
Bibliografía :
Nowak, David. J./ McPherson, E. Gregory (1993): Cuantificación del impacto ambiental de los árboles, Revista Unasylva nº173.

Cuevas de Ailwee, IrlandaSea verdad o sueño,
obrar bien es lo que importa.
Si fuere verdad, por serlo;
si no, por ganar amigos
para cuando despertemos.
En caso de necesidad, siempre podremos agarrar una de las que vienen con santos y vírgenes y oraciones, etc. y quitárselos. Pero una de estas velas en vaso de cristal, blanca, sin perfume y sin ornamentos puede conseguirse en cualquier supermercado, y nos ahorra este paso de “borrado” que puede ser tedioso. En mi opinión siempre es preferible tratar con materiales destinados a otros usos (cocina, papelería, iluminación, etc.) y consagrarlos por nuestras propios medios, que con aquellos que provengan de las redes de comercio esotérico, que en la mayoría de casos requieren de una limpieza previa consciente antes de poderse usar.
Una vez tengamos nuestra vela, decidiremos los motivos de decoración en función del objetivo o la idea a la que la vayamos a destinar, cuidando de la resistencia al calor de los materiales que vayamos a emplear. Una forma sencilla, económica y “resultona” es emular los farolillos de papel, empleando papel de colores de diferente grosor, por ejemplo, papel de china/ de seda (translúcido) y papel grueso o cartulina (opaco). Envolvemos el cristal con el papel translúcido y recortamos las formas - figuras, motivos geométricos... o un símbolo o un sigil - que queramos en el papel de mayor grosor, de modo que estos “vacíos” quedarán iluminados a medida que la vela se vaya consumiendo dentro del vaso. Obviamente también podemos escribir y dibujar sobre este papel.
Adicionalmente – y esto es algo que aprendimos paseando por el mercado – las velas de vaso se pueden preparar también agregando una pizca de algunas hierbas, especias o perfumes asociados al propósito escogido, siempre que éstos sean lo suficientemente pequeños como para no ahogar la mecha. De este modo, podemos agregar, por ejemplo, pequeñas semillas, hojas de tomillo o romero, canela molida, pétalos secos de rosa - u otra flor- , algunas gotas de aceites esenciales naturales, o incluso de miel. Por regla general, aunque nosotros pongamos este material sobre la vela, al ir fundiéndose la cera, las hojas y demás van acompañando a la vela mientras se consume hasta el fondo del vaso.
Eso sí, hay que tener un poco de cuidado porque, por ejemplo, el romero o los pétalos se quemarán al llegar al fondo y agotarse la cera, de modo que las llamas pueden sobresalir del vaso... Aunque personalmente este "efecto final" me encanta :D
PD: Si somos de los que preferimos que las velas se consuman de una sola vez, con el fin de evitar el riesgo de dañar los muebles, provocar un derrame accidental, o incluso iniciar un incendio, resulta bastante práctico conseguir un caldero o simplemente una olla grande, llenar el fondo de sal o arena y colocarlo en un lugar lejos de cualquier otra cosa (maderas, telas, plásticos, etc), para poder dejar la vela consumiéndose en su interior, sin requerir de nuestra constante vigilancia. En todo caso, y aún cuando estemos vigilando la vela, nunca está de más procurar que no quede cerca de materiales combustibles, o expuesta a corrientes de aire y acordarse de poner un plato debajo – no pocas veces el recipiente transpira la cera caliente, pudiendo manchar o incluso quemar las superficies sobre las que dejamos la vela -.
Todo empezó pensando en cómo adornar la casa, con la idea de realizar una pequeña celebración antes de que cada cuál volviera a visitar el hogar familiar, o, en su defecto, saliera de vacaciones. Porque, aunque no seamos todos paganos en esta casa, después de la experiencia de la confección de nuestro "Altar de muertos", decidimos no dejar escapar ninguna de las celebraciones del ciclo anual. Ciertamente no teníamos demasiado dinero, pero de todos modos comprar un triste árbol de plástico no es algo que hubiese entrado fácilmente en nuestros planes, mientras que conseguir uno de esos pobres abetos talados sin escrúpulo alguno no creo que nos hubiera hecho sentir demasiado bien con nosotras mismas.
