domingo, 21 de junio de 2009

La Espera (Solsticio de Verano)

En mi tierra los niños deben apurarse en recoger los últimos restos de muebles viejos para las pilas de las hogueras de San Juan, y los jóvenes pensar en el baño de medianoche en las verdes y cálidas aguas del Mediterráneo; mientras algún mayor piensa aún en adentrarse en la oscuridad del bosque para encontrar esa planta que sólo brilla en esta noche y que asegura la fortuna de aquel que la descubra... Mi mente se llena de recuerdos rodeando aquella que en el lugar donde crecí es la noche más mágica del año; Pero aquí, al otro lado del océano, el día amanece fresco y del cielo plomizo cae la lluvia como en un día cualquiera de primavera, que nos mantiene prisioneros en la casa, o nos retiene bajo un toldo si nos sorprendió en las calle, y un reloj sin números o señas marca los latidos desesperados de una espera indefinida, como un encierro del que desconocemos los motivos o el término.

La semana pasada, descubrimos una mariposa recién salida de su crisálida. Su nombre científico es Pterourus multicaudatus, relacionada en el México antiguo con la diosa Xochiquétzal, diosa joven cuyos atributos son tales como la belleza, la alegría o la inspiración artística.
En nuestra imaginación, la metamorfosis de la mariposa es un tópico más; tras una vida de arrastrarse por el suelo, de roer tallos y hojas, el gusano se encierra en una vaina de la que saldrá revoloteando como si nada, convertido "como por arte de magia" en un hermoso ser alado destinado a nutrirse del néctar de las flores.
Sin embargo, como todos los procesos de nacimiento, éste no ha de ser tan fácil; la nueva mariposa debe romper su propio encierro, despliega sus alas (que, extendidas, ocupan varias veces el tamaño de la crisálida de la que salen) , debe liberarse del meconio, los residuos generados en el proceso de transformación, y debe permanecer quieta, completamente indefensa, el tiempo necesario para que esas incómodas y extrañas alas que le pesan como una terrible carga, se sequen y puedan ser empleadas en su primer y torpe vuelo.

El símil está claro, entonces, nada ni nadie puede eludir esos impuestos tiempos de espera que nos separan como un abismo, tan delgado como profundo, de las promesas más hermosas, de aquello que queremos y alcanzamos a ver pero no a tocar; Esos tiempos en los que tenemos la horrible sensación de "no hacer nada" o de no tener "control sobre nada".
Todos tenemos una cierta idea de lo que es hibernar, de un tiempo que pasa en un sueño, mientras nos recuperamos; no es este el tiempo al que me refiero, sino aquel otro en el que, después de la hibernación, de haber tenido todo el descanso necesario, aún tenemos que permanecer quietos y en espera; el que nos hace desesperar.

Quietos, como niños castigados "de cara a la pared", sin explicaciones que lleguen del exterior, nos preguntamos qué demonios sucede, qué hemos hecho tan mal para recibir este castigo, sobre qué hemos de reflexionar, etc. Como alumnos que al principio se muestran reticentes y luego empiezan a comprender que hay cosas que van más allá de lo que tenían en mente, nuestra interpretación de la vida no tiene más remedio que ensancharse. Mientras por un lado son golpeados repetidamente los cimientos que creíamos tan sólidos, por otro -mediante la inmovilización, la falta de rango de movimiento real, la imposición de la paciencia - somos como la madera que se deja sumergida en agua con el fin de que alcance la flexibilidad necesaria para trabajar con ella.

No es que todo lo que un día conformara nuestro universo no sirviera ya, sino más bien encontramos que los límites que nos marcáramos en otro momento se han empezado a expandir hasta perderse de vista, dejándonos temporalmente desorientados hasta que podamos reubicarnos en las nuevas coordenadas ( ¡ Cuánto tendrá que cambiar la percepción de un ser que se arrastra por el suelo y roe tallos y hojas al convertirse en un ser que vuela y se alimenta del néctar de las flores! ). De este modo, puede que nos encontremos cuestionándonos nuestras propias ideas acerca del proceso de aprendizaje, o de lo que significa seguir un camino. Que nos detengamos, y surja la cuestión - como florecería una flor - acerca de si realmente en este tiempo extraño e incómodo en el que "no hemos estado haciendo nada", realmente "no ha sucedido nada".

