lunes, 3 de octubre de 2011
Despedida del Perro Aullador
domingo, 12 de junio de 2011
Frutos silvestres

lunes, 25 de abril de 2011
Breves

domingo, 10 de abril de 2011
El trabajo de un año (y varios días)

(*)Particularmente me siento feliz, por ejemplo, entre otras muchas cosas cuando cada día al despertar lo primero que veo son árboles y tengo tiempo para jugar con el gato y tomar café en un jardín solitario que imagino nuestro; cuando mis vecinos me saludan en la calle y me doy cuenta de que nos vamos conociendo a través de conversaciones mínimas; cuando encontramos regaliz, garam masala, o pan de castañas en la tienda de comida asiática; cuando realizo mi paseo diario por las viejas calles empedradas; cuando surgen problemas en el trabajo y vemos la manera de resolverlos y lo conseguimos porque somos así de buenos; cuando recibo un correo aunque no lo pueda responder; cuando hay onigiri para comer; cuando paso el sábado limpiando, aunque luego no dure nada; cuando después de una jornada de 12 horas llego a casa con ánimo de compartir un tiempo con mi familia a este lado del Atlántico y reímos y planeamos todo lo que nos queda por hacer y nos damos ánimos; cuando riego y me llevo el olor a tierra húmeda, albahaca, tomillo, ruda y lavanda a la cama... En una de las ciudades más grandes, pobladas y contaminadas del mundo. Tenía que escribirlo :)
viernes, 25 de febrero de 2011
Momentos de felicidad
martes, 30 de noviembre de 2010
Cruzar el bosque
No tengo miedo (2007), por Robertobasmartes, 2 de noviembre de 2010
Una despedida
,+Vaelia+Bjalfi.jpg)
jueves, 7 de octubre de 2010
Todo regresa

martes, 21 de septiembre de 2010
VII Aniversario de Perro Aullador

“ (...) Ni yo ni nadie puede recorrer ese camino por ti.
Habrás de recorrerlo tú mismo.
No está lejos. Está al alcance.
Tal vez has andado sobre él desde tu nacimiento, sin saberlo.
Tal vez está en todas partes, en el agua y en la tierra.
Echa al hombro tus bártulos, querido hijo, que yo cargaré los míos y démonos prisa.
(...) Si te cansas dame las dos cargas y apoya tus manos en mi cadera.
A su debido tiempo me pagarás el servicio, pues una vez que salgamos ya nunca nos
tenderemos a descansar juntos.
Hoy, antes del amanecer, subí a una colina y contemplé el abigarrado cielo.
Y dije a mi espíritu: “cuando lleguemos a poseer aquellas órbitas y el placer y el conocimiento
de cada cosa que hay en ellas ¿ crees que nos sentiremos llenos y satisfechos?”
Y mi espíritu dijo: “No. Habremos alcanzado y pasado esas alturas para continuar más allá.”
Tú también me haces preguntas y te escucho.
Respondo que no puedo responder; habrás de buscar por tu cuenta.
Siéntate un poco, querido hijo.
Aquí tienes bollos para comer y leche para beber.
Pero en cuanto te duermas y te repongas del cansancio envuelto en dulces ropas, te daré un beso
de adiós y te abriré el portal para que salgas de aquí.
Hace ya bastante que sueñas despreciables sueños;
ahora te quito la venda de los ojos.
Tendrás que acostumbrarte al relumbrar de la luz y de cada momento de tu vida.
Hace ya tiempo que has vadeado tímidamente sobre una tabla,
cerca de la playa, el río.
