única realidad en la que podemos incidir. La importancia de saber desgranar nuestro tiempo momento a momento, viviéndolo con plenitud, de tal manera que el si hubo un antes o si habrá un después no empañe la experiencia.

Al contrario que otros autores, que contribuyeron a la sobrevaloración de la juventud de la que tantas personas se han convertido en esclavas en la actualidad, Horacio escribe "Sé sabia, filtra el vino", refiriéndose a cualidades humanas que no están supeditadas a una edad concreta, sino que pueden acompañarnos a lo largo de todas nuestras edades, susceptible incluso de mejorar con el tiempo, en caso de que "Júpiter nos conceda muchos inviernos".

Y en las mismas palabras Horacio aconseja a Leucónoe, y al lector, el mecanismo óptimo para no temer ni esperar el futuro incierto, siendo capaces de aceptar lo que sea que quiera venir. La sabiduría nos permite apreciar y agradecer con serenidad la belleza de cada momento, único, irrepetible y perfecto en sí mismo, y susurra a nuestro oído la acción y la palabra más adecuadas según el mismo.
Por otro lado, el vino se filtra con el fin de aclararlo, liberándolo de impurezas. Incluso aquí el autor incide en la calidad, en el detalle, en valorar la calidad de la experiencia, desdeñando el exceso. Pero la imagen del nos recuerda también que somos nosotros los responsables últimos de dar una interpretación, un sentido, a aquello que nos sucede y nos rodea, a nuestras vivencias y relaciones. El autor nos remite, de este modo, a asumir la responsabilidad de nuestra condición vital, recordándonos que el mayor poder del ser humano, aquel del que no puede desentenderse, aún cuando todo lo demás pueda escapar de su dominio, es la gestión de sus propias ideas, impresiones, sentimientos o emociones.


miércoles, 8 de septiembre de 2010

La labor de traducir


Buscando una traducción decente de la "Oda a Leucónoe" para un próximo post, encontré un artículo de Rosario González Galicia, del cual reproduzco un fragmento a continuación. En cierto sentido la labor del traductor y la del historiador presentan un mismo reto, así como la de cualquier individuo que se haya puesto por tarea el fungir como puente entre dos o más realidades, o mundos de significado. En consecuencia, considero que la reflexión sobre estas cuestiones no estaría de más para los practicantes de Magia en general y los paganos en particular...

Las traducciones pueden ser malas (estar artísticamente mal compuestas), tortuosas, chirriantes, toscas, rimbombantes, excesivas, pedantescas, muestras de vanidad del autor, buenas, atinadas, precisas, exactas en la captación de la lengua de partida y en la plasmación en la lengua de llegada, incluso más hermosas que el hermoso original del que parten... Pero, contando con todos los prejuicios y la ideología que todo traductor inevitablemente carga consigo, lo que debe evitarse a toda costa es caer en la trampa de superponer y de imponer nuestros conceptos, nuestro mundo al suyo. Ya se nos escaparán montones de gazapos sin querer. Pero hay que estar en guardia contra ellos. Hay que recordarse a cada minuto que aquello es otra lengua, que aquello es otra cosa, que el mundo que aquello está revelando o descubriendo es distinto al nuestro (estando ambos en el Mundo). Hay que estar prevenidos y purificarse antes de empezar, tratar de ir lo más limpios posible hacia ello, obligarse a dejar a un lado la ideología y los prejuicios, obligarse firmemente, porque, de todos modos, nunca lo vamos a conseguir por completo (más que nada porque, por más empeño que pongamos y por más preparación que tengamos, es imposible). Y esto más si cabe cuando se trata de un texto lejano en el tiempo y de una lengua que, según opinión general y común, es una lengua muerta. (...)

Seamos -me lo ruego, os lo ruego- humildes en el acercamiento a otras lenguas. Dejemos que sean ellas las que hagan el camino caminando nosotros junto a ellas, las que se nos entreguen entregándonos nosotros a ellas, y no les impongamos un camino ya hecho y, entonces, ya muerto e imposible de recorrer , pues, como canta Antonio Machado, "caminante, no hay camino, se hace camino al andar".
Rosario González Galicia, "Sobre el carpe diem y los prejuicios en la traducción", Babab, Mayo de 2002

jueves, 29 de julio de 2010

A pesar de todo, la verdad




Malgré Tout (1898?), Jesús Contreras

Malgré Tout (A pesar de todo) es el título de la escultura que Jesús Contreras expuso en la Exposición Universal de París en el año 1900, y por la que le fueron concedidos los más altos honores. En aquel momento, Contreras acababa de sufrir la amputación de un brazo, y el poeta Amado Nervo le dedicó unos versos en los que ensalzaba a Malgré Tout como una "figura esculpida con una mano y que representa una enorme suma de trabajo (...) símbolo conmovedor de su orgullosa manquera".

