domingo, 18 de octubre de 2009

NdP: Los adeptos a las sectas se disparan por la crisis

Fuente: 20 minutos.es

Los adeptos a las sectas se disparan por la crisis en Valencia

Carlos Navarro 12.10.2009
"Nunca creí que pudiera entrar en una secta. Pensaba que entraba gente débil o con problemas. El hecho es que sí, yo también entré y afortunadamente pude salirme, porque estuve a punto de romperme yo y todo lo que tenía". Este es el testimonio de Manuel J., una de las miles de personas captadas por sectas, en este caso, a través de unos cursos para acceder a una entrevista de trabajo.

Y es que la actual coyuntura económica y el estado de desesperación y angustia que puede llegar a generar son el caldo de cultivo perfecto que están aprovechando numerosas sectas para captar adeptos. Para lograrlo, ofrecen falsas terapias como procesos de autoayuda o seminarios de crecimiento personal, según ha explicado el psicoterapeuta y especialista en relaciones sectarias de la unidad clínica de Atención e Investigación en Socioadicciones(AIS), Miguel Perlado.

(...) Las temáticas que suelen tocar estos grupos en sus charlas de forma predominante son "el crecimiento personal y la autoestima, las pseudoterapias con ángeles y energías y las santerías de grupos afro brasileños".

Pero, si tan localizados e identificados están algunos grupos, ¿por qué no actúan las autoridades? En este sentido, Perlado afirma que por una parte, los ex miembros tienen miedo a denunciar por posibles represalias de la secta y por tratar de olvidar. Por otra, España no tiene una legislación específica sobre sectas, como por ejemplo Francia. Por este motivo, para que la policía investigue tiene que haber una denuncia de extorsión, coacción o amenazas.
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Las negritas son mías. La noticia me pareció el colofón de los ejemplos que comentaba en "El fin de un Mundo"; ya no sólo se usan métodos de "crecimiento personal" para que las personas desesperadas entren a una estafa (hablábamos entonces de las piramidales y de empresas multinivel), sino que la misma estafa se articula en el fraude espiritual.

miércoles, 14 de octubre de 2009

La máquina de construir la realidad (I) Modelos y Automatismos

Modelos y Automatismos

En ocasiones tenemos la sensación de que hay elementos en nuestras vidas que se repiten. Encontrarnos en una situación que -aún sin conexión aparente - mantiene un núcleo de elementos en común con otra ya vivida, como si se tratara de una variante diseñada para ponernos a prueba y comprobar si aprendimos lo suficiente de aquella la primera vez que parecía haber quedado atrás en el tiempo. Del mismo modo, entre las personas que nos rodean reencontramos con frecuencia rasgos físicos y psíquicos que antes habíamos encontrado en otras, y lo que podríamos llamar un tipo parecido de relación, un código que se repite, incluyendo siempre algunas variaciones. Pasamos por distintas etapas personales, dando la bienvenida a lo nuevo y despidiéndonos de aquello que debe partir; y sin embargo parece existir un grupo de elementos de naturaleza variada que se reitera en nuestras vidas. Podemos pensar que se trata de algo acerca de lo que, como comentaba más arriba, “debemos aprender” o “debemos solucionar” en esta vida. Las personas que nos rodean podrían compartir una serie de características con las que debíamos interactuar en la misma; compañeros de viaje, o bien antagonistas cuya esencia podrán encarnar distintas personas a través de los años. Del mismo modo, las distintas variantes de una misma situación vendrían a construir el núcleo de un drama existencial, que repetiremos hasta la muerte, o al menos hasta ver la luz de un verdadero cambio asomar por el horizonte.


Es posible que exista un destino; que existan unas historias que debemos experimentar, cauces que debemos recorrer. Pero centrémonos en la parte activa que podemos llegar a jugar en ellas. Un brujo es responsable de sí mismo, de su propia vida, de cómo decide enfrentar sus propias experiencias y que hace con lo que no puede evitar. Hay razones que nos llevan a pensar que, además, compartimos cierta responsabilidad hacia aquello que nos va ocurriendo día tras día.