Sin embargo lo que, efectivamente, ha sucedido, no lo podremos descifrar a menos que contemos con la perspectiva que el tiempo concede, cuando nos encontremos en el lugar al que nuestro ser quería llegar, desde esa conciencia de las mariposas, de la que la forma de gusano carece. Todo cambio parte de una idea, como una semilla, que arrastramos - tal vez de un modo no consciente, como las ardillas que piensan en almacenar reservas de alimento en lugar de sembrar robles - hacia la corriente de la vida y que contiene en sí lo necesario para germinar y crecer, abriéndose paso a través de la tierra que la sepulta. Y puede que, durante el proceso, la forma de nuestro ser que vamos a dejar atrás sea engañada, como Thor entre los gigantes.

viernes, 12 de junio de 2009

La resistencia no es suficiente


Tal vez sea cierto que el paso de los años muda las tonalidades del alma, que uno avanza, aun por caminos no marcados, sin poder escapar de los inviernos y las primaveras, de los veranos y otoños que dejan su huella sobre el terreno que lo envuelve, del que también forma parte. Que la conciencia se da cuenta que nuestro tiempo no es infinito, que la cuenta de nuestros días, por más que desconocida, resulta cuenta al fin, y a medida que avanza deja atrás cada vez más, mientras su carga se aligera y se renueva mientras, a su paso, algunas puertas se abren y, necesariamente, otras se cierran.
Que la Vida nos lleva a situaciones que no esperábamos, que - tal vez- podríamos haber intuido, de haber prestado la necesaria atención pero que, después de todo, se trata éste de un detalle irrelevante. Que, en ocasiones, los planes se escurren como el agua por el desagüe, y no hay más remedio que aceptar las sugerencias del Universo... o tal vez de aquello que nuestro subconsciente ha sido capaz de construir con el fin de llenar ese vacío que la naturaleza detesta.

Y, al crecer, nos damos cuenta que una vida de resistencia, simplemente no basta. Es posible que algunas personas llevemos el "no" implantado; Hemos trazado nuestro camino negando aquello que era contrario a nuestros principios y, por aquello en lo que creíamos, hemos vivido en perpetua oposición. Pero aunque tuviéramos el espíritu del salmón, y estuviéramos destinados a ir contracorriente, seguiría siendo nuestro deber mostrar al mundo que existen alternativas. Es necesario entonces aprender a encender nuestra parte creativa, lo cual se convierte en una tarea para la que se ha de ser constante y confiado.

Una vida de resistencia, simplemente no es suficiente, como no es suficiente que el árbol permanezca erguido; es necesario, además, que dé sus frutos y semillas para que su existencia tenga continuidad. Nos damos cuenta cuando formamos parte de algo más grande que nosotros mismos, cuando no pensamos sólo en un eslabón aislado, sino en la cadena y nuestro propio lugar entre los que fueron y los que vendrán.
Recibimos y legamos un conjunto de conocimientos, a los que debemos dar vida con nuestra propia vida, como prueba de que son reales y posibles. Es entonces que, incluso en los momentos más oscuros, no puede llegar a seducirnos la tentación de hundirnos, de malbaratar este tiempo único que nos ha sido concedido; que la deuda con los que fueron y los que serán a un mismo tiempo nos mantiene a flote y nos carga de una responsabilidad de la que intentar zafarse sería algo peor que un infierno.
No me refiero a familias, estirpes o grupos artificialmente formados. A veces, todo cuanto sabemos de aquellos seres con los que nuestra alma está emparentada es que deben existir en algún tiempo y lugar, sobre esta misma tierra. Que sus idiomas, sus rasgos, el color de su piel pudieran ser diferentes de los nuestros, pero que, de vez en cuando, des del fondo de sus propias vidas extrañas, envueltas en circunstancias diversas, se detienen, suspiran tal vez, y piensan que nosotros, tan desconocidos como familiares, existimos en algún tiempo y lugar, sobre la misma tierra, sintiendo en el silencio el invisible y sacro vínculo, sin comprenderlo por entero.

A veces conservamos, a veces creamos de nuevo, todo aquello que es necesario para adaptarnos al mundo y sus cambios sin perder nuestros valores, sin violar nuestros principios, sin faltar a aquello que respetamos, y traicionarnos a nosotros mismos. Y aunque debemos tener presente que en caso de que nosotros caigamos, otro igual o mejor se levantará para ocupar el lugar que dejamos, sabemos que sobrevivir no es extinguirse en un postrero ataque de furor justiciero, sino ser capaces de dar una solución de continuidad al camino que hemos escogido. Que el esfuerzo que se nos exige suele ser mucho mayor en tiempos de paz que en tiempos de guerra.
Es relativamente fácil, en un momento de urgencia, tomar una decisión correcta y definitiva, cuando un coraje surgido de lo profundo de nuestro ser toma el mando y nos empuja adelante, nos hace saltar al abismo, sin que lleguemos a preocuparnos demasiado de las consecuencias. Es relativamente fácil decir "no" una vez detectada la trampa, el engaño... pero no es suficiente.