Ahora quiero que seas un arrojado nadador;
que saltes al corazón del mar, resurjas, me hagas una señal,
grites y, riendo, golpees el agua con tus cabellos. “
sábado, 14 de agosto de 2010
domingo, 11 de abril de 2010
Regreso al bosque
Recuperar esa sensación de espacio, la posibilidad de caminar, de explorar un territorio a la vez tan nuevo y tan familiar, sin encontrar más que un anciano en su burro, o un pastor con su rebaño de ovejas, cruzar el breve saludo de los caminos y seguir... Transitar sin prisa por los bosques sombríos y las pequeñas laderas soleadas, sin saber exactamente dónde nos encontramos, pero sin miedo a la pérdida. Constatar que hay cosas que no cambian con el paso del tiempo, que aquellos juegos de la infancia no han dejado de ser nuestros preferidos, que hemos abierto nuevas preguntas sobre las mismas cuestiones.
Tomar el sol, disolvernos en ese silencio lleno de sonidos, comer con tanto deleite que el bocado más sencillo se ve elevado a la categoría de manjar. No percibir dolor ni molestia alguna, ni cansancio, ni aburrimiento. Sentir que todo está bien, que todo es perfecto y poder abandonarnos al latido de nuestra propia vida como un niño dormido entre los brazos de sus padres, con una sensación de tranquilidad y confianza absolutas, muy lejos de las garras de cualquier temor.
Y respirar, sin a penas darnos cuenta, de un modo distinto, como si con cada exhalación fuera posible llevar algo del maravilloso entorno a nuestro interior, como quien toma una llama de una gran hoguera para encender la propia. Exhalar como si tras un largo viaje nos fuera al fin permitido dejar ir viejas y pesadas cargas que ya no nos corresponde llevar. Sonreír al sol, a las nubes y a la lluvia por igual, y dejar que el ambiente nos envuelva con su esencia, como nuestra piel pudiera absorber aquello que nuestro cuerpo buscaba, o como si el bosque mismo pudiera recubrirnos con un manto verde y sutil, reflejado en un nuevo y extraño brillo en nuestros ojos.
Y en un paseo, ajeno al tiempo del reloj, muy cerca y muy lejos al mismo tiempo, dejar que la vida nos tome de la mano y nos lleve a reencontrar lo que somos por debajo de las capas que eventualmente hayan podido eclipsarnos. Amor salvaje, infinito agradecimiento.
PD: Como decía al hablar de las necesidades y los recursos, en la mayoría de casos no necesitamos demasiado tiempo, esfuerzo o dinero, ni grandes desplazamientos para satisfacer nuestras necesidades. Todas las fotos fueron tomadas en la reserva ecológica de los Dinamos, dentro del mismo Distrito Federal, aproximadamente a una hora de mi casa, gastando 10 pesos (menos de un euro) por el transporte público... lo complicado es aclararse con los camiones.
martes, 2 de marzo de 2010
Primavera
Esta mañana me he levantado sorprendentemente temprano, y he salido a la calle realmente sólo por el placer de caminar por las aceras soleadas, rotas por las enormes raíces de esos árboles gigantescos cuyas nuevas hojas danzan con la luz y la brisa. Caminar por las calles salpicadas de flores de jacaranda, y a mi paso hacer levantar el vuelo a las avecillas pardas hacia las altas ramas. Caminar puede ser tan fantástico como darse un baño, un baño de sol, y de azul de cielo, blanco de pluma, rojo de teja, gris de piedra...
Como si dos mundos distintos pudieran sobreponerse como trazos en hojas de papel translúcido, como si aún entre el gentío pudiera uno transitar por un universo privado en el que cada tallo, cada pétalo, cada par de brillantes ojos de fierecilla urbana fueran cómplices con los que compartir un viejo secreto, sin que nadie se diera cuenta. Pasear por el interior de un espejo...
Caminar como caminan los enamorados que andan solos, viajando en la brisa , negando el obstáculo de la distancia para enredarse en los cabellos del ser amado, acariciando levemente la piel deseada, o aún rozando esos labios, desconocidos o no, que esperan su llegada, sabiéndolo o sin saberlo. Sintiendo cada respiración, cada latido, en el propio cuerpo como en la tierra sobre la que se traza ligera y rítmicamente el camino al andar. Cuando uno comprende, se pregunta cuántas veces la persona elegida no es más que una excusa para poder aceptar este ferviente deseo de entrega... Pero la primavera vuelve siempre y, con los años, uno ya no se pregunta lo que ya sabe.