Me fui a la ducha, y salí con una idea. Al día siguiente me presenté con un tubo de papel de embalar y unas cajas de tizas de colores: Dibujemos nuestro árbol! Como no somos artistas, en el sentido plástico de la palabra, decidimos apegarnos a esa tradición “parvulístico-kinderiana” que antepone la intención a los resultados, y nos dejamos llevar, disfrutando de la experiencia.
El árbol en el mural
Teníamos un mural enorme en el suelo, y en primer lugar dibujamos un simple abeto, bien grande, con la idea de decorarlo posteriormente añadiéndole algunos adornos. Pero el juego había iniciado, y no nos íbamos a detener en ese punto.
Es imposible evitarlo, cuando empiezas a trabajar con las manos en un ejercicio de libre expresión, algo salta desde lo más profundo de tu ser , poniéndose cómodo en su lugar, y dirigiendo la función. Hay algo significativo en el simple hecho de elegir un color, en seguir un tipo de trazo, en reproducir una u otra forma, una u otra imagen. Pienso en todos esos tests psicométricos, de los que hacen en las entrevistas de trabajo y en lo que dejan escapar, por falseables. Dibuja, lo que sea, dejando atrás el miedo a ser juzgado, y en un momento estarás teniendo una conversación tan íntima contigo mismo que parece hasta indecente que alguien se atreva a fisgonear en ella sin haber sido invitado.
Nos pareció que el entorno del árbol se veía demasiado vacío, y nos repartimos el espacio de modo que cada quién dibujara, según su parecer, un fondo. Estos fondos, no planeados, convirtieron a nuestro árbol en un auténtico axis mundi , que se rodeaba de naturaleza salvaje, áreas rurales y grandes ciudades. El sol partía, temporalmente derrotado, las estrellas brillaban a sus anchas y la luna llena se reflejaba en las aguas. Por decirlo de un modo resumido...
Fueron apareciendo distintos personajes, cada cuál con una historia que fue revelada a su debido tiempo y que, tal vez, cuando empezó a ser dibujada, aún no estaba ahí. En la ciudad, por ejemplo, había dos personas aburridas, un adicto a internet y una adicta a la televisión - concretamente, a “Sex and the city” (!) -, eran vecinos que se ignoraban hasta el día que fueron a coincidir... ahora, para su suerte, se ahorran uno de los dos alquileres y tienen cosas mucho más interesantes que hacer entre ellos.
Por la campiña, fluía un río en el que nuestros peces – muertos hace algunos meses- pueden al fin nadar eternamente felices. Un pastor de la Cavalleria Rusticana toca para sus ovejas, mientras éstas pastan entre flores y nopales -“algo mexicano tenía que aparecer”-. No demasiado lejos, junto al Lago de los Cisnes, se encuentran Clara y el Cascanueces - todo parecido de nuestro Casacanueces con Jacko es pura coincidencia... pero cómo nos reímos-. Poe si alguien lo duda aún, hay estudiantes de música en casa.
Y en la parte salvaje, dónde ya es de noche y reina el silencio, están las montañas nevadas y los bosques, y las cosas ocurren como hace miles de años; la osa duerme el largo sueño del invierno junto a sus cachorros, en la cueva, mientras el lobo vela contemplando el plenilunio antes de llamar a sus compañeros para iniciar la caza nocturna. El ciervo solitario, señor de los bosques, bebe de las aguas nítidas, en lugar de estar corriendo por los cielos tirando de un estúpido trineo sobrecargado.