Lo que el escultor en realidad hizo fue modelar la imagen en arcilla y encargar posteriormente la imagen en mármol a algún taller especializado. Si bien el primer error de Nervo pudo ser no distinguir entre las técnicas de modelar y cincelar, más grave es el hecho de que muy posiblemente la misma escultura ya hubiera sido expuesta, aún sin el título que más tarde se le otorgaría, en una exposición de 1898; Es decir, dos años antes de que Contreras perdiera su brazo.

Sin embargo, los versos de Nervo crearon una leyenda acerca del artista marcado por la desgracias que, en un esfuerzo titánico, logra vencer la adversidad y concluir una obra magnífica, leyenda de la que otros autores y el público general se hicieron eco, porque en palabras de Eduardo Báez Macías; "el ya viejo siglo XIX necesitaba de esas imágenes trágicas-heroicas gestadas en el romanticismo tardío".

Dicho de otro modo, el mito, nacido tal vez de la casualidad o el error, fue alimentado y sostenido, porque era una historia que se quería escuchar. Tan es así que un un siglo más tarde yo misma recibí el relato de labios de una amiga al pasar ante la reproducción de la escultura que se encuentra en la Alameda Central del DF.

Al parecer, la historia acerca de Contreras y Malgré Tout fue toda una sensación en la época, con los riesgos que esto comporta, pues añade Báez: "Se asoció el infortunio de Contreras con la sordera de Beethoven, la ceguera de Homero y la manquedad de Cervantes, y el mismo presidente Díaz, torpemente, le concedió el título de “Inválido del Arte” que el artista sensatamente declinó".

Probablemente el título de "Malgré tout" se asoció con el artista y sus circunstancias personales, lo que resulta paradójico cuando descubrimos a que Contreras pudo referirse con él a la alegoría de la Verdad, tal como era representada por los antiguos emblemistas: una mujer que lucha contra la mentira y el engaño a pesar de sus ataduras.

Por ejemplo, en el grabado "La Falsa Opinión que arruina al mundo", de Hendrick Goltzius, (1558-1617) se presenta Falsa Opinión, la falacia, conduciendo al mundo hacia un barranco mientras que al fondo de la escena la Justicia se niega a intervenir (la figura se ve al fondo de la imagen, con sus atributos abandonados en el suelo). A un lado se encuentra la Verdad encadenada sobre una roca, son sus manos y pies sujetos con grilletes de hierro, tal como la mujer de la estatua de Contreras.

La Falsa Opinión que arruina el mundo, gravado de Hendrick Goltzius

Hace muchos años escuché una cita en la radio de un autor cuyo nombre desgraciadamente no recuerdo y no he podido localizar, pero que decía algo así como: La poesía nos concede aquello que la realidad histórica nos niega. La historia de Malgré Tout es un ejemplo literal de tal afirmación, sin embargo la misma situación se repite una y mil veces, tanto al volver la vista hacia el pasado (reciente o remoto), como en nuestro propio presente.

Hay muchas historias que quieren ser oídas, muchos modelos en los que, de modo consciente o -más a menudo- inconscientemente, las personas tratan con insistencia de clasificar o hacer encajar las realidades que los rodean, tal como si se hubiera trazado un curso para encaminar los pensamientos de un modo común. Si pretendemos empezar a ver las cosas tal como son será necesario aprender a esquivar esta trampa y acercarnos sin temor a su realidad, que puede defraudarnos en la misma medida en que puede superar nuestras expectativas.

Sin embargo es preciso comprender que la leyenda, el mito, la historia inventada, creada y recreada mil veces, a pesar de no poder decir nada real del objeto al que se refiere es muy elocuente y certera si pensamos en la referencia hacia el mundo en el que vivimos y las mentalidades que lo habitan. Contiene en sí misma otra cara de la verdad, que también es necesario, por nuestro propio bien, conocer.


Fuente de referencia:

Báez Macías, Eduardo: Historia de la Escuela Nacional de Bellas Artes (1781-1910), UNAM, México, 2009. p.215-216

sábado, 24 de julio de 2010

Los frutos sabrosos


Tapiz representando a Pomona (1900 aprox.), por Burne-Jones & Henry Dearle

Els fruits saborosos (los frutos sabrosos) es un libro de 18 poemas de Josep Carner, publicado por primera vez en el año 1906. Situando al lector en un ambiente bucólico, el autor evoca diferentes etapas y experiencias de la vida humana, enlazándolas con las características de diferentes frutos.
Dado el rico vocabulario y las formas complejas empledas por Carner, siento que cualquier traducción comporta una pérdida significtiva respecto al original, sin embargo, con la única intención de dar a conocer la obra, siguen a continuación traducciones libres de algunos poemas que ilustran el viaje de la infancia a la vejez.