Que hay algo en la tierra, en el aire, que un día cualquiera aparece por sorpresa, queriéndonos tomar de la mano para llevarnos a correr sobre la verde hierba, bajo el resplandeciente sol, y sonreír, sintiendo el rubor en las mejillas, mientras el mundo entero deja atrás el reposo del invierno y se lanza a la vida con la misma intensidad con la que las aguas del deshielo se precipitan entre escarpadas rocas, en salvajes torrentes. Es algo loco, pero es una locura necesaria que nos recuerda que estamos vivos, desde el otro extremo del dolor. Momentos hermosos y efímeros, que, sin embargo, si logramos descifrar algo de su profundo misterio, - como agradecidos por el interés-, encontrarán el camino de regreso a nuestra vida hasta la última de nuestras primaveras sobre la tierra.
Momentos que empapan de verde joven el matiz de nuestra mirada, deshaciendo el tiempo para liberar un único momento, presente y álgido. Mientras todos nuestros pensamientos y sus palabras parecen un manojo de coloridas plumas echadas al aire, convertidas en maravillosos pájaros que escapan de nuestras redes de tinta y tecla para perderse en cielos que tal vez no habremos de conocer en esta vida.
Esta mañana me he reencontrado con la Primavera y sus genios. Y así como en otro tiempo ellos venían a visitarme al encierro de oscuras cárceles, hoy soy libre para seguirlos y celebrarlo, uniéndome a sus correrías.
Aunque cuando el momento haya pasado, no quede de ellos más rastro que el que un bello y extraño sueño deja.

lunes, 1 de marzo de 2010
404: Exceso de información
Mi suerte es que conozco unas cuantas personas a las que se la podría dedicar :)
viernes, 26 de febrero de 2010
Nation, de Terry Pratchett
Para empezar, no he leído nada de Pratchett a parte de las novelas del Mundodisco, lo que incluye también a Nation. Así que no puedo decir si se trata de una buena o mala adaptación, sobretodo teniendo en cuenta que tampoco sé nada de teatro. Pero me quedó claro que la obra lleva el sello de los planteamientos de Pratchett acerca de la vida y la condición humana, lo cual ya es decir mucho.
La obra se sitúa en el s.XIX de una realidad alternativa, y parte del encuentro , tras una catástrofe natural, entre un joven indígena a punto de concluir su rito de paso a la edad adulta y una muchacha inglesa de alta cuna, hija un científico con el que esperaba reencontrarse. Debido al citado desastre natural, cada uno de ellos es arrancado del entorno en el que ha crecido y ha sido educado, de modo que deben enfrentarse a la vida con lo que les queda de aquellos mundos perdidos, y sus propias impresiones, ideas e iniciativas. Muchas de las cosas que conocieron ya no funcionan, aquellos que respondían las preguntas han desaparecido... y sin embargo a los nuevos temores se suman los heredados.
Este inicio nos puede recordar a otras obras y, de hecho, no encontramos demasiadas sorpresas en este aspecto ni en el desarrollo ni en el desenlace. En realidad, a medida que van presentándose las situaciones, vamos entendiendo que lo importante no son tanto sus personajes, ni los mundos que dejan atrás, ni aquél que construyen juntos, sino los cuestionamientos y dilemas que se engarzan como joyas luminosas, resaltando sobre la narración que sirve de fondo.
Es en este punto en el que la originalidad y la profundidad de la mirada de Pratchett se hace patente y una vez más rompe con las manidas dicotomías de siempre, en favor de la humanidad... de la cualidad que lleva ese nombre. Proponiendo un cuestionamiento tras otro, no hay más crítica que a la estrechez de miras que encontramos siempre que sobre la escena aparecen dos bandos "contrarios".