Miles, millones de caminos humanos se han agotado y truncado al llegar a este punto, entre los que no llegan a saltar, y los que no saben qué hacer después de haber saltado, pues siempre será necesario ir más allá. De poco sirve un ejército de mártires a la Vida. De poco sirve rescatar a un bebé de la muerte si no somos capaces de nutrirlo, de criarlo o cuanto menos mantenerlo con vida hasta dejarlo en manos de alguien que pueda encargarse de esta tarea. Sin embargo, a menudo estamos solos. La lucha, la resistencia es necesaria, pero no suficiente por sí misma.

Pasa el tiempo en nuestros relojes, y adquirimos nuevas responsabilidades, o tareas correspondientes a un nivel desconocido - por nosotros - hasta el momento. Llega un momento en el que se hace necesario demostrar que no sólo existen razones para decir "no", sino que existe algo a lo que decir "sí", que un camino diferente a los comúnmente marcados - no sólo por el paso de muchos, sino por el interés de unos cuantos - será también viable, conduciéndonos por territorios más ricos, más reales, que vale la pena recorrer y disfrutar.
Si no conseguimos encontrarlos, a pesar de estar seguros de su existencia, podremos seguramente inspirar o fortalecer a otros para la resistencia, pero nos habremos quedado a medias, y será para nosotros sólo un hermoso mito lo que para otros, más capaces o afortunados, devendrá una realidad vivida.

miércoles, 3 de junio de 2009

Alas y Garras

Observé desde la terraza, en silencio y con admiración, los árboles oscuros, mucho más altos que las casonas que parecian hacer reverencias a sus pies. Sus siluetas, recortadas contra el cielo iluminado por la luna, moviéndose con delicadeza como si de un exquisito teatro de sombras se tratase... pero la escena tenía, sin embargo un cariz antiguo, más antiguo que la ciudad, más antiguo incluso que aquella primera colonia.
Como si las testas señoriales de los árboles y el perfil de los montes que rodean el inmenso valle tuvieran una memoria cuyos recuerdos se dispersaran en el aire como una bandada de esporas o semillas voladoras, que, al respirarlas pudieran hacerse inteligibles si no a la razón, al menos sí al alma que nos habita.

En ocasiones, sin que conozcamos la verdadera razón, un día o una noche cobran una especial relevancia, al darnos cuenta de algo. Nuestras ideas han ido madurando y engordando como frutos en un árbol, sin que nada ni nadie pudiera acelerar o decelerar el proceso, y como debía ser el momento preciso, cayeron por su propio peso, dejándonos una increíble sensación de alivio.

Contamos con cielo sobre nuestras cabezas y la tierra bajo nuestros pies, que en nuestro interior devienen templos exentos de muros, extendiéndose hacia el infinito. Un santuario, un lugar seguro, donde los extraños no fisgonean, ni los problemas pueden a alcanzar a dominarnos, el espacio propicio para recordar lo que somos en realidad, protegerlo y nutrirlo para el siguiente asalto contra ese montón de cosas del mundo que nos son contrarias.
Paseando por estos parajes, la conciencia recuerda que lo podemos perder todo, puesto que todo puede ser reconstruido, mientras nos conservemos a nosotros mismos de un modo íntegro. Como si recogiéramos huesos, los juntáramos y los devolviéramos a la vida, recolectamos aquellas partes de nosotros que fueron extraviadas en algún momento y las disponemos para un despertar tranquilo, claro como un amanecer de verano, cálido como el aroma de los leños quemándose en el hogar. Pensé en mi disposición cuando me fui de Barcelona, sin tener demasiado claro cómo irían las cosas, dejando atrás muchas cosas buenas y queridas, sin una idea clara de la fecha de regreso... y pensé que sería un error terrible traicionar ese espíritu, más lúcido que aquel al que de vez en cuando -sino con frecuencia- nos arrastra el aburrimiento.