Como las Fresas

La abuela come fresas de antes de San Juan;
para que sean más frescas, las quiere regogidas por un niño.
Por eso la nieta menor, que es Pandara,
sabeís, la que se encanta ante la claridad
y va creciendo tranquila y en admiración y a veces,
cierra los ojos, levanta al cielo la cara,
ella, que aún no dice palabras bien armadas
y las mezcla en una música de los sentidos,
recoge ahora las fresas agachada,
la punta de los dedos teñida de rosa.
Cada mañana la sientan, protegida del viento,
en el lecho de las fresas.
Y mira como el airecillo agita sombras ligeras,
y el cuerpecillo decanta antes que el pensamiento.
Le place la correhuela y aquel herbaje tan fino,
y cree que el cielo se acaba tras el jardín.
En vano la fresa cubría su don;
al sacar las fresas del refugio sombrío,
Pandara se ruboriza, trabaja, se extasía:
si ha encontrado más de una, levanta los ojos y ríe.
Pandara siempre ha visto el cielo sereno;
ignora la tempestad y el grito de las brujas.
Es fe y es vida de ella la luz que todo lo envuelve.
El mundo, en maravillas y juegos ajetreado,
es pequeño y rojo y fresco como las fresas.



Aglae y las naranjas


Aglae, bajo un bello naranjo detenida,
de lejos oye a las hermanas como pájaros al viento.
Ya no va a encontrarlas por la hierba y el rocío,
su cara pálida a causa un gran desfallecimiento .

Ella danzaba y reía recién casada con Drias,
altiva entre el ruido, gozosa de la luz.
Y ya del huerto se esconde por las desiertas vías
y aún se hace más blanca, perdida entre el perfume.

Y llega a las naranjas, las recoge y se las lleva;
la sed, con sólo mirarlas, hace brillar sus ojos.
Muerde un fruto y entorna los ojos como una muerta
y con ambas manos afloja el peso del cabello.

Y Aglae, ya recuperada, se mece en la esperanza;
con un suspiro muy tierno levanta el pecho caído;
si pudiera besar el niño que ya se acerca,
latido tan cercano y tan desconocido.

Ve la piadosa naranja que fue bella,
y yace abandonada del riego cerca del espejo.
La suerte de la esposa se transparenta en ella:
volverse exprimida y fatigada por la frescor del hijo.



Eglé y la sandía

Llegan las comadres. Riendo, haciendo de tripas corazón,
se pasan una sandía que es la más grande del huerto;
sus maridos están en la villa, y han merendado juntas,
y juegan a atraparse sobre los trigos deshechos;
hacen algazara, saltan, empiezan cancioncillas;
va rodando la sandía y aplasta los pies distraídos.
El atardecer desangrado hace temblar la hierbecilla.
Una comadre esgrime el fuerte cuchillo.
Dice que es Eglé, la mujer de ese hombre tan pequeño,
que asusta a las cuñadas y supera a su marido.
-¡A mí! -dicen las amigas, gritando a la vez.
Y, rebasándolas a todas, Eglé responde irada:
-¡No sea de nadie la primera rebanada!
A tí, la luna roja, la lanzo en sacrificio,
ahora que con innumerables estrellas por seguicio,
roja como la sandía, sonríes a cada quien:
rueda de amor que encantas caseríos, caminos y matorrales,
si nos ves alborotadas devuélvenos a la razón.
No nos haga el amor dóciles, estaríamos locas;
si no nos menguaran, bien lacra o bien carcoma.
Es cosa fatua el vivir cuando alguien no se arremanga para ordeñar
o apacentar o batallar con el barro:
y bien si los maridos se enojan y los hijos dan trabajo,
nos es necesario el hombre de la casa y nos son necesarios los pícaros.
Tu pues, tu que con tu mirada compasiva
ves que los niños se duermen y que el esposo llega del campo,
y nos iluminas el gozo de la cena
y alegras la botella puesta a refrescar,
mañana, cuando al amanecer te volvamos a ver aún,
preguntanos, chafardera, con tu menguada cara,
si, encerradas en la oscuridad, nos revolvió en la cama
el llanto de los niños o los besos del marido.



La manzana escogida

Alidé se ha hecho vieja y Lamon es viejito,
y, más pequeños y blancos, permanecen siempre juntos.
Ahora que están en la cama, los besa el solecillo.
Llora Alidé; Lamon quiere consolarla y llora.

-Oh pequeña Alidé, ¿ Porqué lloras tanto?
-Oh Lamon, porque me sé tan vieja y tan encorvada
y siempre me siento,y envidio a las nueras trabajando,
y cuando vienen a mí los nietos me encuentran tan helada.