Tal vez sea en nuestra infancia, cuando dependemos de otros, básicamente la tarea de nuestro ser es el recaudar imágenes mentales de aquello que conforma el mundo, de los caminos que lo cruzan por los que algún tiempo después deberemos transitar. Como si se tratara de un juego más hacemos un esbozo, una primera construcción de lo que somos, de lo que son los otros, de aquello en lo que confiamos y aquello en lo que no. El tiempo pasa, y vamos afinando nuestras construcciones, gracias a la experiencia, gracias a la conciencia acerca de nuestros errores y nuestros aciertos, perfeccionando (o dando al traste con) nuestro juicio. Y así terminamos etapas escolares, conocemos distintas personas, grupos variados, encontramos pareja(s), entramos en el mundo laboral, etc. Hasta que hemos vivido unos cuantos años y empiezan las coincidencias y repeticiones, y nos detenemos a pensar qué es lo que en realidad queremos, hacia dónde vamos y por dónde vamos a trazar nuestra ruta.


Partamos de la idea de que cada cuál construye su vida, como si se tratara de una casa. Llegamos a un paraje deshabitado y nos encontramos en la necesidad de hacernos un lugar allí. Miramos a nuestro alrededor y vemos unas piedras; podemos pensar en ellas cómo un obstáculo que hay que quitar para allanar el terreno o tal vez nos sirvan para levantar una pared... Lo mismo va a suceder con otros elementos que se encuentren en el lugar, tales como ramas caídas, árboles vivos, cavidades en la roca, etc. cuya posible utilidad podamos reconocer, o descubrir a base de pensar en ello. En una primera etapa de nuestra vida hemos tenido la oportunidad de recolectar algunos de esos elementos, o de aprender qué se puede hacer con ellos. Si hemos crecido en un lugar en el que la gente vivía en casas de adobe, lo primero que vamos a buscar al pensar en construirnos una casa propia es buscar un lugar similar en el que encontremos el material para hacer nuestra casa de adobe. Si vamos a parar a un terreno rocoso, nuestro conocimiento previo no nos va a ayudar, pero sin embargo podemos aprender de la gente que habita el lugar, o bien llegar a ciertas conclusiones después de una serie de aciertos y errores.


La experiencia vital de una persona puede verse reducida o limitada en función de lo que ya sabe, pero sobretodo en función del interés que tenga en aprender algo nuevo; por su disposición a dejar de lado parte de aquello que le es familiar, para empezar a insertar nuevos elementos acordes a su voluntad. Esto tiene una relación directa con la magia, puesto que nadie va a llegar a ser un brujo si no es capaz de aliarse con la posibilidad de realizar cambios reales en su vida.


Si las observamos con detenimiento, podemos ver cómo nuestras vidas tienen una importante proporción de automatismos; cosas que se repiten, que están ahí de un modo constante, y estamos tan familiarizados con ellos que no nos llaman la atención, incluso cuando se trata de problemas. Podemos pensar que nuestra vida es cómo un río, cuya agua discurrirá, al menos en un trecho de su recorrido total, por los cauces o canales que nuestra mente haya trazado con anterioridad, ya sea consciente o inconscientemente. Hay partes de ese recorrido que no está en nuestra mano alterar, y otras que quedan por entero bajo nuestra responsabilidad. Por lo mismo, hay que entender que el cambio, en sí, no es bueno ni malo, sino que esto dependerá de lo que hagamos con esa posibilidad. Pero para ser brujos, no obstante, hay que ser conscientes de la posibilidad.


En términos mágicos, imaginemos que buscamos un trabajo nuevo, porque el que tenemos no nos acaba de gustar, o bien necesitamos más dinero, o bien queremos trabajar en un mejor ambiente. Es poco probable que de la noche a la mañana encontremos un trabajo fabuloso en el que nos paguen el doble y nos veamos rodeados de unos compañeros encantadores. Pero no me refiero a que la cuestión laboral esté difícil en estos tiempos, sino a que nuestra imaginación no está familiarizada con la idea de que algo así pueda ser posible. Es un trecho muy largo para recorrerlo de un solo salto, por lo que pensar en darlo puede desanimarnos y, en consecuencia, llevarnos a abandonar el objetivo. Es más seguro que hagamos exactamente el mismo recorrido por etapas, aproximándonos progresivamente, sin perder de vista ese objetivo que nos hemos propuesto. Avanzas un poco, afianzas los pasos; el final no se ve ya tan lejano y los ánimos no decaen... hasta que, casi sin darte cuenta ya estás dónde querías estar. Es por eso que la constancia, la paciencia, la determinación y la imaginación son importantes en el mundo mágico.


