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lunes, 3 de octubre de 2011

Despedida del Perro Aullador





El equinoccio de otoño siempre ha sido mi celebración preferida. Tiempo de serenidad, calma y despedidas que celebran la magia presente en cada instante que aprendemos a arrancar al tiempo para hacerlo nuestro; mismo que, a pesar de ello, deberemos también aprender a dejar ir hacia la oscuridad de lo desconocido. Siempre hay una línea sin posibilidad de regreso, y un momento para cruzar: Llega la hora de despedir el proyecto de Perro Aullador.

No sé cuántos de sus lectores sepan, ni me cansaré de repetirlo; este proyecto nació con la intención de devolver al mundo algo de lo que alguien hizo por mí, una vez. Me temo que he acabando reuniendo muchas más letras de las que recibí - tal vez demasiadas-, pero en cualquier caso sigue siendo poco comparado con lo que aprendí mientras lo hacía. El mundo, o mi visión del mismo, se ha transformado por completo en este tiempo; sin embargo, debo decir que el impulso de cada paso se ha debido a un único aliento tomado hace casi una década, que aún agradezco.

Hace diez años emprendí esta búsqueda que me trajo al otro lado del océano y que me ha dado por igual momentos oscuros y luminosos. Es extraño pensar ese día en que uno, ingenuo, sale del ámbito de aquello que le es conocido esperando encontrar respuestas... No puedo contar los barrancos que he bordeado, y a menudo sospecho que tal vez sólo la suerte ha impedido que me despeñara por ellos, como otros -tal vez mejores que yo- lo han hecho.
Pero el camino se encarga de ir rectificando las preguntas y llega un insospechado momento en que en el que las respuestas están ahí, pero no se parecen a lo que uno creía. En el que se ha visto más de lo que en realidad se pretendía ver, pero está bien porque sencillamente comprendemos que así debía ser.

Creo que Perro Aullador, y todo aquello que a este proyecto se pueda vincular, ha cumplido con su cometido. Ha dejado algunos datos de utilidad potencial por la red y me ha traído hasta el lugar en el que hoy estoy, feliz de estar. Un lugar desde el que recuerdo con más amor y agradecimiento del que puedo expresar en palabras, a todas aquellas personas que no sólo han compartido un tramo de este recorrido conmigo, sino que además me han ayudado a encontrarle un sentido. Y finalmente he comprendido algunas cosas que de alguna manera se las arreglaron para disimular su verdadera importancia hasta la fecha.

Otros proyectos seguirán a Perro Aullador, sin grandes sorpresas ni cambios bruscos; las cosas no funcionan así en esta casa. La información no va a desaparecer de golpe - no tengo nada en contra de lo que he hecho hasta ahora- ; El material de las antiguas páginas está disponible para su descarga y consulta en línea, y aquí se queda el blog, al menos por una larga temporada. Conservo mi dirección de correo... Siendo sinceros, tampoco creo que tarde demasiado en volver a publicar.

Gracias por acompañarnos hasta aquí!
Vae.

domingo, 12 de junio de 2011

Frutos silvestres



El desencanto es una medicina en la medida que nos ayuda a ver las cosas tal como son y no tal como quisiéramos que fueran, pero es también un veneno potencial que puede insensibilizarnos o inmovilizarnos. A menudo queremos estar preparados, más de la cuenta. Tratamos de preveernos de lo malo, y de lo demasiado bueno, midiendo cada paso y cada palabra, temerosos de la traición de nuestra sombra o incluso de nuestro aliento. De un posible vaho capaz de revelar que albergamos en nuestro interior el calor de las cosas vivas, de recordarnos de qué lado del espejo nos encontramos; cuál es la carne y cuál el reflejo.

Uno se lo piensa mucho antes de escribir sobre aquellas cosas que insospechadamente descienden a la raíz y remueven el fondo, despertando las voces de aquellas criaturas que, a pesar de no existir, permanecían allí dormidas. Cuando abren perezosas sus grandes ojos, vemos con ellas cosas que antes parecían no estar ahí. Nos empujan hacia las paredes entre las que nos encerramos, como si quisieran golpearnos con furia, sólo para que descubramos que todo el muro era una ilusión.

Y a veces uno se cansa de las líneas domesticadas, de las palabras bien portadas que han perdido aquel olor salvaje con el que nos acompañaban mientras cruzábamos a solas el bosque y decidieron seguirnos. A veces uno debe alejarse de las cosechas y volver redescubrir los frutos silvestres, unas veces más amargos, y otras más dulces que aquellos del agricultor, pero que en todo caso no están allí para ser explotados, ni serán arrancados aún verdes para madurar artificialmente en el viaje hacia el supermercado.

Hay lecciones que resultan demasiado caras como para ser desaprovechadas. Lecciones como un pasaje encantado que nos llevan, a través de la ruptura, más allá de nuestros propios límites; Allí dónde es tan difícil - como innecesario- dar explicaciones.
A veces partimos de una casa que fue un cascarón, con una o dos maletas, hacia un futuro a menudo imaginado, siempre incierto. El camino es en ocasiones una cuerda suspendida en el vacío, pero miramos al frente para no perder el equilibrio. Miramos atrás, a veces, y no sabríamos decir cómo salimos de aquella trampa, o cómo recuperamos el camino después de un largo extravío. Los finales se mezclan con los principios; repetimos escenarios y diálogos que más nos gustan como si fueran el estribillo de la canción de nuestros huesos.

Hay mañanas en las que todo parece nuevo, posiblemente porque lo es. Días en los que, sin previo aviso, las puertas se abren, las cosas ya no son lo que eran, aunque nos cueste tanto creerlo y aún más aceptarlo. Aquello que nos rodeaba, o aquello que nos habitaba, ha cambiado, por mucho que temamos ser engañados y terminar confirmando nuestra expectativa de fracaso. Y una parte de nosotros se ha preparado ya para dar el salto -por más que tenga que cargar con el peso de nuestro recelo-, y remontar el vuelo hacia un paisaje desconocido, desde el que abordar nuevas tareas y acunar nuevas preguntas.

Todo lo extraño en nosotros nos devuelve al espejo, a tomar conciencia de aquello que no queríamos, no podíamos, o no sabíamos ver de nosotros y del mundo hasta el momento. Tal vez necesitemos nuevas palabras para describir nuevas sensaciones, nuevos objetos de referencia. Tal vez nuestras palabras se transformen simplemente en una sonrisa, o en el desencadenante de una serie de acciones. A veces es mejor no saber qué va a pasar, especialmente si eso significa que estamos recuperando nuestro presente.

lunes, 25 de abril de 2011

Breves


Mariposas diurnas (2006), Caroline de Vanssay


Hace semanas que llegó la primavera. Su fragancia danza en los rayos de luz que veo derramarse sobre el verdor de las hojas, de una rama a otra, resbalando por el gris de los muros de piedra, y sonriendo en los charcos de la fuente. Durante largos paseos hacia el trabajo, durante muchos otros momentos mínimos robados al tiempo, converso íntimamente con ella. Con la ligereza de mariposas o colibríes revolotea entonces a mi alrededor un enjambre de ideas y sensaciones que se resiste a ser atrapado en las redes de la tipografía. "Te escribiré aunque sea una línea al día", dije a alguien a quien debía un largo correo desde hacía ya demasiado tiempo.

A menudo sentimos la necesidad de crear las condiciones perfectas para realizar alguna actividad, especialmente si nos gusta y es importante para nosotros. Queremos el tiempo, el lugar, la disposición de ánimo, más adecuados a nuestro propósito. Nos decimos, y decimos a otros, "si lo hago, quiero hacerlo bien". Pero lo cierto es que, de seguir por este camino, es muy posible que terminemos por no hacer nada. Que la perfección no llegue nunca, del mismo modo que no habita allí donde la vamos a buscar.