No hay un enaltecimiento de a la ciencia por encima de la religión, y tampoco hay rastros de lo contrario; No hay más simpatía por la civilización moderna, de la que muestra hacia la civilización antigua. Ni todos los personajes "aprenden " hasta alcanzar los mismos niveles de comprensión, ni mucho menos llegan a estar de acuerdo en todo. Algunos pueden convivir, otros no. Algunas preguntas tienen respuesta, otras no... en ocasiones sólo podemos respondérnoslas nosotros mismos.
Al mismo tiempo encontramos una relativización del progreso; lo que sirvió un día puede dejar de ser funcional, o perderse para siempre, o simplemente caer en el olvido. Esto lleva implícito un cuestionamiento acerca de las formas de transmisión del conocimiento, señalando cómo en ocasiones quedan las formas y se desgastan, hasta desaparecer, los significados.
Otro aspecto interesante es la aparición de lo que podemos llamar la "magia real" en la obra, es decir la magia no como algo ligado a los prodigios de la ciencia, y tampoco relacionado con los ritos y creencias propios de la religión. Una serie de poderes y conocimientos más antiguos que ambas, considerados como mera superstición, y que se concretan en la realización del viaje extático - reminiscencia del chamanismo-. Pero no se trata sólo de la aparición de elementos y situaciones que la ciencia no podría explicar... También los dioses cercanos y familiares de la comunidad, casi domesticados por ella, se desdibujan y desvanecen ante la fuerza de una destrucción que, de todos modos, debe ser enfrentada, desde lo humano.
Nota: Nation se proyecta en el Lunario (Auditorio Nacional) del DF el próximo domingo, 28 de febrero. Por lo visto estaba proyectado hacer lo mismo en algunos cines de España, pero al parecer ha habido algunos problemas de carácter técnico (?). Sin embargo, no dudo que, de una u otra manera, tarde o temprano, se podrá ver por allí también. :)
miércoles, 27 de enero de 2010
Los autores y "sus" obras
(...) La base filosófica del sistema de copyright actual se apoya en un malentendido: la originalidad de los artistas es inagotable, concepto que se aplica a creadores e intérpretes. Pero la realidad indica otra cosa, porque los artistas siempre tienen en cuenta las obras creadas en el pasado y en el presente, y agregan elementos al corpus existente. Esos agregados merecen respeto y admiración, pero sería inadecuado otorgar a sus creadores, intérpretes y productores derechos de exclusividad monopólicos sobre algo que se inspira en el conocimiento y la creatividad que forman parte del dominio público y son producto de la labor de otros artistas. (Barthes, 1968; Boyle, 1996:42, 53-59)
Joost Smiers, Un mundo sin Copyright (1)
Dar crédito a los autores no es lo más importante, a veces ni siquiera para los autores. En cierto modo el crédito al autor es una propina, algo adicional que otorgamos para agradecer el modo en que un trabajo ha sido realizado, o se ha posiblitado que llegara a nosotros.
Algunas ideas están agazapadas en su propio mundo, esperando el momento de encarnarse en palabras a través de las personas que, tal vez por casualidad, se encuentren en el momento oportuno para recibirlas. El proceso sería similar al de algunos vegetales cuando esparcen al azar sus semillas; algunas darán, a través de recorridos muy diversos, con las condiciones adecuadas para germinar, desarrollarse, crear nuevas semillas y preservar la especie.
Las semillas pueden ser recolectadas, sembradas y cuidadas para facilitar su desarrollo. Pero las semillas, especialmente aquellas de especies no domesticadas, también pueden viajar durante mucho tiempo, y hacer muchas paradas en su recorrido, antes de convertirse en planta, flor o fruto. Pueden ser transportadas por el viento, por aves y mamíferos, o incluso por la suela del zapato de un transeúnte que ignora por completo el rol que está jugando en esta odisea vegetal por la supervivencia. Con las ideas, puede suceder lo mismo.