Añadimos a la lista de materiales un sobre de diamantina -brillantina-, un paquete de papel de colores, un marcador y algunas cosas más que corrían por la casa y decidimos reciclar. Pasamos unas cuantas horas tiradas por el suelo, dibujando, coloreando e imaginando estas historias. Tal vez fuera algo absurdo, pero al mismo tiempo, tenía sentido... Y no pude evitar pensar en cuántos árboles se salvarían de la tala y cuánto disfrutarían los niños si sus familias decidieran tener el tiempo suficiente para hacer esta clase de manualidades con ellos, y lo que llegarían a conocer unos de otros entre cuentos, imágenes y risas.
Decidimos, por otra parte, que si habíamos dibujado el árbol que no podíamos tener, también podíamos dibujar a Mastropiero – sí, por Les Luthiers- , la mascota que no podemos tener. Mastropiero debía explicar, en principio, que este árbol nuestro era más económico y ecológico que los abetos talados, pero finalmente, fiel a la independencia propia del espíritu gatuno, decidió hacernos un favor y cumplir una función de la que hablaré unas líneas más adelante.
Finalmente, decidimos aparecer, junto a nuestras invitadas, en el paisaje. Nos dibujamos como esas antiguas muñecas de papel para recortarnos y pegarnos por ahí. Lo gracioso fue que, cuando encontramos el lugar para instalarnos, encontramos también la casa por la que tanto hemos peleado - y segumos en ello-, como si nos hubiera estado esperando.
Colgamos el mural de la pared y pusimos a sus pies una mesita que contenía un sobre para cada quien, a modo de esos calcetines que en las ilustraciones navideñas cuelgan de la chimenea, y una velita del mismo color (por lo que decidimos que ya no eran necesarias las guirnaldas eléctricas).
Decorando el árbol
Mientras terminábamos el mural empezamos a pensar cómo decorar nuestro árbol. Teníamos sólo una estrella para coronarlo, pero como contábamos con un paquete de papel de colores, uno por cada invitado, lo lógico era hacer una serie de círculos a modo de esferas, para que cada quien las colocara a su gusto.
En algún momento se nos ocurrió hacer de nuestro árbol un acto de agradecimiento. Realmente la idea se hacía cómica, dado que el año que despedimos, en diferentes aspectos y niveles, ha sido bastante malo para todas. Podríamos haber desechado la idea - haber convertido nuestro árbol en una carta de reclamación, por ejemplo - pero, sin embargo, nos pareció un reto que merecía ser enfrentado. Después de todo, lo que importa no es tanto lo que nos sucede, sino lo que hacemos con ello.
Preparamos las bandas: “Gracias 2009”. “Bienvenido 2010” ... y no podía faltar el grandioso lema “Por la expansión del ser!” (*).
Luego preparamos las esferas, las decoramos y las repartimos. Hubo entonces un momento de silencio. No habíamos contado cuántas había para cada persona, pero a todas nos parecieron demasiadas. En un mal año teníamos que encontrar al menos 10 cosas que agradecer... Y las encontramos. De hecho encontramos aún más, y las esferas pasaron a contener más de uno y de dos agradecimientos. Fue algo realmente extraño darse cuenta de todo lo bueno que ,a pesar de las circunstancias, nos había rodeado... y al mismo tiempo nos ayudó a dejar ir todo lo demás, todas las cosas feas, difíciles y dolorosas que habían sucedido. Simplemente, ya habían sucedido. Ahora, estamos bien. Lo celebramos.
Compromisos, objetivos y deseos.
La idea de los compromisos, objetivos y deseos surgió también mientras estábamos terminando el mural. Teníamos una cena, un árbol, un atípico belén... y sólo nos faltaba algo remotamente parecido a la carta a los Reyes Magos. Tal vez por eso Mastropiero decidió que,en lugar de dar un discurso acerca de ecología a nuestros vecinos, podía ser más útil haciendo de mensajero entre nosotros y “Quien corresponda”.