Y no te sabría apacentar como en el tiempo florido
ni fundir la nostalgia de los días que se escapan,
y tu quieres que te abrigue y los brazos me tiemblan
y me hablas de unas cosas donde me ha caído el olvido.

Lamon hace un gran suspiro y le dice:
-Oh mi vida, mis pies son torpes
y siento que se me va la luz,
y te tengo cerca de mí como la manzana escogida
que se vuelve amarilla y vieja y aún emana perfume.

A nuestro alrededor nadie es dulce con la vejez:
el frío nos da temor, la negra noche horror,
gritan los hijos, las nueras nos hablan con aspereza.
¿Qué importa ir cayendo, si nos llevamos el amor?



Los higos matinales

Neera, aquella viuda benigna y sensata,
baja lenamente la escalera del jardín;
cantan pájaros, la fuente gorgojea enamorada,
las hojas parlotean y alegran el camino.

-En vida de Caropos, ¡ Siempre corriendo noche y día !
Venia, tras de mí, desde el fondo de escondrijos;
con rojas miradas de amor me acometía,
y me zarandeaba como el viento a las ramitas.

Pero ya vivo tranquila, no debo atormentarme;
se llena mi cintura, no esclava de ningún brazo;
el fino mentón que él siempre manoseaba,
ahora ya cria papada por el placer de reposar.

Cada día vengo al jardín de buena mañana
cerca de la fuente, con higos de los de cuello de dama.
Y me besa el aire, sin ninguna agitación ni llama,
y ahora tomo un higo, ahora un sorbito.

miércoles, 14 de julio de 2010

Mediterranées, por Agnès Vinas


Ilustración de Pierre Rosseau, para la novela Afrodita, de Louÿs


Recientemente descubrí una página en la red francesa que lleva por título Mediterranées y está a cargo de la profesora Agnès Vinas, en la que se encuentra abundante material sobre la Antigüedad y la Edad Media.

Se acaba de publicar en Ouróboros la traducción de un fragmento publicado en esta página del Dictionnaire des Antiquités grecques et romaines de Daremberg et Saglio (1877), correspondiente a Afrodita, en el cual se hace una revisión a profundidad de los aspectos de esta diosa, tan célebre como desconocida.
Pero Mediterranées cuenta además con una interesante sección dedicada a obras literarias de inspiración antigua, en la que se pueden localizar estas obras en distintas ediciones, incluyendo las ilustraciones incluidas en ellas.

Una de estas obras es la Afrodita de Pierre Louÿs (1896), cuyo prefacio se publicó hace ya un tiempo en Perro Aullador, implícita en el post de "Educación Sexual" y que volví a recordar al escribir "Prescindir del Juicio" , llevándome a escoger la pintura de Batoni Hercules at the Crossroads para ilustrar el texto.

La Afrodita de Louÿs es mucho más que una novela erótica, y ya desde la primera vez que la leí me pareció una ventana abierta a un mundo tan ajeno al nuestro como fue la antigüedad, una ventana por la que no sólo entraban fechas y datos, sino una auténtica evocación de sensaciones (olores, sabores, tactos, espacios...), revividas en nuestra imaginación a través de la magia de la palabra, en su sentido más profundo. En tales condiciones, los prejuicios de la actualidad quedaban temporalmente suspendidos, pues Louÿs supo como adentrar al lector en otra realidad, un mundo paralelo cuyas reglas parecían tan estables como las que regentan cada aspecto de nuestra cotidianidad.

Teniendo en cuenta que las Canciones de Bilitis (1894) de Louÿs, también disponibles en diferentes ediciones en Mediterranées, pasaron por algún tiempo como contemporáneas de Safo - el autor las publicó como si se trataran de una traducción-, podemos imaginar que ese mundo al que Louÿs nos invita a adentrarnos no debe ser tan distante a la realidad de la época en la que enmarca su obra.

domingo, 27 de junio de 2010

Desnudez


La ola (1896),William-Adolphe Bouguereau

Cosas

Sólo quiero recordar de este verano
la mirada cómplice
de una vecina que tomaba el sol
desnuda y sonrió complacida
al darse cuenta de que la contemplaba,
y aquel instante fugaz, irrepetible,
de total quietud, en que el mundo quedó
desierto de sí mismo y era un cristal
transparente y de nuevo compacto.
El verano no será otra cosa,
este verano, quiero decir, y si alguien me habla
de aquellas mil bagatelas inefables
que componen los días y las noches,
diré tranquilamente: -No me acuerdo.