Por otro lado, del mismo modo que el hijo crece y se relaciona con otras personas, que podrán tener mayor influencia sobre él que nosotros mismos, del mismo modo en que es posible que no tome el camino que imaginamos para él, porque tiene uno propio, nuestra obra sale al mundo y se expone a varios lectores que la recrearán mediante su propia subjetividad, que verán en ella cosas que nosotros, a pesar de ser sus autores, no advertimos en el momento de redactarla.
Con el paso de los años es posible que lleguemos a arrepentirnos de haber escrito algo, porque no nos parece lo suficientemente bueno, porque cambiamos de opinión respecto al tema, o porque no estamos de acuerdo con la interpretación que el público le ha dado de un modo mayoritario; Y, sin embargo, también es posible que aquello que escribimos, con lo que ya no nos sentimos satisfechos o identificados, tenga un público propio que se encargue de mantener el texto, o cualquier interpretación del mismo con la que estamos en completo desacuerdo, vivos en el tiempo.
No se puede equiparar una obra a su autor, o a la inversa, del mismo modo que no podemos equiparar a los hijos con sus padres, sin embargo, la relación que existe entre ambos es lo suficientemente importante como para afirmar que el conocer a uno nos ayudará a profundizar en el conocimiento del otro.
Notas:
1 La negrita es mía, la cita está extraída de la entrada en Wikipedia correspondiente al Derecho de Autor.
2 Siempre recuerdo en este punto el fragmento de El Profeta, en el que Gibran Khalil Gibran hace referencia a los hijos, por eso decidí publicarlo en la anterior entrada.
3 Un ejemplo de simultaneidad que si llegó a conocerse, es el caso de Charles Darwin, Alfred Russell Wallace y la teoría de la selección natural, que elaboraron de forma independiente en una misma época - de hecho, Wallace se adelantó- y que debieron publicar conjuntamente, aunque con el tiempo el nombre del primero eclipsara al segundo.
Sobre los hijos (de "El Profeta", Gibran Khalil )
Me ha acompañado a lo largo de muchos años y, cada vez que lo reencuentro, agradezco a mis padres; Tanto a la persona que lo entendió desde un principio (y que, de hecho, podría decir que me lo enseñó en sus propias palabras y, sobretodo, acciones ), como a la persona que parece haber terminado terminado por comprenderlo :)
(...)
Vuestros hijos no son hijos vuestros.
Son los hijos y las hijas de la vida, deseosa de sí misma. Vienen a través vuestro, pero no vienen de vosotros.
Y, aunque están con vosotros, no os pertenecen.
Podéis darles vuestro amor, pero no vuestros pensamientos.
Porque ellos tienen sus propios pensamientos.
Podéis albergar sus cuerpos, pero no sus almas.
Porque sus almas habitan en la casa del mañana que vosotros no podéis visitar, ni siquiera en sueños.
Podéis esforzaros en ser como ellos, pero no busquéis el hacerlos como vosotros.
Porque la vida no retrocede ni se entretiene con el ayer. Vosotros sois el arco desde el que vuestros hijos, como flechas vivientes, son impulsados hacia delante.
(...)
lunes, 25 de enero de 2010
Una elección inesperada
Tenía que volver a escoger, porque sólo unos pocos podrían cruzar conmigo al otro lado del océano. Tenía en mis manos dos publicaciones, la una de una reputada ocultista, una de esas obras de lectura obligada... la otra, una edición barata - entre las muchas que existen - de un gran poeta americano.
Hubo un tiempo en el que encontrar la primera de las obras mencionadas fue una necesidad que me empujó a abrir puertas que yo misma ignoraba que estuvieran allí, mientras avanzaba como podía sumida en una angustiosa oscuridad. Una de esas puertas me permitió encontrar un camino transitable, cuando creía que todos los senderos se habían agotado y había llegado el terrible momento de abandonar.