Es posible decir que, para construir nuestras vidas, nos apoyamos en distintos modelos, ya sean aprendidos o bien desarrollados por nosotros mismos. Si estamos buscando un trabajo, lo lógico es que éste tenga relación con los anteriores, que prosigamos por un mismo camino en el que las habilidades adquiridas con anterioridad puedan sernos útiles. Esto resulta funcional cuando contamos con poco tiempo, para salir de un apuro, o cuando el cambio que necesitamos no es demasiado radical. Pero si decidimos que necesitamos un tipo de trabajo completamente distinto, tendremos que encontrar y desarrollar otras habilidades, o bien sacarlas de algún aspecto de nuestra vida que nos haya permitido desarrollarlas e intentar esta vez ponerlas en relación con el ámbito laboral, pero ante todo tener conciencia de que el cambio deseado, el objetivo que nos proponemos es algo posible y está a nuestro alcance. Es muy difícil – sino imposible – conseguir algo en lo que no creemos. Reiterando, se trata de un proceso de construcción que llevamos a cabo con nuestras ideas, nuestras acciones, y nuestra capacidad de hacerlas trabajar en conjunto. Nuestra imaginación es la herramienta que nos permite abrir caminos nuevos, una herramienta que debe cuidarse debidamente.


Escuchando la radio, o viendo televisión, uno puede darse cuenta de qué caminos se están mostrando a las personas que conforman la sociedad en la que vivimos. Uno ve una telenovela, y luego ve relaciones personales muy disfuncionales y “dramáticas”. Uno escucha esa música absolutamente deprimente, que no sabe hablar del amor si no es como una tortura, o una banalidad, y luego encuentra esos seres humanos que no saben concebir otra forma de amor. No creo que sea algo consciente, pero en gran medida esas impresiones que tomamos del entorno se convierten en elementos y diseños de construcción que aplicamos en nuestras existencias. Y obviamente, habrá a quien le interese decantar nuestros propios cauces existenciales hacia el beneficio de sus propios intereses, por lo que de vez en cuando es bueno mirar justo al lado contrario del que nos señalan, o rodearnos del silencio necesario para escuchar nuestra propia voz, reservando un espacio para el análisis de todos los mensajes que llegan desde fuera, confrontarlos, seleccionarlos, y hacernos con una opinión propia.


Podemos hablar de una especie de “máquina de construir la realidad” que llevamos con nosotros, que funciona en gran medida sola, de un modo automático, y que de nuestra imaginación, experiencia y entorno obtiene el material con el que hace su trabajo, sin demasiado ruido. Si no nos damos cuenta de este automatismo podemos vivir una y otra vez las mismas cosas, aún sin necesidad de ello, no precisamente porque tengamos algo que aprender de la experiencia recurrente, sino porque no somos capaces de darle un material nuevo que procesar, de modo que combina y recombina los mismos elementos una y mil veces. Sin embargo, desde la conciencia de su existencia y de nuestra voluntad, podemos elegir qué materiales queremos que emplee, diseñar las formas queremos que cree y darnos el lujo de experimentar aquello que queremos vivir, sin demasiado esfuerzo por nuestra parte.


La existencia de automatismos puede servir a otros para manipularnos en mayor o menor medida, pero sobretodo puede ahorrarnos esfuerzos y ser una herramienta a nuestro servicio para construir nuestras propias vidas. En eso consiste ser brujo, en saber aprovechar las corrientes naturales y ahorrar la energía necesaria para cuando realmente sea necesario desafiarlas.


Sigue en: La máquina de construir la realidad (II): Materiales y Planos

lunes, 12 de octubre de 2009

NdP: Mueren dos personas en un retiro espiritual

Me pasan enlace a una noticia, en cierto modo relacionada con la carencia de filtros en cursos y seminarios. Aprovecho para inaugurar sección de notas de prensa... de vez en cuando salen cosas interesantes.


Fuente; El Nuevo Heraldo


Mueren dos personas en un retiro espiritual en EEUU

Por EFE, Washington

Dos personas murieron y otras 19 resultaron heridas en un ritual de limpieza llevado a cabo en una sauna ceremonial de un retiro espiritual en Angel Valley, a pocos kilómetros de Sedona (Arizona), informaron los medios locales.

Los dos fallecidos, James Shore, de 40 años y de Milwaukee (Wisconsin) y Kirby Brown, de 38 años y procedente de Westtown (Nueva York), participaron en un programa espiritual del autor y experto en autoayuda James Arthur Ray, divulgó este domingo la cadena CNN.