Miquel Martí i Pol, versión de Adolfo García Ortega


Tal vez porque aquí no hay mar, o tal vez porque el verano es temporada de lluvias, en el solsticio vernal se añora como en ninguna otra época las orillas del Mediterráneo, donde la llegada del calor es todo un evento que marca el inicio de una temporada en la que solemos estar más tiempo fuera que dentro de casa. Es tiempo de salir en esas noches calurosas en las que resulta imposible dormir, y de pasear bajo la luz anaranjada de las farolas. Tiempo de ir al mar, aunque sea de paso, a primera hora de la mañana o última de la tarde, cuando la avalancha de turistas ha pasado, de salir al campo o de contemplar las estrellas desde las montañas.

El calor obliga a deshacerse de ropajes innecesarios y nos confronta a nuestra propia desnudez, a nuestra realidad física y a nuestros muchos prejuicios al respecto. Es divertido que a principios del año muchas personas se propongan acudir al gimnasio o ponerse a dieta, para estar "preparados" cuando llegue el verano y quieran ir a la playa. Muchos olvidan su propósito y lo retoman a mediados de primavera, al acercarse las fechas señaladas... Sólo para abandonarlo de nuevo. Finalmente el verano llega y de todos modos van a la playa, sea cuál sea su aspecto; A pesar de todos los prejuicios que estas personas hayan podido acumular a lo largo de los años, una parte de ellos sabe perfectamente que no tienen la menor validez, que deben enmudecer ante la generosa invitación del sol y las olas.

La arena y el mar nos reciben con agrado tal como somos, sin preparación previa requerida, y semidesnudos entre las aguas recordamos tal vez un tiempo de la infancia, en el que jugábamos y disfrutábamos despreocupadamente, tan concentrados en las sensaciones que experimentábamos que no quedaba lugar para considerar posibles juicios acerca de nuestro aspecto.

La piel, con todas sus marcas y relieves, se descubre para recibir las caricias del sol y de las aguas como un animal que pudiera salir de un largo encierro. Y, tal vez después de muchas horas cuestionando nuestro propio aspecto ante el espejo, nuestra mente logra salir también de su particular presidio, para relajarse y disfrutar.

Durante la tregua, una verdad natural se abre camino en nuestra conciencia: estamos bien tal como somos, no hay que "prepararse", es mejor ser espontáneos. Hay una belleza propia en cada uno de nosotros que resplandece cuando somos felices, cuando somos sencillos, cuando agradecemos las bendiciones presentes en nuestras vidas y nos sentimos en paz con nosotros mismos y con aquello que nos rodea, una belleza que se abre camino desde nuestro interior cuando empezamos a percibir la belleza de la naturaleza de la que formamos parte.

Con esta mirada vemos al ser amado, con esta mirada nos ven aquellos que nos aman, y con esta mirada deberíamos ser capaces de vernos a nosotros mismos en todo momento. La desnudez no es sólo un cuerpo desprovisto de vestiduras, es también la capacidad de deshacerse de lo innecesario, de permitirse ser tal como uno es, de conservar la claridad en la mirada y la libertad en el espíritu, de ir directos hacia aquello que sabemos bueno para nosotros en lugar de detenernos a recoger nuestras viejas cadenas para llevar con nosotros la gravedad de su peso.

domingo, 20 de junio de 2010

La rosa de Paracelso, Jorge Luis Borges

La rosa de Paracelso, "La memoria de Shakespeare" (1983)
Jorge Luis Borges.

En su taller, que abarcaba las dos habitaciones del sótano, Paracelso pidió a su Dios, a su indeterminado Dios, a cualquier Dios, que le enviara un discípulo. Atardecía. El escaso fuego de la chimenea arrojaba sombras irregulares. Levantarse para encender la lámpara de hierro era demasiado trabajo. Paracelso, distraído por la fatiga, olvidó su plegaria. La noche había borrado los polvorientos alambiques y el atanor cuando golpearon la puerta. El hombre, soñoliento, se levantó, ascendió la breve escalera de caracol y abrió una de sus hojas. Entró un desconocido. También estaba muy cansado. Paracelso le indicó un banco; el otro se sentó y esperó. Durante un tiempo no cambiaron una palabra.

El maestro fue el primero que habló.

-Recuerdo caras del Occidente y caras del Oriente -dijo no sin cierta pompa-. No recuerdo la tuya. ¿Quién eres y qué deseas de mí?

-Mi nombre es lo de menos -replicó el otro-. Tres días y tres noches he caminado para entrar en tu casa. Quiero ser tu discípulo. Te traigo todos mis haberes.

Sacó un talego y lo volcó sobre la mesa. Las monedas eran muchas y de oro. Lo hizo con la mano derecha. Paracelso le había dado la espalda para encender la lámpara. Cuando se dio vuelta advirtió que la mano izquierda sostenía una rosa. La rosa lo inquietó.