Desde el amanecer hasta la madrugada buscamos la manera de seguir ese camino nuestro, hecho en realidad de todas aquellas pequeñas cosas que aunque no podamos retener quedan por siempre entrelazadas con nuestra vida, formando el tejido de nuestra realidad. Habría que reconocer el mérito a todas aquellas cosas breves, ligeras y pequeñas que no sólo embellecen nuestra existencia, sino que también nos nutren e incluso nos hacen más fuertes.

A veces -muchas veces- las cosas no salen según lo teníamos planeado, o simplemente son diferentes de cómo las habíamos imaginado; lo importante es el modo en cómo reaccionamos. Podemos desanimarnos y tomarlo como una excusa para abandonar el proyecto que teníamos en la cabeza (pero no encontrábamos el momento), o bien podemos buscar la manera de seguir adelante aprovechando las circunstancias en las que nos encontramos.

En muchos aspectos, de esto se trata el aprendizaje. De cada prueba, de cada reto que aceptemos al respecto, saldremos beneficiados con un mayor conocimiento sobre nosotros mismos, así como con una mayor confianza tanto sobre nuestra capacidad de acierto como por la desaparición del temor a equivocarnos o a la frustración de que las cosas no salgan perfectas al primer intento.

A menudo mientras espero el momento adecuado para sentarme a escribir, las sensaciones se evaporan como las gotas de rocío a medida que avanza la mañana. Por su parte, las ideas se espantan ante la visión de los útiles de escritura, alzando el vuelo hacia cualquier otro lugar... Motivos por los cuales, voy a tener que aprender a tomar algunos esbozos sobre la marcha, con el recuerdo aún vivo, como posibilidades a las que tal vez valga la pena regresar, o no.

Esas publicaciones, llevarán la etiqueta de "Breves".

domingo, 10 de abril de 2011

El trabajo de un año (y varios días)

En el equinoccio la oscuridad y la luz descansan en equilibrio, después, la una vencerá sobre la otra, sólo para ser vencida a su vez. La vida sigue siempre; un aliento que surge de las mismas profundas simas en las que habrá de sumirse después.

Hace poco más de un año llegué a una de esas encrucijadas que encontramos en la búsqueda, esas que a través de las que el camino se convierte en nuestro camino, porque debemos realizar una elección. Hace poco más de un año me encontraba en una de las peores épocas que recuerdo haber vivido y, para ser sinceros, no las tenía todas conmigo respecto a lo conveniente de mi resolución... Significaba dar la vuelta a muchas cosas y perseverar en remontar una de las tantas corrientes violentas que nos alejan de nuestro propio sendero, y buscarlo en lo profundo, deshaciéndose capa a capa por el angosto túnel hacia la luz, y levantarse de nuevo. No estaba segura de poder completar el recorrido, pero en la necesidad hay siempre una fuerza que nos empujar más allá de los límites en los que nos asumimos confinados.

Resolví, de una vez, seguir mi instinto por encima de cualquier otra indicación. Elaboré un plan basado en algunos principios y ejercicios muy básicos pero dirigidos y coordinados, y lo convertí en una práctica diaria. El resultado es que en el tiempo transcurrido desde que inicié el experimento mi vida se ha transformado radicalmente en muchos aspectos (vivienda, trabajo, relaciones personales, condición física...), e incluso he visto realizados objetivos que al inicio creía fuera de mis posibilidades.

Ahora estoy en un momento excelente según mis propios parámetros -que, dicho sea de paso, no tienen porqué coincidir con los de otras personas-. Los detalles(*) no son tan importantes como el hecho de que ahora puedo decir que me gusta mi vida: los cambios experimentados en mi interior y las condiciones que he conseguido manifestar a mi alrededor. Ciertamente no suena como algo impresionante, pero creo que construir una vida en la que nos sintamos a gusto tiene su gracia y, en todo caso, si somos incapaces de hacerlo, nuestra obra mágica -y aún más el desarrollo de nuestra conciencia- siempre se verán resentidos.

Era importante para mí experimentar estos logros, aunque sólo fuera por corroborar que hay una serie de cambios que pueden efectuarse por decisión propia, y sin requerir la ayuda de nadie. Me encanta poder decir con conocimiento de causa que no importa lo mal que te sientas, puedes hacerlo por ti mismo, sin que nadie lo pueda evitar; puedes recuperarte, puedes superarlo, puedes hasta perdonar y terminar sientiéndote realmente bien haciendo lo que más te gusta y mejor sabes hacer. Pero también es posible que sea importante para mi vivir estos momentos para cargar baterías ante el trabajo que me espera de ahora en adelante.

Los momentos felices también pasarán. El tiempo, la experiencia o la reflexión llegan a aportar su propio matiz sobre las emociones que experimentamos y la conciencia de este hecho cubre nuestra mirada con una sombra que resulta a la vez casi imperceptible y abismal. Cuando sabemos que los momentos álgidos de nuestras terminarán diluyéndose en el horizonte del tiempo, no podemos ignorar que los malos momentos tampoco pueden durar por siempre. Cuando entendemos esto como una suerte de justicia natural, aceptamos las reglas del juego y abrazamos como a una amiga a la misma oscuridad que solíamos temer, no sólo disfrutamos con mayor intensidad cada deseo cumplido, sino que podemos digerir sin dificultad su posterior extinción, sabiendo que para estar realmente bien necesitamos nuevos retos.

Ahora mismo tengo un montón de temas sobre los que escribir y aún algunos correos que responder... Todo se andará, aún hay algunos cambios que hacer de puertas hacia adentro y en soledad. Así que de momento me despido con un sincero agradecimiento a la paciencia del lector, y mi compromiso de regresar a este espacio, aunque sea para postear un par de líneas a la semana :)



(*)Particularmente me siento feliz, por ejemplo, entre otras muchas cosas cuando cada día al despertar lo primero que veo son árboles y tengo tiempo para jugar con el gato y tomar café en un jardín solitario que imagino nuestro; cuando mis vecinos me saludan en la calle y me doy cuenta de que nos vamos conociendo a través de conversaciones mínimas; cuando encontramos regaliz, garam masala, o pan de castañas en la tienda de comida asiática; cuando realizo mi paseo diario por las viejas calles empedradas; cuando surgen problemas en el trabajo y vemos la manera de resolverlos y lo conseguimos porque somos así de buenos; cuando recibo un correo aunque no lo pueda responder; cuando hay onigiri para comer; cuando paso el sábado limpiando, aunque luego no dure nada; cuando después de una jornada de 12 horas llego a casa con ánimo de compartir un tiempo con mi familia a este lado del Atlántico y reímos y planeamos todo lo que nos queda por hacer y nos damos ánimos; cuando riego y me llevo el olor a tierra húmeda, albahaca, tomillo, ruda y lavanda a la cama... En una de las ciudades más grandes, pobladas y contaminadas del mundo. Tenía que escribirlo :)

viernes, 25 de febrero de 2011

Momentos de felicidad


Porque sí llegan, había que escribir un poco al respecto. Con algo más que suerte y algo menos que sacrificio, los momentos de felicidad aprenden a encontrarnos. No salir a abrazarlos debería ser considerado un crimen porque creo firmemente que la felicidad no es sino la consecuencia natural de haber hecho algo bien.