Según las autoridades, entre 50 y 60 personas participaron en una ceremonia de limpieza el jueves pasado, la cual duró casi dos horas pero que se llevó a cabo en ocho sesiones de 15 minutos cada una.

De acuerdo con las primeras investigaciones, algunas personas empezaron a sentirse indispuestas tras salir de la sauna.

Una mujer llamó a los servicios de emergencia y 19 personas fueron trasladadas a hospitales cercanos, algunas con quemaduras, síntomas de deshidratación, paradas respiratorias y fallos renales.

Las autoridades centran su investigación en Ray y su equipo para tratar de determinar si hubo negligencia por su parte.

El líder espiritual, contra el que no se han presentado cargos, no quiso colaborar con las autoridades.

Sin embargo, en un mensaje difundido a través de la red social Twitter, declaró sentirse "horrorizado y entristecido por la tragedia que ocurrió en Sedona''.

Ray transmitió a las familias y a los amigos de los fallecidos sus condolencias y su más sentido pesar.

''Estoy pasando el fin de semana rezando y meditando para todos los afectados en estos momentos difíciles'' , dijo.

Según los medios, Ray, conocido por sus programas que prometen a sus clientes riqueza monetaria, mental, física y espiritual, alquiló el centro de retiro en Angel Valley para organizar un seminario de cinco días que iba a "cambiar la vida'' a los asistentes.

Los participantes, todos de entre 30 y 60 años, pagaron entre 9,000 y 10,000 dólares por esta experiencia espiritual.

El retiro espiritual pertenece a Michael y Amayra Hamilton, que explicaron que llevan alquilando a Ray las cabañas desde hace siete años y que nunca ha habido ningún problema.

domingo, 11 de octubre de 2009

El Pecado

Una de las pocas cosas que lamento haber dejado en Barcelona son mis libros de Pratchett... A colación de la respuesta que dí al comentario de Olga, recordé un fragmento de Carpe Jugulum. No sé si ya lo publiqué anteriormente, pero nunca está de más reflexionar sobre el tema;

- (...) ¿Y eso es lo que discuten tus hombres sagrados, entonces?

- Habitualmente no. En la actualidad hay un debate acalorado y muy interesante sobre la naturaleza del pecado, por ejemplo.

- ¿Y qué es lo que piensan? Están en contra, ¿verdad?

- No es tan sencillo. No es una cuestión de blanco y negro. Hay muchísimos matices de gris.

- Pues no.

-¿Cómo dice?

- No hay grises, solamente blanco que se ha enguarrado. Me extraña que no sepas eso. Y el pecado, joven, es cuando uno trata a la gente como si fueran cosas. Incluyéndose uno mismo.Eso es el pecado.

- Es mucho más complicado que eso...

- No, no lo es. Cuando la gente dice que algo es mucho más complicado, significa que les preocupa que no les vaya a gustar la verdad. Tratar a la gente como si fueran cosas, ahí es donde empieza todo.

- Oh, estoy seguro de que hay crímenes peores...

- Pero se empieza pensando en la gente como si fueran cosas...
(...)
p.268

martes, 6 de octubre de 2009

El problema de la carencia de filtros

Hace algunos meses, tal vez algo más de un año, que recibo SPAM en una de mis cuentas de correo acerca de cursos y eventos “wicca”. Normalmente van directos a la papelera, pero la última vez me dio por leer. El anunciar cursos sin que esto haya sido solicitado debería entrar en la categoría del proselitismo, lo cual no es precisamente un buen comienzo teniendo en cuenta que supone una omisión de la etiqueta pagana.
Entre las cosas que ofertan está una serie de viajes, unos “campamentos” y unos cursos o talleres de magia, a precios supuestamente económicos. Consideremos un puñado de buenas intenciones por parte de los organizadores; supongamos que realmente no existe lucro en estas actividades, que los costos corresponden a una cuota de recuperación por gastos de hospedaje, alimentación y material. Aún así, hay algo que está profundamente mal en este asunto... y que, por complicado que resulte explicarlo, hay que hacer el intento.