Cada uno de los seres que pueden considerarse libres - y libres aún bajo el peso de las cadenas -, ha pagado un elevado precio por conservar las alas o las garras que, por naturaleza, le pertenecían. Ha vivido el lado menos atractivo de la diferencia, las dudas y la soledad; Ha soportado un peso del que, con suerte, se habrá podido librar con las mismas armas que se trataba de neutralizar. Se ha dado cuenta de que la responsabilidad de su vida recae únicamente sobre su persona, entendiendo que, aunque quisiera poner excusas, ya no sabría cómo. Que ya no puede definirse por su edad o lugar de procedencia, por sus ocupaciones laborales o por los temas estudiados, sino por lo que es en realidad su persona... pero, al mismo tiempo, que esto, por sí sólo no es suficiente, que debe encontrar aún el modo en que esa realidad pueda llegar al mundo, sorteando los obstáculos en el camino, como los ríos desembocan en el mar.

Tal vez más tarde que pronto ha descubierto no estar hecho para obligarse a moverse con extremo sigilo, por temor a estropear algo. Tal vez más tarde que pronto ha aprendido que, aunque existen tiempos de paz, los cambios se suceden y nos obligan a movernos... Que la diferencia, tal vez, sólo esté en si nos sentimos arrastrados por una corriente extraña que nos sorprende y amenaza con ahogarnos, o si por el contrario la aprovechamos para planear tranquilos hasta donde queramos llegar, ahorrándonos el esfuerzo de batir las alas. De modo que, si alguna vez tienen que tomar una decisión, la tomará sin dudar, haciendo lo que sea su deber hacer; mientras en su entorno, cada quien - igualmente libre y responsable- deberá hacer otro tanto. Y estará bien... el amor no depende de estas cosas, el amor que vale la pena siempre está donde debe estar. A la luz de estas consideraciones, se desvanecen los temores y se invierten los términos, de modo que, ante las peores perspectivas, no nos sentimos ya angustiados, sino confiados y fortalecidos. Y, ante el espejo, regresa el brillo a nuestros ojos.

jueves, 21 de mayo de 2009

Las pobres Ítacas

Viaje a Ítaca

Cuando emprendas el viaje a Ítaca,
debes rogar que el camino sea largo,
lleno de avenuras, lleno de conocimiento.
Los Lestrigones y Cíclopes,
el airado Poseidón, no temas:
son cosas que en tu camino no encontrarás,
no, nunca, si tu pensamiento se mantiene alto, si una
emoción escogida
tu espíritu y cuerpo toca a la vez.
Lestrigones y Cíclopes,
el feroz Poseidón, nunca los has de encontrar
sino los llevas contigo dentro del alma,
si no es tu alma quien los levanta ante tí.

Debes rogar que el camino sea largo,
que sean muchas las madrugadas de estío
que, con gran deleite, con qué gozo!
entrarás en un puerto que tus ojos ignoraban;
que puedas detenerte en mercados fenicios
y comprar las buenas cosas que allí se exhiben,
corales y nácar, mármol y ébano
y todo tipo de delicados perfumes:
tanta abundancia como puedas de delicados perfumes;
que vayas a ciudades de Egipto, a muchas,
para aprender, y aprender de los que saben.

Mantén siempre en el corazón la idea de Ítaca.
Debes llegar, es tu destino.
Mas no fuerces en absoluto la travesía.
Es preferble que dure muchos años
y seas ya viejo cuando la isla hondees,
rico de todo lo que habrás ganado haciendo el camino,
sin esperar que Ítaca deba darte riquezas.

Ítaca te ha dado el hermoso viaje.
Sin ella no habrías partido.
Nada más tiene que pueda ya darte.

Y si la encuentras pobre, no es que Ítaca te haya engañado.
Sabio como seguro te has hecho, con tanta experiencia,
ya habrás podido comprender qué significan las Ítacas.

Konstantinos Kavafis


Hace muchos años encontré estos versos en un libro prestado por una profesora. Lo leía y releía, y ya entonces, como ahora, me parecía contener una lección vital tan antigua como la humanidad y que habrá de perdurar, al menos, hasta el fin de ésta. Poco se puede añadir, a lo ya dicho por su autor, pero hoy la reencuentro pensando en otro orden de cosas, derivado de aquellas primeras impresiones, evidentes y aún válidas.

En ocasiones, teniendo las necesidades básicas cubiertas, cuando no queda más que alcanzar el tipo de vida que uno podría diseñar a voluntad para sí mismo, sobreviene la letargia. Tal vez por esa falta de una necesidad punzante, los esfuerzos se elevan y estallan como fuegos de artificio, sin abatir objetivo alguno. Como el tacto de las cálidas sábanas en una mañana que la ventana muestra demasiado gris, recuerdos y deseos vagos nos atan de nuevo al sueño a penas empezamos a despertar. El desencanto sobreviene como un antiguo enemigo al que no supimos rematar en el primer encuentro, reapareciendo en el camino cuando ya no lo esperábamos, sorprendiéndonos y tomando ventaja de nuestras debilidades, de nuestro exceso de confianza.