Aprovechamos nuevamente el papel de colores y, cada cuál con el suyo, preparamos tres cartas distintas. La carta de compromisos era para nosotras mismas, un pacto o una promesa que llevar a cabo durante el ciclo que iniciamos. La carta de objetivos contenía aquellas metas que debían ser claramente definidas, sujetas a una fecha y comprobables. Los compromisos y los objetivos tienen en común que sólo pueden depender de nosotros, la diferencia radica en que, por ejemplo, el propósito “ser fiel a mí mismo” no puede ser comprobable al tiempo que sería un poco absurdo darle una fecha, puesto que se refiere a un proceso continuo. Una vez definidos los compromisos y los objetivos, algo que nos obligó a centrarnos, nos soltamos escribiendo la carta de los deseos, es decir, de aquellas cosas que nos encantaría que pasaran pero que, al menos por el momento, no están en nuestra mano o no dependen sólo de nosotros. Una vez estuvo todo escrito, lo volvimos a revisar, por si acaso... Ya se sabe, hay que tener cuidado con lo que se desea. Luego fuimos desfilando frente al árbol, prendiendo nuestra velita, saludando a Mastropiero - que parecía muy ufano en su carácter de espíritu familiar – e introduciendo nuestras cartas en su saco, para que las llevara donde Él-debe-saber.
Por un momento, recordé los viejos textos e ilustraciones que estereotiparon el akelarre (**), y me pareció que empezábamos a parecer más brujas de lo que habíamos pretendido... pero el hecho es que las cosas así salieron.
La Celebración
En general, todo el proceso fue una gran celebración, el estar jugando en el suelo, coloreando, recortando y pegando, preparar esa comida que terminó siendo una cena, escribir y escribir, hablar y hablar... mientras escuchábamos a Loreena McKennitt, los villancicos de la H. P. Lovecraft Historical Society - para muestra ver Carol of the Old Ones o Awake Ye Scary Great Old Ones -, y otros graciosos himnos youtuberos que tantas veces han llegado para rescatarnos del más bajo de los ánimos... Sólo que en algún momento se nos ocurrió también maquillarnos exageradamente ( algo definitivamente más rápido que confeccionar unas máscaras, verdad?), vestirnos "de gala" para la ocasión, hacernos un millón de fotos que no creo que enseñemos demasiado y alocarnos un poco con el baile... Terminamos terriblemente cansadas y felices.
Coincidimos en que habíamos construido, a partir de un simple enorme pedazo de papel de embalar, la mejor fiesta de "Navidad" en la que hemos estado... sin un momento de aburrimiento, sin responder preguntas maliciosas, sin diálogos de besugos, bromas pesadas y, por cierto, sin una gota de alcohol de por medio. Fue como si alguien hubiera escondido un pedazo de “auténtica navidad”; de esa que de pequeños somos capaces de vivir con todos nuestros sentidos, y la reencontráramos como un tesoro. Hicimos muchas tonterías y bromas, sin embargo, no es menos cierto que raramente los adultos conceden tanta importancia o solemnidad a los momentos que las merecen como los niños hacen.
Oficializábamos al mismo tiempo, de este modo, nuestra calidad de familia, no biológica y no típica, pero familia al fin.
Quedaban por rellenar los sobres-calcetín... Unos días más tarde hubo regalos simbólicos, pero lo mejor estaba por llegar. En un principio habíamos pensado en escribir cada quien una nota, algo así como una postal, para introducir en el sobre de las demás, a modo de felicitación o recuerdo. Sin embargo, éstas terminaron por convertirse en auténticas cartas. Y fue genial abrir el sobre y encontrar cartas de verdad, escritas de puño y letra. Quien sabe cuánto tiempo hacía que no recibíamos una de esas. Pero más genial aún fue lo que contenían, ni rastro del tópico “Espero que pases felices fiestas en compañía de tus amigos y familiares” o derivados. Eran palabras personales, cómplices, dirigidas a alguien que solo podía ser uno, palabras capaces de funcionar en el momento más bajo como un escudo, o una vida extra... Definitivamente, no puede haber un mejor regalo que éste.