La segunda obra había aparecido en mi vida unos años antes, en los estantes de un supermercado de pueblo. No conocía al autor por aquel entonces. Yo misma no le di demasiada importancia, hasta que el día en el que volví a encontrarlo, en el trastero, busqué un poema que me había sido - por raro que resulte - imposible localizar y leyéndolo de nuevo, ése y otros, me pareció comprender mucho más de lo que pude haber comprendido años atrás.
En ocasiones, cuando llega el momento de escoger, nos sorprendemos a nosotros mismos. Ambas obras están disponibles en formato electrónico, así que la cuestión era cuál preferiría poder tener a mi lado, en la mesilla de noche. Una me hablaba de una de las decisiones más importantes que debí tomar en mi vida; La otra, sin malicia, pero sin tapujos, parecía lucir una sonrisa franca al respecto, un llamado de esperanza, pero también un desafío: "supéralo ya".
Y tuve que darle la razón.
Por eso finalmente son las Hojas de Hierba de Withman las que están sobre la mesa mientras escribo estas líneas, consciente de que el camino, mi camino, deja atrás una angustiosa encrucijada. Consciente de que no nos cuesta tanto elegir - las elecciones se dan solas - como aceptar que ya lo hemos hecho.
PD: Posteo en su propia entrada Tres fragmentos de Whitman.
lunes, 11 de enero de 2010
El peso de la nieve
El bosque parecía emanar serenidad. Todo estaba en calma, y sin embargo, la intensidad de la vida latía en cada escena, como si se concentrara en el menor detalle. El sol de mediodía hacía resplandecer la nieve blanquísima que cubría los caminos, a penas marcada por algunas imprecisas huellas, como un manto grueso y suave que hubiera sido tendido sobre la tierra, la hierba y hasta el mismo asfalto sin hacer diferencia entre ellos, con extrema delicadeza. En las paredes de rocas oscuras y húmedas, los carámbanos cristalinos destellaban, mientras las verdes aguas del pantano empezaban a cubrirse con una capa de hielo. El aire, limpio y silencioso, era cruzado por pardas avecillas que, en vuelos cortos y rápidos, transitaban inagotables, perdiéndose en la profundidad del bosque. Todos los árboles soportaban el frío de la nieve abrazando sus troncos, penetrando hasta sus raíces... Y el peso de la nieve curvaba las ramas de las coníferas, cuyas agujas, desde las más ancianas y oscuras hasta los jóvenes y claros brotes, cedían mansamente a la gélida caricia.
He aprendido tanto de los paseos bajo esas ramas como de las palabras de la humanidad. El reencuentro con el bosque, con ese bosque, es tan importante como el reencuentro con alguien que nos conoce, y conocemos desde nuestra infancia, que nos ha escuchado en innumerables ocasiones, que nos ha contado innumerables historias, alguien con quien tenemos incluso un lenguaje privado para comunicarnos, a quien no hace falta preguntar para recibir las respuestas adecuadas, que podamos entender.
El peso de la nieve me hizo pensar en aquellos momentos en los que todo lo que podemos hacer es concentrarnos en nosotros mismos y esperar que, aquello que no está en nuestra mano siga su curso hasta el momento en el que podamos entender lo que en el momento seríamos incapaces de descifrar. Aunque las coníferas no duerman el sueño del invierno, y conserven el verde de sus agujas, soportan el peso de la nieve; No pueden sacudirse, pero el peso se aligerará progresivamente, hasta desaparecer.
Del mismo modo, la quietud silenciosa de la nieve y el hielo que se acumula en las cimas llegará a fundirse, y correrá como agua en impetuosos torrentes, brincando imparables a través de las mismas rocas en las que por años han abierto su camino, para alimentar el cauce de los ríos.