Despertamos como en una pesadilla, terriblemente desorientados, invadidos por la confusa sensación de que el suelo ha desaparecido bajo nuestros pies, que no hay nada que hacer, ningún otro lugar al que ir, y, por extraño que parezca, ni siquiera parece importar lo suficiente para reaccionar... Como un terror nocturno la sombra se sienta en nuestro pecho, paralizándonos, enmudeciéndonos, de modo que el mínimo gesto requiere de nosotros un esfuerzo titánico, y pensando en la meta, en lugar del camino, ésta se nos figura pobre o incluso inútil, y abandonamos antes de empezar.

Una vez sumergidos en el proceso, cuesta creer que lo hayamos escogido, a pesar de que así debe haber sido. Ante los ojos empañados de la conciencia, y a pesar de los recursos del territorio que habitamos, a nuestro alcance, en lugar de cosechas se extiende hacia el infinito un páramo yermo y desolado. Porque, a veces, resulta más fácil extraviar el sentido de las cosas que perder un papel en el que anotamos un teléfono y echamos al bolso sin pensarlo demasiado, aunque más tarde nos encontremos escrutando una memoria sobre la que alguien parece haber derramado demasiados litros de pintura blanca; de modo que terminamos revolviendo, urgidos, no sólo el bolso, sino la casa entera, para encontrarlo... Pues, a pesar de nuestra negligencia, el asunto era importante.

Creo que perder el sentido de las cosas no es tan grave, porque realmente no es algo que se encuentre o dependa de ellas, sino de nosotros: en este aspecto el "sentido" es algo que se construye.Mas bien lo que se olvida es precisamente esta tarea constructiva encomendada por la naturaleza humana, y el valor de los elementos con los que la realizamos.

Necesitamos una Ítaca, a pesar de que la literatura nos haya susurrado de antemano que, en realidad, Ítaca no puede dar más que la excusa para emprender un viaje. Y a lo largo de ese viaje necesitamos saber, cada mañana, para qué nos despertamos, así sea cumplir un deber, o sumergirnos en nuestro propio deleite... Y si nos hallamos varados en nuestra travesía, seguir aprendiendo lo posible, que en algún momento ha de sernos útil. Y si nos sorprende una tormenta terrible, procurar sobrevivir para poder ver días más hermosos que han de venir... Pues, aunque ante la faz de la muerte todos nuestros actos puedan parecer fútiles, la vida es una oportunidad única que se nos ofrece por tiempo limitado.

Olvidamos, aunque sería prudente no hacerlo, que mientras vivimos cada uno de nuestros actos, hasta los más pequeños, es importante. Cada acto es una roca, o una piedra, que puede servirnos tanto para construir como para tropezar. Por acumulación de los mismos dirigimos el curso de nuestra vida del mismo modo que un río se domestica para abrevar el ganado o regar los campos, por más que una corriente mal dirigida pueda reírse y arrasar un proyecto pésimamente diseñado, dejándonos la lección de que debemos preocuparnos en conocer los materiales y las condiciones en las que nuestro trabajo se lleva a cabo.

Ítaca importa, aunque pueda ser sólo una excusa, y cada uno de los pasos que a ella nos acercan importa, aunque al lado del ideal parezcan irrelevantes.

sábado, 16 de mayo de 2009

"Discurso" sobre historia e investigación en general

Aclaro que yo no soy licenciada en Historia; sin que yo lo esperara obtuve la oportunidad de acceder a la Universidad, y a la hora de escoger una licenciatura, elegí una que me permitiera resolver algunas dudas del momento en el que estaba, y confirmar algunos datos. En los años que estuve por allí, logré estos objetivos, y algo más allá de ellos. No tengo la paciencia, en ocasiones sumisión, que requería permanecer allí hasta el final y hacer de la Historia un oficio, pero adquirí las herramientas necesarias para leer a otros y no ser engañada, o al menos, no serlo tan fácilmente. Según mi experiencia, los primeros cursos te enseñan qué es lo que debe y no debe hacer un historiador, es decir, un cierto código de principios... y a medida que avanzas compruebas como, demasiado lejos del ideal, casi rozando la burla, no sólo los divulgadores, o los investigadores de campo; sino los mismos profesores rompen sin vergüenza esas normas básicas. A veces por dinero, a veces por ego, a veces simplemente por falta de un auténtico amor y dedicación a su trabajo.