He publicado muy poco en las últimas semanas, mientras del otro lado de la pantalla ha habido -y, de hecho, aún hay-, mucho que hacer. La explotación intensiva no tiene caso, cada trabajo que realizamos tiene un ritmo y unas condiciones propias. Tampoco tiene demasiado sentido fijar una meta o alimentar un deseo si una vez que llegamos a ella o éste se realiza lo dejamos pasar con indiferencia.

La verdad es que estoy viviendo momentos muy felices prácticamente en cada aspecto de mi existencia y me entrego a la tarea de recolectar algunos datos acerca de los mismos... Más que nada porque si algo tengo claro es que no son fruto de la casualidad.

Primero se vive, luego se escribe al respecto.

De todos modos quería avisar que en las últimas semanas he recibido más correo que de costumbre, así que es posible que entre una cosa y otra tarde en responder los mails, pero lo haré. Mientras tanto, www.perroaullador.blogspot.com, en su tercer aniversario, cuenta con más de 200 posts publicados :)

Gracias por estar ahí,

Vae.



martes, 30 de noviembre de 2010

Cruzar el bosque

No tengo miedo (2007), por Robertobas


Hace poco me preguntaban si ya no me interesaba la Magia, pues "ya no escribo como antes", es decir, como lo hacía hace tres o cinco o siete años... Ahora, el lugar que ocupaban listas de correspondencias ha sido invadido por traducciones literarias, y al lado de los antiguos mitos han ido apareciendo esas otras historias que la labor científica nos brinda, o me entretengo tal vez demasiado en buscar fragmentos e imágenes y en documentarlos.

Respondí que después de estos años conozco muchas más cosas de las que al iniciar el camino sabía - o incluso podía imaginar-, pero que, sin embargo, tras encontrarlas hay un largo proceso hasta digerirlas y hacerlas propias, y trecho aún más largo hasta llegar a aventurarse a tratar de comunicarlas a otros. No se trata de conocimiento hermético, y no hay secretos que guardar; hay muchas y variadas vías de acceso, muchos cauces que se reunen en ese camino que un día me decidí a seguir.


Hoy por hoy pienso, en ocasiones, en cierta novela cuyo protagonista era sometido a una tomada de pelo de dimensiones descomunales. A veces yo misma me siento así, sorprendida de las cosas que en algún momento he llegado a creer... Sin embargo, he adquirido un gran respeto por todo aquello que no sé, aquello que desconozco o que no ha estado en mi mano desvelar. Existen muchas cosas en el mundo que no serán válidas para nosotros, pero decir que no lo serán para nadie sería estúpido y precipitado. Supongo que esta es, al fin y al cabo, una prueba que muchos fallan al quedar atrapados en una rabia o una decepción que no se deben a otra cosa que a las propias proyecciones y expectativas.


Como el bosque encantado de los cuentos de hadas, una etapa más en la vida del buscador, en la que avanza a tientas por un paraje que no es completamente real, pero tampoco falso; Un bosque poblado de fantasmas y visiones que dependiendo de la naturaleza del viajero ayuda o condena, que puede atraparlo - a través del dolor o el placer -, o dejarlo pasar. No se puede aconsejar a nadie, a pesar del peso de ser cómplice, en cierta manera, de lo que tal vez para ese individuo en concreto se convierta en padecimiento; del mismo modo en que no se puede prevenir a nadie de sí mismo. Hay un momento en el que sabemos que no podemos hacer otra cosa que confiar en la persona, en que será capaz de orientarse y encontrar su camino aún entre esa niebla de la que surgirá transformado, confiando en que sea para bien.


El sentido de la Magia ha cambiado para mí. Como tantos otros, en el inicio, buscaba aquello extraordinario, aquello que estaba fuera de lo común. Sin embargo, paso tras paso la balanza se ha inclinado en el sentido contrario y todo cuanto he ido entendiendo me ha remitido a mí misma, todo me ha dicho que no se trata de buscar algo más allá, sino de sacar y limpiar aquello que nos separa de la maravilla natural de cada rincón y cada momento. La lejanía de las cosas más próximas puede ser en realidad abismal. Y, al menos en lo que a mi respecta, no he encontrado en manuales o discursos magistrales nada a lo que antes no me hubieran invitado con callada complicidad las palabras de algún escritor, o un conjunto de percepciones sensoriales procedentes de la más terrena naturaleza.

De modo que no me queda más que concluir que a menudo no sólo sabemos, sino que tenemos al alcance, todo aquello que pudiéramos necesitar para tener una vida buena y feliz, pero a pesar de ello insistimos en complicarla con dificultades prescindibles. En el tránsito de uno a otro estadio, raramente se puede traducir a palabras lo vivido, sino, con mucho, sugerirlo con más o menos éxito. Así, al menos por el momento, no puedo más que decir que pienso en reincorporarme a la Vida, discretamente, haciendo limpieza de todo aquello que me sobra, como la forma más alta de Magia que he conocido, esa que no necesita ni del nombre que se le pretende asignar.

martes, 2 de noviembre de 2010

Una despedida





Hace tiempo que siento que debería escribir una despedida. No es una despedida para una persona, ni de un lugar; tampoco es una despedida de este sitio, ni mucho menos una despedida del mundo.

Podría decirse, de un modo genérico, que es simplemente una despedida de todo aquello que, a partir de cierto punto, queda atrás. Algunas cosas malas, algunas buenas, muchas que no son ni lo uno ni lo otro, o bien lo son según el momento en que las piense. Una despedida, un sello rojo y dorado como las hojas de este otoño que pronto se convertirá en invierno.

También es un reencuentro con algo que llevaba tal vez demasiado tiempo esperando para iniciar juntos un nuevo ciclo, de aquellos que se extienden a lo largo de los años. Es posible que en las próximas semanas escriba un poco menos, por un lado, hay mucho que hacer, por otro, todo principio conlleva un nuevo aprendizaje.

Colmada de agradecimiento, me despido y doy la bienvenida :)

jueves, 7 de octubre de 2010

Todo regresa





A medida que crecemos tomamos conciencia de que la edad es un sacrificio sutil, que cada ciclo se lleva algo de nosotros, para dejarnos algo tal vez más valioso en su lugar. Miramos atrás y reencontramos en el recuerdo los lugares que hemos visto, las personas que hemos conocido... Encuentros, despedidas y regresos.

Cada ciclo de nuestras vidas nos hace más resistentes, aumenta la profundidad de nuestras raíces, eleva nuestra conciencia, incrementa nuestro radio de acción y, como los anillos en el tronco de un árbol, deja un registro de aquello que hemos vivido en nuestro interior, una marca de crecimiento única, que nos ayuda a comprender aquello de lo que venimos y nos inspira para crear nuestra realidad, pero también a dejar de rehuir las herencias o memorias negativas que deberíamos evitar perpetuar.

A menudo es un error contar la edad por años, pues éstos pueden escapar como un puñado de arena entre nuestros dedos, sin que hayamos aprendido a ver lo que siempre estuvo allí. Sin embargo, cuando acumulamos unos cuantos ciclos y observamos con atención las marcas que han dejado en nuestro ser, empezamos a entrever los roles que otros cumplieron para nosotros y aquellos que nos fueron impuestos o bien nosotros mismos asumimos.

Terminamos aceptando que, de maneras que no podíamos predecir, hemos vivido varias veces la misma situación, desde diversos niveles de conciencia, desde diferentes ángulos, interpretando en cada ocasión un personaje distinto en una serie de historias cuya esencia última podría remontarse a los orígenes de la humanidad. Todos tenemos algunas historias a las que hemos regresado en múltiples ocasiones, las necesarias hasta darnos cuenta de que los papeles nos corresponde interpretar cada vez en ella no son completamente ficticios, pero tampoco pueden ser del todo reales. Y es necesario, más que luchar por deshacernos de estas máscaras, comprenderlas, con el fin de acercarnos a la realidad de aquello capaz de darles vida.