Muchas veces nos preocupamos por cosas que ni siquiera sabemos si sucederán... paradójicamente, nos cuesta confiar en aquellas cosas que sabemos que sucederán, pero aún no llegan, y estar tranquilos mientras lo hacen. En cierto modo, la desesperación es en gran medida, precisamente, lo contrario de esperar. Cambiamos todas las posibilidades que nos pertenecen una idea del tipo "hasta que llegue o suceda X cosa, nada importará o tendrá valor, no podré estar tranquilo/a, no podré disfrutar".
En lugar de centrarnos en el momento, en el presente, en todo lo que deberíamos hacer o todo lo que podríamos hacer, convertimos ese tiempo de la espera en un tiempo muerto, creando un vacío en nuestras vidas que rellenamos de inquietud mientras desperdiciamos esos segundos que no volverán.
Si en alguna área de nuestra vida estamos paralizados, o detenidos, nuestro corazón sigue latiendo para que podamos atender las demás. Si nos quedamos sin trabajo, podemos disponer de un tiempo extra para revisar nuestras relaciones. Si perdemos una relación, podemos recuperar otras, o bien preguntarnos que nos gustaría hacer con el tiempo y energías que esta relación consumía, y ahora quedan a nuestra entera disposición. Si caemos enfermos y no podemos salir de casa, podemos aprovechar para interrogarnos acerca de nuestra conciencia corporal. Si estamos en un proyecto creativo y de repente la inspiración se da a la fuga, y nos vemos saturados, podemos aprovechar para dedicarnos a alguna actividad manual... siempre podemos hacer algo que nos sea de provecho con nuestro tiempo, y disfrutar con ello, y esto nos hará un mayor bien que quedarnos temerosos a la espera de un acontecimiento que venga a rescatarnos. Hay, como dicen, un momento para cada cosa, y una cosa para cada momento, la gracia está en saber detectar qué tiempos y cosas se corresponden, y no dejar escapar demasiados. [Como inciso, hay tiempos en los que lo que corresponde es "no hacer nada"; Realmente podemos necesitar el precioso tiempo de "quedarnos roneando calentitos en la cama, porque fuera hace un frío horrible y es muy agradable no levantarme ahora". Si vivimos la experiencia conscientemente, damos valor a nuestro tiempo, en lugar de dejarlo ir.]
Aprender a esperar consiste, muchas veces, en dejar de esperar, en despreocuparnos. Si no estamos seguros de que vaya a suceder, no tiene sentido gastar recursos en ello en lugar de hacerlo en aquello que está en nuestra mano hacer o cambiar. Y si sabemos que algo va a suceder, llegará en su momento y no podremos hacer nada por adelantar o retardar éste. Si las cosas dependen de nosotros, trabajemos en ellas, sino... nuevamente no podemos hacer nada y resulta inútil - e incluso contraproducente - inquietarse, o padecer, o jugar con la ilusión de que podríamos hacer algo al respecto, porque no es cierto.
Saber esperar no es otra cosa que vivir atentos. Cuando sentimos el peso de la nieve sobre las ramas, sobre nuestras propias ramas, hay que preguntarnos qué es lo que toca hacer en este momento, para qué es adecuado, qué necesidades estamos expresando. Probablemente, si en estas circunstancias lo que queremos es bañarnos en la playa, es que hemos perdido la conexión con nosotros mismos, o bien que estamos intentando escapar de alguna evidencia. Démonos tiempo. Cuando seamos capaces de entender el momento en el que vivimos y las necesidades que expresamos, las cosas - por complicadas que nos parezcan - irán encontrando su lugar y la situación se verá mucho más clara y sencilla. La resolución vendrá por añadidura, prácticamente sola: muchas veces asumimos que tenemos problemas cuando, en realidad, sólo estamos un poco desordenados.
domingo, 3 de enero de 2010
Espejos rotos
Caminé por algunos de los escenarios cotidianos de mi vida que dejé atrás, y éstos me acogieron como tantas otras veces, aún después de la prolongada ausencia. Podría haber vuelto hace un año, o dentro de diez, y sé que para las que importan siempre sería como si las hubiera visto el día anterior. Pero pensé en mi infancia, mi adolescencia y mi juventud. En las decisiones que tomé y me llevaron al momento presente, los precios que pagué, las cosas a las que hubo que renunciar por seguir esa voz interna que a lo largo de los años he tratado de convertir en mi guía, evitando desoírla entre tantas otras, sonoras o silenciosas, que siempre nos rodean.