Pero el trabajo, más o menos contaminado, está ahí y así como hay un momento en el que no se puede pedir al agricultor que venga a nuestra casa a limpiar, pelar, trocear y cocinar las patatas que vamos a comer, de igual modo sucede con la información.

Dicho esto, creo que es importante comentar que la "Historia" inicia su andadura como un género literario, para acabar como una rama de las ciencias sociales, lo que no es precisamente un trayecto corto, ni fácil. De hecho, hasta nuestros días, la Historia se ha tratado en demasiadas ocasiones más como un género literario (propagandístico), que como una ciencia que busca acercarse a la verdad (aproximarse en la medida posible, no pretender "revelarla").

Un profesor que llegué a respetar (algunos hay) decía que para acercarse a la historia había que tener dos cualidades aparentemente contradictorias, como si tuviéramos que trabajar con dos lentes; subjetividad y objetividad. Por un lado se requería acercarse al hecho, al momento, ponerse en la piel o los zapatos humanos de alguien o “alguienes” que estuvieran por allí... él lo llamaba"empatía", pero cambio a subjetividad, porque no se puede dejar de tener presente que su mundo no es nuestro mundo.

Por otro, se requería ser capaz de alejarse, ya no sólo de esos personajes - reales o ficticios- , sino de las propias opiniones, tanto para ser capaz de hablar con cifras y estadísticas, como para cumplir con los requerimientos del método científico; no dar nada por sentado, estar dispuesto a cambiar la teoría, la explicación, aunque llevemos trabajando en ella 40 años de nuestra vida, si los nuevos datos descubiertos por nosotros, o por algún otro profesional, varía.

He hablado de dos lentes, una que nos aproxima y otra que nos aleja. Hay diferentes corrientes de interpretación histórica, que dan más o menos importancia a una u otra de ellas, del mismo modo que algunas enfatizan en la historia de las ideas, y otros en los procesos materiales. Al fin y al cabo, esto no debería importar demasiado, ya que la suma de los trabajos de unas y otras escuelas, igualmente desembocadas en la comunidad científica, debería balancearse al llegar a un público lo suficientemente crítico para limar sus excesos y llenar sus carencias. En un mundo ideal, claro :)

Hay que entender porqué los historiadores estudian historia, y porqué la historia importa más o menos a diferentes sectores de la sociedad y el público. A veces leo eso de que "Conocer la historia, para evitar que se repita", lo que me parece bastante absurdo... por un lado, la historia no tiene un poder predictivo, por otro, todos sabemos que cosas como el hambre en el mundo se podrían mitigar, sino solucionar, con una adecuada gestión de recursos, que no se lleva a cabo de manera efectiva. Hay cosas que no dependen del conocimiento, aunque el conocimiento puede servir.

Creo, no obstante, que el cúmulo de conocimientos históricos sumado a lo largo de los siglos, se ha usado para hacer propaganda de ciertas ideas, y para justificar otras, en ambos casos, la "investigación" o "explicación" poco tenía que ver con una voluntad de acercarse en la medida de lo posible a la verdad, sino más bien con la intención de "reunir pruebas" que apoyaran una "verdad revelada" de antemano por intereses de otro género que la sed de conocimiento humano.

Voy a dividir algunos de los problemas de la investigación histórica según si nacen en los investigadores, en los divulgadores o en el público que los recibe.


Problemas en la investigación- Incluso cuando el investigador tiene realmente un interés en acercarse a la verdad, existen ciertos condicionamientos individuales de los que no es tan fácil zafarse (aclaro que afectan a corrientes interpretativas, divulgadores y público por igual, pero éstos no tienen porqué aferrarse a un código deontológico, porque no es su profesión). Empiezan desde el momento en que nace y trabaja en un lugar y época determinados, la educación que recibe y el calibre de lentes - corriente de interpretación- que elige posteriormente.

La objetividad nunca puede alcanzarse al 100%, y tal vez esto ni siquiera es necesario o conveniente, porque existen otros elementos para nivelar su aportación; la diferencia está en si en la medida de lo posible el investigador se aproxima al ideal, o bien dándolo por imposible lo deja correr sin inmutarse.