La disposición adecuada o, en su defecto, por acumulación, el paso del tiempo, nos dan la oportunidad de asumir la responsabilidad de nuestras elecciones y emplearlas para cambiar aquello que creemos necesario, ya sea variando un comportamiento propio, ya sea introduciendo las modificaciones pertinentes, sutiles o radicales, en aquellos modelos que nos enseñaron, impusieron o adquirimos desde fuentes externas. Pero sobretodo nos proveen de la prudencia necesaria para tratar de ampliar nuestra comprensión sobre el mundo, los demás y nosotros mismos, en lugar de emitir juicios precipitados.

Al fin y al cabo, hagamos lo que hagamos con nuestra interpretación, probablemente nunca será tan bueno como para poder dejar de trabajar en nosotros mismos, ni tan malo que no pueda ser redimido. Todo pasa y todo regresa, de diferentes maneras, a través de diferentes escenarios, en interacción con diferentes personas... un mapa encriptado de círculos concéntricos que cada individuo lleva consigo y que, aún cuando no sepamos capaces de advertirlo, y aún menos de entenderlo por completo, cumple su función de modo perfecto.

martes, 21 de septiembre de 2010

VII Aniversario de Perro Aullador




La primera versión de Perro Aullador fue puesta en línea un equinoccio de otoño como este, hace siete años. Su primer logotipo fue un dibujo realizado en una clase demasiado aburrida; su primera presentación redactada en una cafetería ... Si en aquel momento se me hubiera revelado aquello en lo que se convertiría mi vida, sencillamente no lo hubiera podido tomar demasiado en serio.

El proyecto de Perro Aullador nació de la necesidad de entregar a otros al menos una parte de lo que en su momento recibí. Un compromiso que significaría – aunque yo no lo sospechaba entonces- el punto de partida de una aventura de aquellas que imaginamos en la infancia . A pesar de que mucho de lo que entonces parecía tan sólido ha sucumbido al paso del tiempo, este propósito primero se ha mantenido tan vivo como el primer día.

La idea de crear este documento surgió a raíz de que hace algunas semanas ciertos inconvenientes técnicos impidieran el acceso a la página durante algunos días; al preguntarme si podía hacer algo por aumentar las posibilidades de que la información acumulada que tal pueda servir a alguien llegue a esa persona.

Me puse a la tarea de recopilar el material de Perroullador.org , del modo más fiel e íntegro posible, a pesar de que en el presente no pueda estar de acuerdo con todo lo que escribí hace casi una década (pues algunos textos son incluso anteriores a 2003). El resultado es la reproducción en PDF del material que se encontraba en la página, salvo la traducción del Oven Ready Chaos, ( que se puede descargar de Decondicionamiento.org) , los textos de Naturaleza Mítica, ( que debido a su temática merece una compilación a parte), la bibliografía (que resulta bastante obsoleta, a parte de que cada artículo cuenta con la propia) y los textos del antiguo blog de msn ( que no resultaban una gran aportación).

Mientras revisaba, copiaba y adaptaba los textos al nuevo formato un torrente de recuerdos llegaban a mi mente. Recuerdos de lugares, situaciones, estados de ánimo, ideas y creencias que siguen vigentes o bien hace tiempo que dejé atrás... Pero sobretodo de esas personas realmente especiales que he tenido la suerte de conocer y que han seguido influyendo en mi vida a pesar de la distancia en el tiempo o el espacio. Estos encuentros, estos tramos compartidos, han sido lo mejor de este viaje. A vosotros, mi más sincero agradecimiento.

Sin embargo, me pregunté también qué sucedería si el trabajo de estos años se perdiera; Me di cuenta de que no sería nada demasiado grave. A cada momento el presente requiere de nuestra atención, sin dejarnos demasiado tiempo de mirar hacia atrás. No tengo previstas nuevas actualizaciones de Perroaullador.org, por un lado la publicación en el blog resulta más práctica, por otro, tengo otros proyectos en mente, a los que ya va siendo hora de dar lugar.. Sé que seguiré escribiendo, unas temporadas más, otras menos, unas veces con más suerte o más inspiración que otras, en Perro Aullador o en cualquier otro lugar, pero también sé que escribir no es lo más importante.

Lo importante, en todo caso, se encuentra en el fragmento de las Hojas de Hierba de Walt Withman que constituía la Antesala de Perro Aullador:

“ (...) Ni yo ni nadie puede recorrer ese camino por ti.
Habrás de recorrerlo tú mismo.
No está lejos. Está al alcance.
Tal vez has andado sobre él desde tu nacimiento, sin saberlo.
Tal vez está en todas partes, en el agua y en la tierra.
Echa al hombro tus bártulos, querido hijo, que yo cargaré los míos y démonos prisa.
(...) Si te cansas dame las dos cargas y apoya tus manos en mi cadera.
A su debido tiempo me pagarás el servicio, pues una vez que salgamos ya nunca nos
tenderemos a descansar juntos.
Hoy, antes del amanecer, subí a una colina y contemplé el abigarrado cielo.
Y dije a mi espíritu: “cuando lleguemos a poseer aquellas órbitas y el placer y el conocimiento
de cada cosa que hay en ellas ¿ crees que nos sentiremos llenos y satisfechos?”
Y mi espíritu dijo: “No. Habremos alcanzado y pasado esas alturas para continuar más allá.”
Tú también me haces preguntas y te escucho.
Respondo que no puedo responder; habrás de buscar por tu cuenta.
Siéntate un poco, querido hijo.
Aquí tienes bollos para comer y leche para beber.
Pero en cuanto te duermas y te repongas del cansancio envuelto en dulces ropas, te daré un beso
de adiós y te abriré el portal para que salgas de aquí.
Hace ya bastante que sueñas despreciables sueños;
ahora te quito la venda de los ojos.
Tendrás que acostumbrarte al relumbrar de la luz y de cada momento de tu vida.
Hace ya tiempo que has vadeado tímidamente sobre una tabla,
cerca de la playa, el río.
Ahora quiero que seas un arrojado nadador;
que saltes al corazón del mar, resurjas, me hagas una señal,
grites y, riendo, golpees el agua con tus cabellos.
“

sábado, 14 de agosto de 2010

Pesadilla

Viñeta de Maitena para el mensaje número 201 del blog de Perro Aullador.
Cualquier otro número hubiera estado bien :)

domingo, 11 de abril de 2010

Regreso al bosque




Al pisar el camino semi-oculto me di cuenta que hacía mucho que mi cuerpo reclamaba el cúmulo de sensaciones que en aquel momento salían al encuentro; el olor a hierba y tierra húmeda, el tacto de las plantas de los pies sobre el irregular sendero, salpicado de rocas y barro, la visión de la luz filtrada por las hojas de los árboles... Y dejar que nuestros sentidos roben toda la atención de nuestro ser, centrándola en un presente que escapa del tiempo, abrazando esa serenidad y silencio que no requieren forzosamente de la quietud.


Recuperar esa sensación de espacio, la posibilidad de caminar, de explorar un territorio a la vez tan nuevo y tan familiar, sin encontrar más que un anciano en su burro, o un pastor con su rebaño de ovejas, cruzar el breve saludo de los caminos y seguir... Transitar sin prisa por los bosques sombríos y las pequeñas laderas soleadas, sin saber exactamente dónde nos encontramos, pero sin miedo a la pérdida. Constatar que hay cosas que no cambian con el paso del tiempo, que aquellos juegos de la infancia no han dejado de ser nuestros preferidos, que hemos abierto nuevas preguntas sobre las mismas cuestiones.