Postdata
Todo el material empleado nos costó menos de 200 pesos – que al cambio son unos 10 euros – y con eso varias personas pasamos muchas horas de trabajo y entretenimiento. Prácticamente salió solo... No consultamos libros, simplemente nos pusimos a la tarea, con la disposición adecuada, y nos preguntamos a nosotras mismas qué nos apetecía hacer. Literalmente inventamos, sobre la marcha, la dinámica. A veces no necesitas tanto un “terapeuta”, sino un amigo, no necesitas encontrar un "coven" , sino las personas adecuadas. A veces, a fin de cuentas, no necesitas buscar, sino prestar atención a lo que ya está ahí, esperando a que te des cuenta.
Y mientras escribo el artículo viene una de las compañeras y me comenta “Creemos que Mastropiero ha hecho bien su trabajo, ya empiezan a suceder las cosas...”.
Notas:
(*) La expansión del ser : una filosofía sacada de la nada que predica la voluntad de aferrarse a las ganas de vivir, aderezada con una pizca de hedonismo... Como esto deriva en reuniones que incluyen chocolate, crepas, gigantescos platos de pasta y demás, el resultado es que el “ser” se expande... aunque sea horizontalmente.
(**) Para muestra, revisar el clásico de Margaret Murray : "El Dios de los Brujos" (en Scrib), buscando "gato".
Materiales y planos.
Podríamos definir la imaginación consciente como la herramienta que nos permite conseguir nuevos materiales y planos que la “Máquina de Construir la Realidad” que todos poseemos pueda emplear en nuestro beneficio. La imaginación es uno de los punto clave de la magia, y por sí misma puede aportar mucho a la experiencia humana. Es al mismo tiempo parte y e influencia de la realidad existente en nosotros y a nuestro alrededor. Es posible que algo que esté en nuestra imaginación nunca llegue a realizarse en otros planos, pero es improbable, sino imposible, que algo que existe en cualquier rincón de nuestra realidad diaria no pueda ser imaginado, desde los grandes logros a las grandes desgracias.
La imaginación es una herramienta que todos poseemos. Incluso aquellas personas de las que se dice que no tienen imaginación: sí la tienen, pero no la usan de acuerdo con su potencial, simplemente procesan todo el mismo tiempo las mismas cosas, obteniendo idénticos resultados. Es como tener un horno en el que siempre, invariablemente, haces galletas de jengibre. Ocasionalmente las galletas pueden variar de forma, en primavera conejitos de Pascua y en invierno abetos de Navidad, pero la masa siempre será la misma, mismos ingredientes, mismas proporciones, cocinados por tiempo idéntico a idéntica temperatura.
En el otro extremo estarían las personas de las que se dice que “tienen demasiada imaginación”. Éstas pueden tener exactamente la misma cantidad de imaginación que cualquier otra persona, lo que ocurre es que no ejercen ningún tipo de control sobre la misma, de modo que la Máquina va tomando o recibiendo materiales nuevos cada vez, pero al carecer de un esquema o plan con la forma del producto final, realiza combinaciones al azar sin llegar a procesar nada por completo. En este horno se empiezan a cocer todo tipo de ingredientes combinados sin pensar – como una magdalena rellena de paté-, en tiempos y temperaturas distintas que no aseguran si quiera que la masa deje de estar cruda, y mucho menos que sea comestible.
Esto nos da una idea de lo importante qué es la imaginación, pero también de porqué no basta para que las cosas que queremos (o tememos) se realicen. Para que la Máquina funcione de un modo óptimo se requiere de la constancia de darle combustible o energía, mantenimiento y supervisión. Sí, aunque parezca increíble, muchas veces de manera inconsciente estamos dándonos todo este trabajo, cumpliendo los requisitos maravillosamente bien, precisamente para hacer realidad nuestras peores pesadillas.