¿Qué hay de malo en que un grupo de gentes se organice para un evento de este tipo? En principio, nada: pero tampoco demasiado efectivo. No es lo mismo una celebración que un taller, ni un taller que la capacidad para enseñar o aprender. En resumidas cuentas, el principal defecto que detecto en este tipo de actividades es que no puede darse un auténtico aprendizaje en un contexto carente de filtros. No aceptar el acceso con drogas y/o alcohol es un tipo de filtro; Pero ¿será de verdad suficiente?
El que no importe en quien recaiga el conocimiento que se pretende transmitir, lo que estas personas - que pueden ser absolutos desconocidos -, puedan hacer con él denota una considerable negligencia por parte de los instructores. Por el contrario, si esta negligencia no existe, debemos suponer que la actividad, taller o evento estará condenada a ser algo “para todos los públicos”: aguado, “light”, insustancial. En ese caso, el evento no debería publicitarse cómo un lugar o actividad al que uno acude en busca de aprendizaje. Sí podemos aprender; pero el objetivo, en todo caso, será lúdico. Lo contrario tiene el incómodo barniz del engaño.

Cuando tomé contacto con la Wicca, creyendo que era la forma “reglada” u “oficial” de aquello que traía yo por dentro, se dió la casualidad que la señora Starhawk había sido invitada a España, y se organizó uno de esos talleres que, por aquel entonces, costó algo más que la ¼ parte de un buen sueldo. Sin embargo, salvo por el hecho de poder hablar con cierta propiedad del tema, la experiencia no dio mucho más de sí. Llevaba un tiempo estudiando, pero la mayoría de las personas que componían el grupo del “taller” no tenían demasiada idea de magia, o paganismo... de modo que todo fue adaptado al nivel general, resultando una especie de clase preescolar. Seamos más o menos afines a la línea de Starhawk, supongo que estaremos de acuerdo en que con los recursos invertidos (tiempo, espacio, dinero) un evento del tipo podía haber sido mucho más instructivo o, cuanto menos, más interesante; pero las condiciones en las que esos recursos se vertieron – carencia de filtros, carencia de claridad de objetivos- no eran las adecuadas. Una amiga estuvo de malas los dos o tres días que duró aquello, y con razón. No sólo el grupo fue incapaz de coordinarse, sino que las actividades y los temas a tratar fueron hasta tal punto “light” que con una pijamada hubiéramos conseguido mayores resultados. Se me hace difícil imaginar que a alguien pueda realmente apetecerle acudir a algo así varias veces por año, con unos instructores que parecen funcionar como representantes de una marca de prestigio - “Avalon llama a su puerta”, casi -.

Por suerte he estado en otro tipo de reuniones y salidas privadas, con gente de confianza – que no siempre es lo mismo que amigos -, en las que el objetivo era el trabajo real. En estos casos, cada persona se ha encargado de sus gastos directos (comida, transporte, alojamiento), ajustados a un presupuesto exento tanto de lujos como de carencias. He sido testigo de cómo éste otro tipo de experiencias han cambiado la vida de varias personas, de una sola vez... y la diferencia es obvia.

Por esto tiendo a pensar que los eventos y cursos que requieren de publicidad, y ponen los mismos filtros que un parque de atracciones, aún pudiendo no resultar nocivos para el asistente, sirven en el mejor de los casos para hacer vida social y, en el peor, para alimentar la estupidez de los partidarios de pasear por el mundo aireando el recuento de las conferencias, exposiciones, talleres y demás en su “currículum mágico”. Acudir a esta clase de eventos, por más que adopten nombres como “Celebrando el equinoccio de Otoño” o “Reencontrando a la Diosa”, no es precisamente lo que nos convierte en paganos. Aunque en la Wicca todos los practicantes se supongan sacerdotes y sacerdotisas, haciendo un paralelismo con el cristianismo - por mencionar una religión conocida de todos- , no es lo mismo ser sacerdote y dar la misa que interpretar el papel de Virgen en la representación navideña de la escuela, por muy bonito que sea el decorado.

Dicho esto, debo aclarar que personalmente soy una ferviente partidaria de el tipo de reuniones de carácter lúdico, y precisamente por esto defiendo la idea de que uno puede aprender más de una reunión con amigos que de cualquier taller de tres al cuarto. Por ejemplo, desde hace un tiempo realizamos reuniones periódicas con un grupo de personas que en principio eran sólo vecinas. En ellas comemos bien y reímos, pero también podemos hacemos análisis y exposición de cómo nos sentimos, o de aquello que estamos viviendo. Cada vez es distinto, hay días o momentos completamente livianos, hay otros muy graves; podemos hablar del mundo, podemos hablar de lo que nos pasa por dentro. Lo importante es que la interrelación funciona, y sin planear o forzar la situación surge la actividad más adecuada, o el tema en el que nos vamos a acabar centrando. En el tiempo que llevamos juntas, hemos podido aprender mucho unas de otras, y hemos compartido una amplia gama de vivencias personales; Pero aunque hay cierta magia en el modo y las circunstancias en las que fuimos a coincidir y nos fuimos conociendo entorno a los fogones de una cocina compartida, no se trata de un grupo de estudio mágico, y tampoco constituimos un grupo de terapia o autoayuda.