Se recostó, juntó la punta de los dedos y dijo:

-Me crees capaz de elaborar la piedra que trueca todos los elementos en oro y me ofreces oro. No es oro lo que busco, y si el oro te importa, no serás nunca mi discípulo.

-El oro no me importa -respondió el otro-. Estas monedas no son más que una prueba de mi voluntad de trabajo. Quiero que me enseñes el Arte. Quiero recorrer a tu lado el camino que conduce a la Piedra.

Paracelso dijo con lentitud:

-El camino es la Piedra. El punto de partida es la Piedra. Si no entiendes estas palabras, no has empezado aún a entender. Cada paso que darás es la meta.

El otro lo miró con recelo. Dijo con voz distinta:

-Pero, ¿hay una meta?

Paracelso se rió.

-Mis detractores, que no son menos numerosos que estúpidos, dicen que no y me llaman un impostor. No les doy la razón, pero no es imposible que sea un iluso. Sé que «hay» un Camino.

Hubo un silencio, y dijo el otro:

-Estoy listo a recorrerlo contigo, aunque debamos caminar muchos años. Déjame cruzar el desierto. Déjame divisar siquiera de lejos la tierra prometida, aunque los astros no me dejen pisarla. Quiero una prueba antes de emprender el camino.

-¿Cuándo? -dijo con inquietud Paracelso.

-Ahora mismo- dijo con brusca decisión el discípulo.

Habían empezado hablando en latín; ahora en alemán.

El muchacho elevó en el aire la rosa.

-Es fama -dijo- que puedes quemar una rosa y hacerla resurgir de la ceniza, por obra de tu arte. Déjame ser testigo de ese prodigio. Eso te pido, y te daré después mi vida entera.

-Eres muy crédulo -dijo el maestro-. No he menester de la credulidad; exijo la fe.

El otro insistió.

-Precisamente porque no soy crédulo quiero ver con mis ojos la aniquilación y la resurrección de la rosa.

Paracelso la había tomado, y al hablar jugaba con ella.

-Eres crédulo -dijo-. ¿Dices que soy capaz de destruirla?

-Nadie es incapaz de destruirla- dijo el discípulo.

-Estás equivocado. ¿Crees, por ventura, que algo puede ser devuelto a la nada? ¿Crees que el primer Adán en el Paraíso pudo haber destruido una sola flor o una brizna de hierba?

-No estamos en el Paraíso -dijo tercamente el muchacho-; aquí, bajo la luna, todo es mortal.

Paracelso se había puesto en pie.

-¿En qué otro sitio estamos? ¿Crees que la divinidad puede crear un sitio que no sea el Paraíso? ¿Crees que la Caída es otra cosa que ignorar que estamos en el Paraíso?

-Una rosa puede quemarse -dijo con desafío el discípulo.

-Aún queda fuego en la chimenea -dijo Paracelso-. Si arrojaras esta rosa a las brasas, creerías que ha sido consumida y que la ceniza es verdadera. Te digo que la rosa es eterna y que sólo su apariencia puede cambiar. Me bastaría una palabra para que la vieras de nuevo.

-¿Una palabra? -dijo con extrañeza el discípulo-. El atanor está apagado y están llenos de polvo los alambiques. ¿Qué harías para que resurgiera?

Paracelso le miró con tristeza.

-El atanor está apagado -repitió- y están llenos de polvo los alambiques. En este tramo de mi larga jornada uso de otros instrumentos.

-No me atrevo a preguntar cuáles son -dijo el otro con astucia o con humildad.

-Hablo del que usó la divinidad para crear los cielos y la tierra y el invisible Paraíso en que estamos y que el pecado original nos oculta. Hablo de la Palabra que nos enseña la ciencia de la Cábala.

El discípulo dijo con frialdad:

-Te pido la merced de mostrarme la desaparición y aparición de la rosa. No me importa que operes con alquitaras o con el Verbo.

Paracelso reflexionó. Al cabo dijo:

-Si yo lo hiciera, dirías que se trata de una apariencia impuesta por la magia de tus ojos. El prodigio no te daría la fe que buscas. Deja, pues, la rosa.

El joven lo miró, siempre receloso. El maestro alzó la voz y le dijo:

-Además, ¿quién eres tú para entrar en la casa de un maestro y exigirle un prodigio? ¿Qué has hecho para merecer semejante don?

El otro replicó tembloroso:

-Ya sé que no he hecho nada. Te pido en nombre de los muchos años que estudiaré a tu sombra que me dejes ver la ceniza y después la rosa. No te pediré nada más. Creeré en el testimonio de mis ojos.

Tomó con brusquedad la rosa encarnada que Paracelso había dejado sobre el pupitre y la arrojó a las llamas. El color se perdió y sólo quedó un poco de ceniza. Durante un instante infinito esperó las palabras y el milagro.