Lo que llegué a envidiar de las ciencias puras, aunque ahora dudo si no se repetirá el mismo fenómeno con ellas, es la capacidad del individuo de desapegarse de sus propios triunfos y fracasos, entendiendo que ambos son válidos para la ciencia a la que se supone que se ha dedicado. Cuando un investigador está demasiado apegado a su teoría, puede darse el caso de que, incapaz de aceptar que ésta sea superada, desbancada o falseada, sesga la información, ocultando o eliminando los datos que podrían contradecirla, o luchando en contra de aquellos que los descubren, o tratando de desprestigiarlos; embarrando el paso a sus colegas y a la ciencia en general. Parece de locos, pero no es extraño que se de cuando se ha dedicado el trabajo de toda una vida, o incluso varias, y de repente, simplemente ya no sirve.

Problemas en la divulgación- La divulgación de las investigaciones tiene dos vertientes principales, la destinada a los profesionales, y la destinada al público general, incluyendo los estudiantes no especializados (primaria, secundaria). Dentro de la divulgación profesional, como en cualquier negocio editorial, hay tendencias que propician o no las ventas. Si una determinada corriente interpretativa está "en boga", tendrá más publicaciones que los trabajos de otras... hasta que giren las tornas.

En cuanto a la divulgación para el público, igualmente pesarán las mismas modas que se traducen en ventas. Los mismos investigadores pueden tratar de adecuar sus resultados al gusto imperante, a lo que se espera de ellos, porque si consiguen despertar y mantener el interés del público general conseguirán más fondos para seguir con su trabajo.

Destacar también que la divulgación para el público general, incluyendo estudiantes de primaria y secundaria, suele ir muchos - a menudo demasiados!- pasos por detrás de la profesional en cuanto a actualización, y estar manipulados por los intereses del poder que impere en el momento en el que ven la luz, que se encargará de potenciar aquellas ideas que sean afines al mismo, y de silenciar en la medida de lo posible las contrarias.

Problemas en el público- Según yo, el principal problema al que se enfrenta el público es la falta de una educación orientada a la crítica. Igual que hay personas que leen sin digerir, sólo por enumerar jactanciosamente el listado de libros que "han devorado", una gran parte del público se acerca a la historia con la idea general de que "es cultura", y a veces aún incluso con aquello de "si está escrito, tiene que ser verdad". Otra parte se acerca a la historia para justificar sus ideas y acciones, y conseguir cierta propaganda de filiación para las mismas; no hay un verdadero interés en el acercamiento a la verdad, y de aquí salen muchas de las ficciones que se usarán después en política o en cursos y cursillos.

En referencia directa a los temas históricos que a lo largo de estos años han surgido en el foro, creo que los defectos más recurrentes con los que nos encontramos son;

1- Etnocentrismo. El etnocentrismo tiene que ver con el lugar y la época dónde uno nace, se forma como individuo, y es educado en escuelas y demás. Significa que su interpretación de la realidad - y de la historia- estará condicionada por ello. Por lógica, ha de ser tan etnocentrista el que acepta sin discusión lo que el entorno le ha legado, como el que se rebela contra él. Pero la mayoría de dedos acusadores se dirigen hacia los primeros, por parte de los segundos :)

El etnocentrismo no es una opción, es un "defecto" o "cualidad" innato del que nadie se escapa, la cuestión es trabajarlo hasta nivelarlo, y la única manera de hacerlo es comprobar otros puntos de vista, sin abrazarlos o rechazarlos pasionalmente a la primera. Una cosa es la "pasión" por la ciencia, por el trabajo... otra diferente en extremo es la "pasión" emocional.

2- Anacronismo y Proyección. El anacronismo es cuando se sacan los datos de su contexto temporal, y la proyección cuando nos hacemos una idea de "lo que fue" según nuestras opiniones y gustos, y la tratamos de encajar en un determinado momento histórico. Les ocurrió a los renacentistas cuando hablaron de la Edad Media como una época oscura y terrible, y les ocurrió a los románticos cuando hablaron de la misma Edad Media como algo maravilloso, en el que todo era poesía y heroicidad. Ocurre a cada rato en el cine (donde en los 60 las princesas medievales se peinan con un parecido sospechoso a las damas de los '60 y usan el mismo tipo de maquillaje, mientras que los héroes medievales de la actualidad se mueven de un modo sospechosamente parecido a los protagonistas de "Matrix"), y en los colectivos que tratan de "rescatar el pasado glorioso..." ,pero también en aquellos empecinados en zafarse de "todas las viejas ideas" y "abrazar el futuro ideal".

3- Sesgo deliberado e inclusión de datos falsos o falseados, pero verosímiles. El sesgo deliberado es cuando se ocultan o ignoran datos comprobados a voluntad para favorecer unas versiones u otras de lo que fuera la realidad del pasado. Así como el etnocentrismo, el anacronismo o la proyección pueden darse de forma tan inconsciente como involuntaria, el sesgo deliberado y la inclusión de datos falsos pero verosímiles, o de datos falseados (como teorías que se sabe han sido descartadas), es una maniobra consciente, que suele buscar un fin ególatra, económico, o ambos.