La Máquina (podemos entenderla también como una cadena de montaje, o una fábrica1) requiere también de planos, mapas, esquemas o programas de ejecución que -por abiertos que queden- permitan que los materiales procesados sean capaces de ensamblarse entre sí de una manera coherente, y cumplir así sus funciones y nuestros objetivos.
Algunos conjuntos de piezas, como gomas o tornillos, pueden ser multifuncionales; Sin embargo son conjuntos de piezas diferentes los que darán como resultado un auto o una lavadora. Si no sabemos qué queremos puede darnos un híbrido entre el auto y la lavadora, aunque posiblemente no resulte demasiado funcional. Si de entrada sabemos que queremos dos o más cosas (siempre, y esto es importante, que no se excluyan mutuamente) simplemente habrá que emplear más tiempo y combustible, y por supuesto fabricar las piezas específicas necesarias para cada una de ellas.
Tener conscientemente un objetivo claro es muy importante, porque entre otras cosas evita que estemos realizando nuestras pesadillas en lugar de nuestros sueños.
Planos y materiales son un símil para hablar de aquellos elementos con los que nuestra realidad está construida. ¿De qué - al parecer, al menos- está hecha la realidad tal como la percibimos en nuestro entorno y en nosotros mismos?
Bien, en primer lugar tenemos un plano físico, que percibimos a través de nuestros sentidos2. De alguna manera que desconozco y que seguramente sea muy complicada de explicar, estas percepciones físicas pueden emularse en nuestra imaginación. Podemos recordar, recreando en nuestra imaginación imágenes y sonidos, así como olores, sabores, texturas, temperaturas, etc. Los fenómenos físicos como vibraciones, químicos, etc. no están presentes en el momento en el que recordamos, pero el efecto de los mismos en nuestra percepción se almacenó como información/material disponible en nuestra imaginación. Por lo tanto, cuanta más atención prestemos al momento en el que se produce la percepción, más información y más nitidez al respecto guardaremos en la memoria, quedando disponible para el uso que posteriormente quiera darle la imaginación.
También desarrollamos una parte de nuestra existencia en un plano no físico3. Me refiero a aquellas partes de nosotros cuya existencia no podemos negar, pero que no podríamos ubicar en una realidad física; Por ejemplo, la conciencia de nosotros mismos, las emociones, o las ideas. Ciertamente esas cosas no existen de la misma manera en que puede existir una mesa de jardín, que es básicamente visible y palpable para todo el mundo. Algo nos dice que existen “dentro” de nosotros y por lo tanto empleamos metáforas como “mente” o “corazón”, a pesar de saber perfectamente que si abrimos físicamente la cabeza de alguien no van a caer al suelo sus ideas como si se tratara de un "huevo kinder" o una piñata.
Estos otros elementos no-tangibles o no-visibles de nuestra realidad también son susceptibles de ser empleados por la imaginación. En el discurrir normal de nuestros pensamientos podemos recordar, proyectar o fantasear emociones como enojo, calma, enamoramiento, etc. También podemos irnos al campo mental y planear, tratar de entender un concepto, dar vueltas a una idea, o buscar símiles tratando de expresar lo que queremos decir.
Todas esas cosas pasan constantemente en nuestra realidad, en nuestro entorno y en nosotros mismos, y son susceptibles de dejar un núcleo de información en la memoria que nuestra imaginación puede usar posteriormente como materiales y planos para la Máquina. Este es un proceso que no necesitamos aprender, porque viene de serie con el ser humano. Ahora bien, si tenemos una idea de lo que queremos que la Máquina construya, y la voluntad necesaria para hacernos cargo desde la conciencia de algunos pasos del proceso de fabricación, debemos empezar por seleccionar la planificación (o, dicho de otro modo, el cauce por el que las cosas pueden discurrir hasta llegar al destino deseado) y la materia prima que más convenga a nuestro proyecto.