Paracelso no se había inmutado. Dijo con curiosa llaneza:



-Todos los médicos y todos los boticarios de Basilea afirman que soy un embaucador. Quizá están en lo cierto. Ahí está la ceniza que fue la rosa y que no lo será.

El muchacho sintió vergüenza. Paracelso era un charlatán o un mero visionario y él, un intruso, había franqueado su puerta y lo obligaba ahora a confesar que sus famosas artes mágicas eran vanas.

Se arrodilló, y le dijo:

-He obrado imperdonablemente. Me ha faltado la fe, que el Señor exigía de los creyentes. Deja que siga viendo la ceniza. Volveré cuando sea más fuerte y seré tu discípulo y al cabo del Camino veré la rosa.

Hablaba con genuina pasión, pero esa pasión era la piedad que le inspiraba el viejo maestro, tan venerado, tan agredido, tan insigne y por ende tan hueco. ¿Quién era él, Johannes Grisebach, para descubrir con mano sacrílega que detrás de la máscara no había nadie?

Dejarle las monedas de oro sería una limosna. Las retomó al salir. Paracelso lo acompañó hasta el pie de la escalera y le dijo que en esa casa siempre sería bienvenido. Ambos sabían que no volverían a verse.

Paracelso se quedó solo. Antes de apagar la lámpara y de sentarse en el fatigado sillón, volcó el tenue puñado de ceniza en la mano cóncava y dijo una palabra en voz baja. La rosa resurgió.
Fuente: El fantasma de la glorieta, revista de literatura.

Alquímia (1574), Leonhardt Thurneysser

jueves, 17 de junio de 2010

Educación sexual

La educación sexual en las aulas es un fenómeno relativamente reciente, restringido a un número limitado de sociedades modernas, que adolece de numerosas carencias. Aún contando con el beneficio del progreso, de una supuesta ausencia de tabúes, los planes educativos vigentes a menudo reducen este aspecto indispensable de la formación de los jóvenes a una respuesta médica preventiva en respuesta a una especie de "mal inevitable".

Esta mecanicidad, pobreza o mezquindad a la hora de tratar el sexo se traducen en una concepción mecanicista, pobre y mezquina del tema que no hace más que cubrir con una densa cortina de humo una cuestión que parece dar tanto miedo ahora como hace un par de siglos, por más que se hayan inventado respuestas distintas para simular un cambio. Los viejos tabúes y censuras perviven, actuando a sus anchas tras esta densa capa de apariencias, son el motivo que lo que antaño fuera prohibido sea hoy burlado, banalizado y vulgarizado. En el fondo, se trata de la misma ignorancia, proliferando entono al halo sagrado de esta cuestión fundamental para la humanidad y la Vida misma que es el sexo.

Me considero parte de un afortunado grupo de alumnos cuyos educadores fueron más allá del plan educativo, y, conscientes o no de ello, nos acercaron a la cuestión desde la visión íntima, poética y profundamente respetuosa de las grandes voces de la historia. De este modo aprendimos de la belleza y la sacralidad que enraiza en el sexo como una cuestión humana fundamental, cuyos ecos resuenan a lo largo de todas las generaciones desde el primer e ignoto origen. No sólo nos enseñaron que el sexo era una necesidad natural y lícita, sino también que podía ser algo hermoso, una expresión de nuestro mundo interior, un camino de comunión con nuestra propia naturaleza, y con el potencial artístico y espiritual del ser humano.

En nuestro recorrido desde la antigüedad clásica a la época actual, pasando por el amor cortés, la poesía mística y las vanguardias, entendimos que los conceptos de amor, erotismo o sexo, variaban con la época y la sociedades que los reformulaban según sus propias necesidades. Todos tenían su parte de razón, todos estaban equivocados; De la rebosante copa de este origen abundante no podía surgir un curso que pudiera recibir el apelativo de "único" o "correcto", sino una infinidad de afluentes sin nombre, donde los individuos se encuentran, a tientas, produciéndose de vez en cuando el milagro de la comprensión.
Independientemente de si la cuestión fuera tomada de un modo grave y ceremonial, envuelta en complicados sistemas de reglas, o por el contrario de un modo tan ligero como el gesto de dar un presente a alguien, sin otro motivo que nuestra propia generosidad, desarrollamos un profundo respeto por el sexo, explícito o implícito.

Dejando de lado las sociedades reprimidas y represoras de los que todos tenemos noticia, creo que aún hoy en día, en la misma ciudad que me eduqué, más de uno se llevaría las manos a la cabeza si se enterara que en algún aula repleta de adolescentes se está leyendo a Catulo, o a Louÿs. Por supuesto no imaginarían que no hay risas en la clase, sino alguna que otra sonrisa sonrojada similar a la que se dibuja en el rostro de alguien que recibe un regalo que no cree merecer, una felicitación o una muestra de confianza tan grandes que lo abruman.