Tomar el sol, disolvernos en ese silencio lleno de sonidos, comer con tanto deleite que el bocado más sencillo se ve elevado a la categoría de manjar. No percibir dolor ni molestia alguna, ni cansancio, ni aburrimiento. Sentir que todo está bien, que todo es perfecto y poder abandonarnos al latido de nuestra propia vida como un niño dormido entre los brazos de sus padres, con una sensación de tranquilidad y confianza absolutas, muy lejos de las garras de cualquier temor.



Y respirar, sin a penas darnos cuenta, de un modo distinto, como si con cada exhalación fuera posible llevar algo del maravilloso entorno a nuestro interior, como quien toma una llama de una gran hoguera para encender la propia. Exhalar como si tras un largo viaje nos fuera al fin permitido dejar ir viejas y pesadas cargas que ya no nos corresponde llevar. Sonreír al sol, a las nubes y a la lluvia por igual, y dejar que el ambiente nos envuelva con su esencia, como nuestra piel pudiera absorber aquello que nuestro cuerpo buscaba, o como si el bosque mismo pudiera recubrirnos con un manto verde y sutil, reflejado en un nuevo y extraño brillo en nuestros ojos.



Y en un paseo, ajeno al tiempo del reloj, muy cerca y muy lejos al mismo tiempo, dejar que la vida nos tome de la mano y nos lleve a reencontrar lo que somos por debajo de las capas que eventualmente hayan podido eclipsarnos. Amor salvaje, infinito agradecimiento.




PD: Como decía al hablar de las necesidades y los recursos, en la mayoría de casos no necesitamos demasiado tiempo, esfuerzo o dinero, ni grandes desplazamientos para satisfacer nuestras necesidades. Todas las fotos fueron tomadas en la reserva ecológica de los Dinamos, dentro del mismo Distrito Federal, aproximadamente a una hora de mi casa, gastando 10 pesos (menos de un euro) por el transporte público... lo complicado es aclararse con los camiones.

martes, 2 de marzo de 2010

Primavera

Ya es primavera... No oficialmente, claro. Sin embargo, después de casi dos años de andar por el DF he me ha quedado claro que, en lo que a estaciones del año se refiere, el calendario va con algo más de un mes de adelanto respecto a Barcelona, de modo que si uno intenta esperar a las fechas oficiales corre el riesgo de dejar escapar el mismo momento con el que pretendía sincronizarse.

Esta mañana me he levantado sorprendentemente temprano, y he salido a la calle realmente sólo por el placer de caminar por las aceras soleadas, rotas por las enormes raíces de esos árboles gigantescos cuyas nuevas hojas danzan con la luz y la brisa. Caminar por las calles salpicadas de flores de jacaranda, y a mi paso hacer levantar el vuelo a las avecillas pardas hacia las altas ramas. Caminar puede ser tan fantástico como darse un baño, un baño de sol, y de azul de cielo, blanco de pluma, rojo de teja, gris de piedra...

Como si dos mundos distintos pudieran sobreponerse como trazos en hojas de papel translúcido, como si aún entre el gentío pudiera uno transitar por un universo privado en el que cada tallo, cada pétalo, cada par de brillantes ojos de fierecilla urbana fueran cómplices con los que compartir un viejo secreto, sin que nadie se diera cuenta. Pasear por el interior de un espejo...

Caminar como caminan los enamorados que andan solos, viajando en la brisa , negando el obstáculo de la distancia para enredarse en los cabellos del ser amado, acariciando levemente la piel deseada, o aún rozando esos labios, desconocidos o no, que esperan su llegada, sabiéndolo o sin saberlo. Sintiendo cada respiración, cada latido, en el propio cuerpo como en la tierra sobre la que se traza ligera y rítmicamente el camino al andar. Cuando uno comprende, se pregunta cuántas veces la persona elegida no es más que una excusa para poder aceptar este ferviente deseo de entrega... Pero la primavera vuelve siempre y, con los años, uno ya no se pregunta lo que ya sabe.

Que hay algo en la tierra, en el aire, que un día cualquiera aparece por sorpresa, queriéndonos tomar de la mano para llevarnos a correr sobre la verde hierba, bajo el resplandeciente sol, y sonreír, sintiendo el rubor en las mejillas, mientras el mundo entero deja atrás el reposo del invierno y se lanza a la vida con la misma intensidad con la que las aguas del deshielo se precipitan entre escarpadas rocas, en salvajes torrentes. Es algo loco, pero es una locura necesaria que nos recuerda que estamos vivos, desde el otro extremo del dolor. Momentos hermosos y efímeros, que, sin embargo, si logramos descifrar algo de su profundo misterio, - como agradecidos por el interés-, encontrarán el camino de regreso a nuestra vida hasta la última de nuestras primaveras sobre la tierra.

Momentos que empapan de verde joven el matiz de nuestra mirada, deshaciendo el tiempo para liberar un único momento, presente y álgido. Mientras todos nuestros pensamientos y sus palabras parecen un manojo de coloridas plumas echadas al aire, convertidas en maravillosos pájaros que escapan de nuestras redes de tinta y tecla para perderse en cielos que tal vez no habremos de conocer en esta vida.

Esta mañana me he reencontrado con la Primavera y sus genios. Y así como en otro tiempo ellos venían a visitarme al encierro de oscuras cárceles, hoy soy libre para seguirlos y celebrarlo, uniéndome a sus correrías.

Aunque cuando el momento haya pasado, no quede de ellos más rastro que el que un bello y extraño sueño deja.



lunes, 1 de marzo de 2010

404: Exceso de información

Esta mañana me he encontrado con esta genial tira de 404.
Mi suerte es que conozco unas cuantas personas a las que se la podría dedicar :)

viernes, 26 de febrero de 2010

Nation, de Terry Pratchett

A veces tengo la sensación de que el karma positivo acumulado es canjeable por afortunadas coincidencias... Esta semana fui a ver la retransmisión de Nation, una adaptación del National Theatre de Londres de la obra homónima de Terry Pratchett.

Para empezar, no he leído nada de Pratchett a parte de las novelas del Mundodisco, lo que incluye también a Nation. Así que no puedo decir si se trata de una buena o mala adaptación, sobretodo teniendo en cuenta que tampoco sé nada de teatro. Pero me quedó claro que la obra lleva el sello de los planteamientos de Pratchett acerca de la vida y la condición humana, lo cual ya es decir mucho.

La obra se sitúa en el s.XIX de una realidad alternativa, y parte del encuentro , tras una catástrofe natural, entre un joven indígena a punto de concluir su rito de paso a la edad adulta y una muchacha inglesa de alta cuna, hija un científico con el que esperaba reencontrarse. Debido al citado desastre natural, cada uno de ellos es arrancado del entorno en el que ha crecido y ha sido educado, de modo que deben enfrentarse a la vida con lo que les queda de aquellos mundos perdidos, y sus propias impresiones, ideas e iniciativas. Muchas de las cosas que conocieron ya no funcionan, aquellos que respondían las preguntas han desaparecido... y sin embargo a los nuevos temores se suman los heredados.

Este inicio nos puede recordar a otras obras y, de hecho, no encontramos demasiadas sorpresas en este aspecto ni en el desarrollo ni en el desenlace. En realidad, a medida que van presentándose las situaciones, vamos entendiendo que lo importante no son tanto sus personajes, ni los mundos que dejan atrás, ni aquél que construyen juntos, sino los cuestionamientos y dilemas que se engarzan como joyas luminosas, resaltando sobre la narración que sirve de fondo.