En cierto modo, crecer es adentrarse en un laberinto de espejos en los que vemos reflejada una opción, una variante de nosotros mismos que encarna lo que pudo haber sido y lo que podríamos llegar a ser; Pero lo más conflictivo es, sin duda, ver lo que podríamos estar siendo en el presente.
Es difícil reconocerse al estar rodeados de tantas opciones, de tantas versiones de nosotros mismos, y aceptar no sólo que cada una de las personas que nos llega a conocer guarda una versión de lo que cree que somos, o podríamos ser, sino que nosotros mismos también lo hacemos... Comprender que, al no poder vivir en esa caótica multiplicidad, debemos callar las voces y romper los espejos que el mundo nos presenta , hasta encontrar nuestra verdadera imagen, sabiendo que ésta no dejará de ser una elección más; Que la libertad implica sostener la única responsabilidad sobre nuestros aciertos y errores, con todas sus consecuencias.
No es fácil entender en qué consiste esa voz interna que nos guía a la hora de tomar las decisiones que tomamos; no trabaja para las emociones, ni para la lógica, ni perde el tiempo en las batallas que, de tanto en tanto, éstas libran innecesariamente entre sí. En ocasiones contempla cosas de las que nos daremos cuenta mucho después, recursos o peligros que nuestra mente consciente no era capaz de percibir en el momento. Sin importar sus aciertos, siempre nos costará concederle nuestra temblorosa confianza, aunque puede que sea lo único con lo que realmente podemos contar.
Y a veces hemos visto cosas que nunca podremos comunicar a aquellos que quisiéramos hacerlo, a veces sabemos que algo es lo correcto para nosotros aunque no sabríamos explicar las razones... Habría que preguntarse de dónde viene esta necesidad de explicarse, de justificarse. A veces emprendemos un camino que sabemos que no es el del éxito - al menos no el de el éxito en sus formas comunes y socialmente aceptadas -, y nos alejamos alegres del triunfo y los laureles, y no somos comprendidos... pero ¿porqué deberíamos serlo?
Ganar es hermoso, o al menos, puede serlo: Pero hay apuestas que no nos importará nunca perder. Vivir del modo en el que elegimos vivir, por duras que sean las represalias, puede ser mucho más valioso que aceptar beneficios, comodidades o seguridades que no dejan de ser ficticios y ceder por ello a las imposiciones que el guión ha de llevarnos a ellas exige. Podemos agradecer un sabio consejo, y dejarlo de lado, cuando algo dentro de nosotros nos dice que sólo funcionará si nos convertimos en el tipo de persona para el que funcionaría.
No es que desdeñemos esa sabiduría, ese conocimiento o las buenas intenciones, es que debemos elegir otra cosa, aunque nos conduzca al fracaso más estrepitoso. Nunca hay una sola opción, y debemos elegir, aunque nos duela porque romper el espejo engañoso, pueda significar romper esperanzas ajenas y desterrar partes propias. Para encontrar lo real, habría que empezar por no temer el ser sinceros, por no tener miedo de lo que el espejo pueda mostrarnos más allá del reflejo.
miércoles, 23 de diciembre de 2009
Al aire Ouroboros (y yo sin conexión)
Escribo ahora - más vale tarde que nunca - desde un cibercafé en la ciudad de Oaxaca, con blogger fallando reincidentemente ( de hecho, ni siquiera veo el blog de Perro Aullador!! ) y con la promesa de recuperar el ritmo, escribir decentemente, y tachar los pendientes que quedan en la lista a más tardar la semana que viene.