La frase "La historia la escriben los vencedores", es una verdad a medias. La Historia humana la escribimos todos los que somos, todos los que han sido, y en el futuro la escribirán los que aún están por venir. La cuestión más bien es quién la traduce, y qué fragmentos elige, a qué público se dirige, y para qué. Ciertamente en la antigüedad - aún ahora en parte - la historia era encargada por personas en el poder, para darse propaganda aún cuando ellos hubieran desaparecido de la faz de la tierra, todos estos debían ser vencedores para hacer el encargo y pagarlo. Pero, ¿sería mejor, más cercana a la verdad, una historia escrita únicamente por los vencidos? ¿Acaso ellos no están tan condicionados por sus propias vivencias e intereses como los vencedores? En la historia humana, no siempre es tan fácil determinar quienes son los vencedores y quienes los vencidos, quienes "ganan" o quienes "pierden". Cuando se potencia en exceso esa dicotomía, sucede que aún cuando existió una plaga, un virus, o una desgracia natural, que exterminó a la mayoría de población en un momento dado, no se le presta atención ...

Cuando estuve en la universidad, siempre me pareció que a la mayoría de mis compañeros, y casi a la mitad de los profesores, no les interesaba demasiado la investigación, esa que sin barrer las opiniones propias se ciñe a las normas de la comunidad científica, en la que los descubrimientos e ideas deben pasar a ser de acervo común, ser susceptibles de mejora, de matices, o de ser desbancadas por otras mejores. La mayor parte del tiempo lo que veía eran opiniones andantes y parlantes, hijas del siglo XIX o principios del XX, buscando datos para adquirir cierta corporeidad, buscando afinidades y complicidades, casi a la desesperada. Considero que el que un profesor de historia entre en un aula blandiendo un periódico, y diciendo que "es el único que dice la verdad" es algo vergonzoso; un aula de historia no debería ser un mítin, y una lección para investigadores no debería ser discurso político. Por otro lado, tratar de manejar el presente con la misma pasión y las mismas "soluciones" que hace 50 o 100 años ondearon como banderas, me parece una señal de falta de madurez, de contextualidad, y de indefensión ante la propaganda, que si bien otros pueden permitirse, no deberían ser propias de un investigador.

Había otro profesor, de una de las asignaturas más convulsas por lo de recientes o contemporáneas, que incluso habiendo participado activamente en algunos de los hechos que nos describía, nunca perdió los papeles. Como ex militar, podía dar muchos detalles acerca de los armamentos o estrategias empleadas, y esa era una parte de la historia que no se suele ver; pero además de completar datos con su especialidad, nos daba por igual los procedentes de otras. Nunca nos negó sus propias opiniones, pero nos dio buenos y abundantes ejemplos de otras, que no tenían nada que ver. Nos explicaba cómo las cosas a veces dependen de las decisiones humanas, como una buena idea puede ser contraproducente, como la naturaleza o la casualidad pueden intervenir cambiándolo todo... Y siempre recordaré que se negaba categóricamente a hablar de "buenos" y "malos", él siempre nos habló de personas, incluso cuando hablaba de sus enemigos, incluso cuando hablaba de cuando su propia vida había estado en peligro. Lo vi también participar en algunos debates televisivos acerca de su especialidad; y era el mismo que en el aula, no hablaba al público general como si fueran necios, ni trataba de ganarse su favor. Posiblemente, su asignatura es la que menos me interesaba de las que pude cursar, pero él es sin duda el profesor que más llegué a admirar.

Entonces, qué es la Historia? o para que sirve en realidad? Dado que no es predictiva, y pocas ocasiones alcanza el mínimo nivel de objetividad científica que requeriría, mi muy personal idea acerca del estudio de la historia es, por un lado, que conociendo de qué y cómo está hecha, podemos evitar ser manipulados con la propaganda para la que se emplea, rebajándola.

Conociendo cómo la humanidad se explica a sí misma, sabemos algo más de ella. Y entramos en contacto con una serie de sistemas que aunque sean tan inasibles como realidades paralelas, funcionaron mejor o peor durante algún tiempo en forma real, recordándonos que cada época y geografía tiene una estructura y normas y sobretodo mucha gente que se apaña como puede con todo ello... recordándonos que no estamos en ningún final, y que las cosas siempre podrán hacerse de otro modo.