Es en este punto en el que la originalidad y la profundidad de la mirada de Pratchett se hace patente y una vez más rompe con las manidas dicotomías de siempre, en favor de la humanidad... de la cualidad que lleva ese nombre. Proponiendo un cuestionamiento tras otro, no hay más crítica que a la estrechez de miras que encontramos siempre que sobre la escena aparecen dos bandos "contrarios".
No hay un enaltecimiento de a la ciencia por encima de la religión, y tampoco hay rastros de lo contrario; No hay más simpatía por la civilización moderna, de la que muestra hacia la civilización antigua. Ni todos los personajes "aprenden " hasta alcanzar los mismos niveles de comprensión, ni mucho menos llegan a estar de acuerdo en todo. Algunos pueden convivir, otros no. Algunas preguntas tienen respuesta, otras no... en ocasiones sólo podemos respondérnoslas nosotros mismos.

Al mismo tiempo encontramos una relativización del progreso; lo que sirvió un día puede dejar de ser funcional, o perderse para siempre, o simplemente caer en el olvido. Esto lleva implícito un cuestionamiento acerca de las formas de transmisión del conocimiento, señalando cómo en ocasiones quedan las formas y se desgastan, hasta desaparecer, los significados.

Otro aspecto interesante es la aparición de lo que podemos llamar la "magia real" en la obra, es decir la magia no como algo ligado a los prodigios de la ciencia, y tampoco relacionado con los ritos y creencias propios de la religión. Una serie de poderes y conocimientos más antiguos que ambas, considerados como mera superstición, y que se concretan en la realización del viaje extático - reminiscencia del chamanismo-. Pero no se trata sólo de la aparición de elementos y situaciones que la ciencia no podría explicar... También los dioses cercanos y familiares de la comunidad, casi domesticados por ella, se desdibujan y desvanecen ante la fuerza de una destrucción que, de todos modos, debe ser enfrentada, desde lo humano.


Nota: Nation se proyecta en el Lunario (Auditorio Nacional) del DF el próximo domingo, 28 de febrero. Por lo visto estaba proyectado hacer lo mismo en algunos cines de España, pero al parecer ha habido algunos problemas de carácter técnico (?). Sin embargo, no dudo que, de una u otra manera, tarde o temprano, se podrá ver por allí también. :)


miércoles, 27 de enero de 2010

Los autores y "sus" obras

Aún a riesgo de que este parezca el "mes del libro" - o algo por el estilo- en Perro Aullador, he creído adecuado publicar también un fragmento que originalmente escribí junto a los Derechos del Lector, pero que del que en su momento prescindí, para preservar la idea central de texto.


(...) La base filosófica del sistema de copyright actual se apoya en un malentendido: la originalidad de los artistas es inagotable, concepto que se aplica a creadores e intérpretes. Pero la realidad indica otra cosa, porque los artistas siempre tienen en cuenta las obras creadas en el pasado y en el presente, y agregan elementos al corpus existente. Esos agregados merecen respeto y admiración, pero sería inadecuado otorgar a sus creadores, intérpretes y productores derechos de exclusividad monopólicos sobre algo que se inspira en el conocimiento y la creatividad que forman parte del dominio público y son producto de la labor de otros artistas. (Barthes, 1968; Boyle, 1996:42, 53-59)
Joost Smiers, Un mundo sin Copyright (1)


Dar crédito a los autores no es lo más importante, a veces ni siquiera para los autores. En cierto modo el crédito al autor es una propina, algo adicional que otorgamos para agradecer el modo en que un trabajo ha sido realizado, o se ha posiblitado que llegara a nosotros.

Cuando uno se dedica a la tarea de escribir, tarde o temprano debe admitir que su obra es como un hijo (2), que llega al mundo a través de nosotros, pero que no nos pertenece por completo. Por un lado, tarde o temprano se cae al suelo la noción de exclusividad, sobre un tema, una idea, o incluso un estilo. El que escribe se sabe deudor de aquellos que escribieron antes que él, y sabe también que antes - o después, o al mismo tiempo -, alguien en algún rincón del mundo se planteó las mismas cuestiones y halló similares respuestas, que incluso las expresó tan bien o mejor que él, aunque nunca vaya a encontrarse con el otro autor o la otra obra, y aunque nadie llegue a saberlo jamás (3).

Algunas ideas están agazapadas en su propio mundo, esperando el momento de encarnarse en palabras a través de las personas que, tal vez por casualidad, se encuentren en el momento oportuno para recibirlas. El proceso sería similar al de algunos vegetales cuando esparcen al azar sus semillas; algunas darán, a través de recorridos muy diversos, con las condiciones adecuadas para germinar, desarrollarse, crear nuevas semillas y preservar la especie.

Las semillas pueden ser recolectadas, sembradas y cuidadas para facilitar su desarrollo. Pero las semillas, especialmente aquellas de especies no domesticadas, también pueden viajar durante mucho tiempo, y hacer muchas paradas en su recorrido, antes de convertirse en planta, flor o fruto. Pueden ser transportadas por el viento, por aves y mamíferos, o incluso por la suela del zapato de un transeúnte que ignora por completo el rol que está jugando en esta odisea vegetal por la supervivencia. Con las ideas, puede suceder lo mismo.

Por otro lado, del mismo modo que el hijo crece y se relaciona con otras personas, que podrán tener mayor influencia sobre él que nosotros mismos, del mismo modo en que es posible que no tome el camino que imaginamos para él, porque tiene uno propio, nuestra obra sale al mundo y se expone a varios lectores que la recrearán mediante su propia subjetividad, que verán en ella cosas que nosotros, a pesar de ser sus autores, no advertimos en el momento de redactarla.

Con el paso de los años es posible que lleguemos a arrepentirnos de haber escrito algo, porque no nos parece lo suficientemente bueno, porque cambiamos de opinión respecto al tema, o porque no estamos de acuerdo con la interpretación que el público le ha dado de un modo mayoritario; Y, sin embargo, también es posible que aquello que escribimos, con lo que ya no nos sentimos satisfechos o identificados, tenga un público propio que se encargue de mantener el texto, o cualquier interpretación del mismo con la que estamos en completo desacuerdo, vivos en el tiempo.

No se puede equiparar una obra a su autor, o a la inversa, del mismo modo que no podemos equiparar a los hijos con sus padres, sin embargo, la relación que existe entre ambos es lo suficientemente importante como para afirmar que el conocer a uno nos ayudará a profundizar en el conocimiento del otro.


Notas:

1 La negrita es mía, la cita está extraída de la entrada en Wikipedia correspondiente al Derecho de Autor.

2 Siempre recuerdo en este punto el fragmento de El Profeta, en el que Gibran Khalil Gibran hace referencia a los hijos, por eso decidí publicarlo en la anterior entrada.

3 Un ejemplo de simultaneidad que si llegó a conocerse, es el caso de Charles Darwin, Alfred Russell Wallace y la teoría de la selección natural, que elaboraron de forma independiente en una misma época - de hecho, Wallace se adelantó- y que debieron publicar conjuntamente, aunque con el tiempo el nombre del primero eclipsara al segundo.


Sobre los hijos (de "El Profeta", Gibran Khalil )

Fragmento de El Profeta (1923), de Gibrán Khalil Gibrán (Líbano, 1883 - Nueva York, 1931). Tiene relación con el post que sigue, Los autores y "sus" obras, pero considero que tiene mucho más que suficiente peso por sí mismo como para publicarlo de un modo independiente.

Me ha acompañado a lo largo de muchos años y, cada vez que lo reencuentro, agradezco a mis padres; Tanto a la persona que lo entendió desde un principio (y que, de hecho, podría decir que me lo enseñó en sus propias palabras y, sobretodo, acciones ), como a la persona que parece haber terminado terminado por comprenderlo :)

(...)