Y puedo imaginar comentarios del tipo "...pervirtiendo a la juventud" procediendo de las mismas personas que subestiman las capacidades de los jóvenes, recortando milímetro a milímetro las alas que deberían alzarlos en poderoso vuelo. Y muchas de estas personas pasando las noches pegados a la pantalla de un televisor, explotando en obscenas risotadas ante la expresión de la vulgaridad prefabricada y comercial, en vez de procurar una educación de calidad a sus hijos. Otras presentarán patologías de todo tipo, debido al nivel de embarramiento de su conciencia respecto a la "terrible" cuestión del sexo; represión de las propias pulsiones, apatía e insatisfacción, frigidez e impotencia, cerrazón mental y embrutecimiento, pudiendo llegar a la violencia implícita o incluso explícita hacia las personas sobre las que proyectan sus esos demonios interiores que son incapaces de afrontar.

Es forzoso concluir que una educación sexual digna de recibir tal nombre debe extenderse más allá del listado de métodos anticonceptivos y centros de planificación familiar, y ahondar en el conocimiento y el respeto del individuo sobre el tema a tratar, y sobre sí mismo, evitando menoscabar sus facultades potenciales de comprensión y desarrollo. Y esto es necesario, sobretodo, si pretendemos construir una sociedad más sana, respetuosa y consciente.


Marte desarmado por Venus (1824), Jacques-Louis David.

martes, 15 de junio de 2010

He amado mucho...

Las perlas de Afrodita (1907), Herbert Draper

He amado mucho y mucho amo aún.
Lo digo contento e incluso un poco sorprendido
de tanto amor que todo lo clarifica.
He amado mucho y amaré mucho más
sin ningún miramiento o traba
que me escatime el profundo placer
que muchos hallarán incomprensible.
Lo digo contento: mucho he amado y mucho
he de amar. Quiero que todo el mundo lo sepa.
Desde la altura clara de este cuerpo
que me hace eco o me responde
cuando el deseo reclama plenitudes,
desde la intensidad de una mirada
o bien desde la espuma de un solo beso,
proclamo mi amor, lo legitimo.

Miquel Martí i Pol, 1978

viernes, 4 de junio de 2010

Etapas


Así como toda flor se enmustia y toda juventud cede a la edad,
así también florecen sucesivos los peldaños de la vida;
a su tiempo florece toda sabiduría, toda virtud,
mas no les es dado durar eternamente.
Es menester que el corazón, a cada llamado,
esté pronto al adiós y a comenzar de nuevo,
esté dispuesto a darse, animoso y sin duelos,
a nuevas y distintas ataduras.
En el fondo de cada comienzo hay un hechizo
que nos protege y nos ayuda a vivir.

Debemos ir serenos y alegres por la Tierra,
atravesar espacio tras espacio
sin aferrarnos a ninguno cual si fuera una patria;
el espíritu universal no quiere encadenarnos:
quiere que nos elevemos, que nos ensanchemos
escalón tras escalón. Apenas hemos ganado intimidad
en un morada y en un ambiente, ya todo empieza a languidecer:
sólo quien está pronto a partir y peregrinar
podrá eludir la parálisis que causa la costumbre.

Aún la hora de la muerte acaso nos sitúe
frente a nuevos espacios que debamos andar:
las llamadas de la vida no acabarán jamás para nosotros...
¡Ea, pues, corazón arriba! ¡Despídete, estás curado!

Hermann Hesse, 1941

sábado, 22 de mayo de 2010

El Reino Secreto, Robert Graves


Horse&Woman, Nicky Gill

Toda mujer de naturaleza real
posee un reino que le es más verdadero
que este pálido mundo externo.

A medianoche cuando la casa permanece en silencio
deja de lado aguja o libro
y lo visita a escondidas.

Cerrando los ojos, ella improvisa
una cerca de cinco barras entre altos abedules,
salta por encima, toma posesión
Entonces corre, vuela cabalga
(un caballo al trote viene a recibirla)
y viaja donde quiere.

Sabe hacer crecer la hierba, y que los lirios
se abran de capullo a flor mientras observa,
dejando comer a los peces de su mano.

Ha fundado pueblos, ha plantado arboledas,
y consagrado valles para arroyos que corren
frescos a una bahía cerrada.

Nunca he osado interrogar a mi amor
sobre el gobierno de su reino,
o su geografia.

Ni la he seguido entre aquellos abedules
con una pierna sobre la verja
espiando en la niebla.

Pero me ha prometido, cuando yo muera,
un pabellón bajo su palacio privado
en un claro del bosque,
donde crecen gencianas y claveles
y a veces podamos encontrarnos.

Robert Graves, 1960