El primer paso, por lo tanto, será tomar conciencia de cuáles son los materiales y planos que poseemos en los almacenes de nuestra imaginación y cuáles estamos empleando en realidad. Así podremos decidir si son los que más nos convienen, si hay que cambiarlos por otros o simplemente introducir alguna modificación.
Muchos de ellos no están ahí porque nosotros, conscientemente, los hayamos ido a buscar primero y guardado posteriormente. A medida que nos adentramos en estos almacenes podemos darnos cuenta de que la mayor parte de su extensión no es un recinto privado: Nuestra cultura, nuestra sociedad, tradición, etc. se ha encargado por muchas generaciones antes de que nosotros llegáramos al mundo de guardar grandes cantidades material y planos en los almacenes comunes de la imaginación humana, con los que está comunicado cada almacén de imaginación individual (en el que, dicho sea de paso, nuestro entorno humano también ha ido guardando planos y materiales). Por lo mismo, pronto descubriremos que existen grandes cantidades de muchos y variados tipos de material y planos disponibles para esa Máquina de Construir la Realidad, aunque el almacén comunitario sea tan grande que algunas salas hayan sido olvidadas o descuidadas, y al llegar nosotros las encontremos desordenadas, sucias o destruidas.
Lo segundo que percibiremos es el contraste entre esas grandes y variadas cantidades de material y planos existentes, y lo reducido de los recursos con los que estamos dejando trabajar a nuestra Máquina. Esto puede provocar una sensación incómoda, que no es exactamente la misma que sentirse pequeños en un universo gigantesco, sino que se aproximaría más a la de vernos encerrados en un círculo de tiza o una jaula de papel en algún punto de una vasta y paradisíaca pradera. Si es sólo tiza, o papel, ¿cómo pueden retenernos? Bien, posiblemente porque desde dentro no parece precisamente tiza o papel, sino acero y cemento o cualquier otra cosa difícil de romper. También esto tiene una utilidad; Cuando lo que está fuera no es precisamente una pradera paradisíaca, sino un desierto plagado de demonios depredadores, la jaula se convierte en un refugio y agradecemos que esas líneas parezcan realmente fronteras inquebrantables. Los escenarios que encontremos al otro lado de las fronteras de lo conocido y habitual son también influidos por nuestra imaginación, así como las mismas líneas que se encargan de delimitar ambos territorios son gestionadas por ella.
NOTAS:
1 Ni idea de cómo explicaría esto si hubiera nacido antes de la Revolución Industrial. Por algo uso el término Postpaganismo.
2 Los sentidos se pueden definir como las percepciones debidas a un tipo de célula sensorial que responden a una energía física específica, y que corresponden con una zona específica del cerebro donde se interpretan las señales. Así, por tanto, a los sentidos aristotélicos - tacto, olfato, gusto, oído y vista- hay que añadirle otros cuatro, al menos. Termocepción, que es la percepción de la temperatura, Nocicepción, que es la percepción del dolor. Se distribuye en tres tipos de receptores: Viscerales, para los órganos internor; somáticos, para los huesos y articulaciones; y cutáneos, para la piel. Equilibriocepción: que es la percepción del equilibrio. Propiocepción: que es la percepción de la posición de cada una de las partes de nuestro cuerpo. http://culturatrivial.blogspot.com/2007/10/cuantos-sentidos-tenemos.html
3 Esta afirmación tiene propósitos de simplificación. Obviamente, si profundizamos en el tema, encontraremos muchos estudios e investigaciones tratando de descifrar en qué momento y lugar se producen los cambios químicos, eléctricos, etc. que dan origen, por ejemplo, a nuestras ideas.