Vuestros hijos no son hijos vuestros.

Son los hijos y las hijas de la vida, deseosa de sí misma. Vienen a través vuestro, pero no vienen de vosotros.

Y, aunque están con vosotros, no os pertenecen.

Podéis darles vuestro amor, pero no vuestros pensamientos.

Porque ellos tienen sus propios pensamientos.

Podéis albergar sus cuerpos, pero no sus almas.

Porque sus almas habitan en la casa del mañana que vosotros no podéis visitar, ni siquiera en sueños.

Podéis esforzaros en ser como ellos, pero no busquéis el hacerlos como vosotros.

Porque la vida no retrocede ni se entretiene con el ayer. Vosotros sois el arco desde el que vuestros hijos, como flechas vivientes, son impulsados hacia delante.

(...)

lunes, 25 de enero de 2010

Una elección inesperada

Subí al trastero para reencontrar mis libros, los viejos libros que quedaron en aquella última caja, imposible llevarse o regalar. Tenía una idea de lo que iba a buscar... Pero entre publicaciones más o menos útiles, raras o valiosas, encontré también aquellas obras que me acompañaron hace más de una década, cuando los pasos que me han traído a este presente no habían sido ni siquiera imaginados, y la única visión del futuro era un vasto llano en el que la hierba lucía bajo la caricia del sol del estío.

Tenía que volver a escoger, porque sólo unos pocos podrían cruzar conmigo al otro lado del océano. Tenía en mis manos dos publicaciones, la una de una reputada ocultista, una de esas obras de lectura obligada... la otra, una edición barata - entre las muchas que existen - de un gran poeta americano.

Hubo un tiempo en el que encontrar la primera de las obras mencionadas fue una necesidad que me empujó a abrir puertas que yo misma ignoraba que estuvieran allí, mientras avanzaba como podía sumida en una angustiosa oscuridad. Una de esas puertas me permitió encontrar un camino transitable, cuando creía que todos los senderos se habían agotado y había llegado el terrible momento de abandonar.

La segunda obra había aparecido en mi vida unos años antes, en los estantes de un supermercado de pueblo. No conocía al autor por aquel entonces. Yo misma no le di demasiada importancia, hasta que el día en el que volví a encontrarlo, en el trastero, busqué un poema que me había sido - por raro que resulte - imposible localizar y leyéndolo de nuevo, ése y otros, me pareció comprender mucho más de lo que pude haber comprendido años atrás.

En ocasiones, cuando llega el momento de escoger, nos sorprendemos a nosotros mismos. Ambas obras están disponibles en formato electrónico, así que la cuestión era cuál preferiría poder tener a mi lado, en la mesilla de noche. Una me hablaba de una de las decisiones más importantes que debí tomar en mi vida; La otra, sin malicia, pero sin tapujos, parecía lucir una sonrisa franca al respecto, un llamado de esperanza, pero también un desafío: "supéralo ya".

Y tuve que darle la razón.
Por eso finalmente son las Hojas de Hierba de Withman las que están sobre la mesa mientras escribo estas líneas, consciente de que el camino, mi camino, deja atrás una angustiosa encrucijada. Consciente de que no nos cuesta tanto elegir - las elecciones se dan solas - como aceptar que ya lo hemos hecho.

PD: Posteo en su propia entrada Tres fragmentos de Whitman.

lunes, 11 de enero de 2010

El peso de la nieve

La nieve ha llegado en estos últimos días a muchos lugares en los que su presencia resulta aún una curiosidad. Entre la lista interminable de esos lugares está el bosque que me vio crecer y con el que, debido precisamente a los efectos de la nieve, me entristecía pensar que no podría reencontrar en este viaje. No obstante, el reencuentro se produjo, en uno de los días más bellos que recuerdo. En uno de esos días en los que aparentemente nada importante sucede, pero que una vez en la cama, antes de caer en el sueño, sabemos que su memoria nos acompañará a través de los años que nos queden por vivir. Aunque lo que escribiré aquí no sea el motivo principal de esto.

El bosque parecía emanar serenidad. Todo estaba en calma, y sin embargo, la intensidad de la vida latía en cada escena, como si se concentrara en el menor detalle. El sol de mediodía hacía resplandecer la nieve blanquísima que cubría los caminos, a penas marcada por algunas imprecisas huellas, como un manto grueso y suave que hubiera sido tendido sobre la tierra, la hierba y hasta el mismo asfalto sin hacer diferencia entre ellos, con extrema delicadeza. En las paredes de rocas oscuras y húmedas, los carámbanos cristalinos destellaban, mientras las verdes aguas del pantano empezaban a cubrirse con una capa de hielo. El aire, limpio y silencioso, era cruzado por pardas avecillas que, en vuelos cortos y rápidos, transitaban inagotables, perdiéndose en la profundidad del bosque. Todos los árboles soportaban el frío de la nieve abrazando sus troncos, penetrando hasta sus raíces... Y el peso de la nieve curvaba las ramas de las coníferas, cuyas agujas, desde las más ancianas y oscuras hasta los jóvenes y claros brotes, cedían mansamente a la gélida caricia.

He aprendido tanto de los paseos bajo esas ramas como de las palabras de la humanidad. El reencuentro con el bosque, con ese bosque, es tan importante como el reencuentro con alguien que nos conoce, y conocemos desde nuestra infancia, que nos ha escuchado en innumerables ocasiones, que nos ha contado innumerables historias, alguien con quien tenemos incluso un lenguaje privado para comunicarnos, a quien no hace falta preguntar para recibir las respuestas adecuadas, que podamos entender.

El peso de la nieve me hizo pensar en aquellos momentos en los que todo lo que podemos hacer es concentrarnos en nosotros mismos y esperar que, aquello que no está en nuestra mano siga su curso hasta el momento en el que podamos entender lo que en el momento seríamos incapaces de descifrar. Aunque las coníferas no duerman el sueño del invierno, y conserven el verde de sus agujas, soportan el peso de la nieve; No pueden sacudirse, pero el peso se aligerará progresivamente, hasta desaparecer.
Del mismo modo, la quietud silenciosa de la nieve y el hielo que se acumula en las cimas llegará a fundirse, y correrá como agua en impetuosos torrentes, brincando imparables a través de las mismas rocas en las que por años han abierto su camino, para alimentar el cauce de los ríos.

Muchas veces nos preocupamos por cosas que ni siquiera sabemos si sucederán... paradójicamente, nos cuesta confiar en aquellas cosas que sabemos que sucederán, pero aún no llegan, y estar tranquilos mientras lo hacen. En cierto modo, la desesperación es en gran medida, precisamente, lo contrario de esperar. Cambiamos todas las posibilidades que nos pertenecen una idea del tipo "hasta que llegue o suceda X cosa, nada importará o tendrá valor, no podré estar tranquilo/a, no podré disfrutar".
En lugar de centrarnos en el momento, en el presente, en todo lo que deberíamos hacer o todo lo que podríamos hacer, convertimos ese tiempo de la espera en un tiempo muerto, creando un vacío en nuestras vidas que rellenamos de inquietud mientras desperdiciamos esos segundos que no volverán.