Se pueden mezclar las cosas; puedes disfrutar aprendiendo, y aprender festejando: Lo que no se puede es confundir las cosas. La impresión que me transmiten los “eventos mágicos”, es la de una comida que llena el estómago, que engaña transitoriamente al hambre, pero que en realidad carece de nutrientes. Me niego en rotundo a esgrimir argumentos del tipo “la gente es simple” o “superficial” o “ está en esto ahora porque es una moda y en un tiempo se les pasará”. Que habrá personas que correspondan a esas definiciones es seguro, sin embargo los superficiales seríamos nosotros si nos quedáramos en esta capa, puesto que hay poco más que se pueda hacer que dejarlos seguir su camino, y menos aún que plantearse al respecto. Me interesa más pensar en las personas que buscan, porque hay una necesidad que grita desde su interior, y que empujadas por esa necesidad revolverán incluso en los montones de basura, buscando el brillo que les recuerde aquel que en sus sueños vislumbraron. Aquellos que, si son fieles, llegarán sin duda a ver colmadas sus expectativas.

En muchas reuniones, grupos, talleres, etc. de carácter esotérico el observador atento verá que lo que subyace en la mayoría de asistentes es algo tan simple como la necesidad de socializar. Por eso también, en la mayoría de casos, no prestan la atención necesaria al supuesto objetivo, “no están para lo que hay que estar”. Es cómo cuando uno acumula variedad de problemas personales pero busca una pareja que se los resuelva... o como buscar calcetines en una frutería.
Creo que el problema de base está en no poder dar un nombre a priori a esa necesidad, en la dificultad de discernir cuando las necesidades son variadas y simultáneas, y gritan a la vez creando un estruendo tal que de vez en cuando nos encontramos dispuestos a aceptar cualquier satisfactor, por insuficiente que sea a la larga, con tal que sea capaz de acallar momentáneamente un escándalo de tal medida. Por eso creo que es posible que la “gente” no sea tan superficial como se suele dictaminar desde la superficialidad misma, sino que exista (y perdure) cierta ingenuidad respecto a un sistema que viene a tocar a tu puerta para ofrecerte soluciones a la medida de sus propios intereses, no de esas humanas necesidades de cada cuál, no siempre fáciles de entender, o aceptar.

Me da cierta tristeza pensar en ese tipo de personas que se arruinan pagando a un psicólogo, cuando lo que en realidad necesitan es un amigo (un psicólogo ético se lo hará entender... otro tipo de psicólogos celebrará el haber encontrado un mecenazgo de por vida), o en esas personas que son incapaces de valorar sus propias tomas de conciencia, porque necesitan de un instructor que les de constantemente su aprobación.
Es posible que nos hayan educado en la dependencia de esa aprobación ajena, es posible que hayamos crecido en un ambiente en el que una oficialidad derivada de las mayorías o los convencionalismos conserva para sí, en exclusiva, el valor de lo lícito. Descuidando en cierto modo no sólo aquello que queda en los márgenes, sino nuestras propias impresiones, nuestra imagen en el mismo espejo que un maestro digno de ese nombre nos hará confrontar.

No voy a soltar un discurso sobre el “desaprender”, pero a estas alturas tengo bastante claro que crecer significa replanteárselo todo, muchas veces, hasta empezar a construir unas definiciones propias que nos eviten caer en el engaño. Siempre que una persona descubre y respeta lo que es, sale del camino trazado a ese mismo margen que nos enseñaron a obviar. No se trata de llevar la contraria. Se trata de que estas personas no encajan, así sea por una pequeña muesca, en el diseño que se les dio como reserva, por lo que salir a cazarlos no sale tan a cuenta.
Cuando el entorno que nos rodea carece de los filtros adecuados, no queda más remedio que aprender a construirlos por nuestra propia mano. Darnos tiempo para pensar y analizar aquello que nos sirve, lo que no, y lo que constituye la mejor opción. Decir muchas veces que no, hasta que realmente todo nuestro ser grite el tan esperado sí.