Si en alguna área de nuestra vida estamos paralizados, o detenidos, nuestro corazón sigue latiendo para que podamos atender las demás. Si nos quedamos sin trabajo, podemos disponer de un tiempo extra para revisar nuestras relaciones. Si perdemos una relación, podemos recuperar otras, o bien preguntarnos que nos gustaría hacer con el tiempo y energías que esta relación consumía, y ahora quedan a nuestra entera disposición. Si caemos enfermos y no podemos salir de casa, podemos aprovechar para interrogarnos acerca de nuestra conciencia corporal. Si estamos en un proyecto creativo y de repente la inspiración se da a la fuga, y nos vemos saturados, podemos aprovechar para dedicarnos a alguna actividad manual... siempre podemos hacer algo que nos sea de provecho con nuestro tiempo, y disfrutar con ello, y esto nos hará un mayor bien que quedarnos temerosos a la espera de un acontecimiento que venga a rescatarnos. Hay, como dicen, un momento para cada cosa, y una cosa para cada momento, la gracia está en saber detectar qué tiempos y cosas se corresponden, y no dejar escapar demasiados. [Como inciso, hay tiempos en los que lo que corresponde es "no hacer nada"; Realmente podemos necesitar el precioso tiempo de "quedarnos roneando calentitos en la cama, porque fuera hace un frío horrible y es muy agradable no levantarme ahora". Si vivimos la experiencia conscientemente, damos valor a nuestro tiempo, en lugar de dejarlo ir.]

Aprender a esperar consiste, muchas veces, en dejar de esperar, en despreocuparnos. Si no estamos seguros de que vaya a suceder, no tiene sentido gastar recursos en ello en lugar de hacerlo en aquello que está en nuestra mano hacer o cambiar. Y si sabemos que algo va a suceder, llegará en su momento y no podremos hacer nada por adelantar o retardar éste. Si las cosas dependen de nosotros, trabajemos en ellas, sino... nuevamente no podemos hacer nada y resulta inútil - e incluso contraproducente - inquietarse, o padecer, o jugar con la ilusión de que podríamos hacer algo al respecto, porque no es cierto.

Saber esperar no es otra cosa que vivir atentos. Cuando sentimos el peso de la nieve sobre las ramas, sobre nuestras propias ramas, hay que preguntarnos qué es lo que toca hacer en este momento, para qué es adecuado, qué necesidades estamos expresando. Probablemente, si en estas circunstancias lo que queremos es bañarnos en la playa, es que hemos perdido la conexión con nosotros mismos, o bien que estamos intentando escapar de alguna evidencia. Démonos tiempo. Cuando seamos capaces de entender el momento en el que vivimos y las necesidades que expresamos, las cosas - por complicadas que nos parezcan - irán encontrando su lugar y la situación se verá mucho más clara y sencilla. La resolución vendrá por añadidura, prácticamente sola: muchas veces asumimos que tenemos problemas cuando, en realidad, sólo estamos un poco desordenados.

domingo, 3 de enero de 2010

Espejos rotos

Volver a Barcelona está resultando una experiencia más extraña de lo que podía sospechar. Por detrás de lo hermoso de los reencuentros y de las múltiples trivialidades en las que no nos duele sumergirnos en una visita del tipo al lugar donde crecimos, permanece no obstante un abismo y una conocida sombra se mueve en su profunda oscuridad como un animal en la noche. No tengo miedo, no siento por esto mermada la dulzura de algunos momentos, que son respetados como las vírgenes en el templo... Ni se empaña mi felicidad, que, por el contrario, destaca vivamente sobre este fondo más de lo que en otros tiempos lo hubiera podido hacer. Simplemente me doy cuenta que, por muchos cambios que se sucedan, por muchas vueltas que la vida pueda dar, hay límites - por discretos que sean- que al ser cruzados, no permiten la vuelta atrás.

Caminé por algunos de los escenarios cotidianos de mi vida que dejé atrás, y éstos me acogieron como tantas otras veces, aún después de la prolongada ausencia. Podría haber vuelto hace un año, o dentro de diez, y sé que para las que importan siempre sería como si las hubiera visto el día anterior. Pero pensé en mi infancia, mi adolescencia y mi juventud. En las decisiones que tomé y me llevaron al momento presente, los precios que pagué, las cosas a las que hubo que renunciar por seguir esa voz interna que a lo largo de los años he tratado de convertir en mi guía, evitando desoírla entre tantas otras, sonoras o silenciosas, que siempre nos rodean.

En cierto modo, crecer es adentrarse en un laberinto de espejos en los que vemos reflejada una opción, una variante de nosotros mismos que encarna lo que pudo haber sido y lo que podríamos llegar a ser; Pero lo más conflictivo es, sin duda, ver lo que podríamos estar siendo en el presente.
Es difícil reconocerse al estar rodeados de tantas opciones, de tantas versiones de nosotros mismos, y aceptar no sólo que cada una de las personas que nos llega a conocer guarda una versión de lo que cree que somos, o podríamos ser, sino que nosotros mismos también lo hacemos... Comprender que, al no poder vivir en esa caótica multiplicidad, debemos callar las voces y romper los espejos que el mundo nos presenta , hasta encontrar nuestra verdadera imagen, sabiendo que ésta no dejará de ser una elección más; Que la libertad implica sostener la única responsabilidad sobre nuestros aciertos y errores, con todas sus consecuencias.

No es fácil entender en qué consiste esa voz interna que nos guía a la hora de tomar las decisiones que tomamos; no trabaja para las emociones, ni para la lógica, ni perde el tiempo en las batallas que, de tanto en tanto, éstas libran innecesariamente entre sí. En ocasiones contempla cosas de las que nos daremos cuenta mucho después, recursos o peligros que nuestra mente consciente no era capaz de percibir en el momento. Sin importar sus aciertos, siempre nos costará concederle nuestra temblorosa confianza, aunque puede que sea lo único con lo que realmente podemos contar.

Y a veces hemos visto cosas que nunca podremos comunicar a aquellos que quisiéramos hacerlo, a veces sabemos que algo es lo correcto para nosotros aunque no sabríamos explicar las razones... Habría que preguntarse de dónde viene esta necesidad de explicarse, de justificarse. A veces emprendemos un camino que sabemos que no es el del éxito - al menos no el de el éxito en sus formas comunes y socialmente aceptadas -, y nos alejamos alegres del triunfo y los laureles, y no somos comprendidos... pero ¿porqué deberíamos serlo?

Ganar es hermoso, o al menos, puede serlo: Pero hay apuestas que no nos importará nunca perder. Vivir del modo en el que elegimos vivir, por duras que sean las represalias, puede ser mucho más valioso que aceptar beneficios, comodidades o seguridades que no dejan de ser ficticios y ceder por ello a las imposiciones que el guión ha de llevarnos a ellas exige. Podemos agradecer un sabio consejo, y dejarlo de lado, cuando algo dentro de nosotros nos dice que sólo funcionará si nos convertimos en el tipo de persona para el que funcionaría.

No es que desdeñemos esa sabiduría, ese conocimiento o las buenas intenciones, es que debemos elegir otra cosa, aunque nos conduzca al fracaso más estrepitoso. Nunca hay una sola opción, y debemos elegir, aunque nos duela porque romper el espejo engañoso, pueda significar romper esperanzas ajenas y desterrar partes propias. Para encontrar lo real, habría que empezar por no temer el ser sinceros, por no tener miedo de lo que el espejo pueda mostrarnos más allá del reflejo.

miércoles, 23 de diciembre de 2009

Al aire Ouroboros (y yo sin conexión)

El pasado solsticio se estrenó el proyecto Ouroboros Webring - y yo quedé temporalmente sin conexión doméstica, por lo que me perdí la inauguración... - Obviamente ha quedado genial XD

Escribo ahora - más vale tarde que nunca - desde un cibercafé en la ciudad de Oaxaca, con blogger fallando reincidentemente ( de hecho, ni siquiera veo el blog de Perro Aullador!! ) y con la promesa de recuperar el ritmo, escribir decentemente, y tachar los pendientes que quedan en la lista a más tardar la semana que viene.