Mostrando entradas con la etiqueta postpaganismo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta postpaganismo. Mostrar todas las entradas

lunes, 7 de febrero de 2011

Naturaleza y ciudad


Jardines colgantes de Babilonia, Martin Heemskerck, s. XVI


Entre las creencias que asimilamos socialmente y que, por lo tanto, raramente llegamos a cuestionar, se encuentra aquella de que el habitante de la ciudad es completamente ajeno a la naturaleza. Persiste, en algún lugar de nuestra mente el mito del “paraíso virgen”, y nos dejamos encantar por las imágenes idealizadas en las que, sospechosamente, no existen ni el frío ni el calor extremos, insectos o parásitos o aguas insalubres. Sentimos que para reencontrar la Naturaleza debemos escapar del asfalto porque aceptamos sin demasiada resistencia la pretendida oposición de lo artificial ante lo natural, junto con la idea subyacente que el cuidado medioambiental se opone al progreso y que, por lo tanto, los daños al entorno son inevitables en beneficio de las comunidades humanas.

Todas las culturas han transformado el emplazamiento geográfico que habitaban, ya sea incluyendo construcciones habitacionales, zonas de cultivo o parques industriales. Incluso han incidido sobre otras especies animales y vegetales, no sólo haciéndolas desaparecer del planeta, sino dando lugar a sus variantes domésticas. Cualquier paraíso virgen puede convertirse en un auténtico infierno para el humano actual, porque el principal sistema de adaptación de nuestra especie no es físico, sino cultural; la capacidad de pensar y encontrar nuevas soluciones, si bien es un hecho que las posibilidades de este sistema con frecuencia no son aprovechadas.

No es necesario ir a ningún lugar a buscar la naturaleza, porque formamos parte de ella. Dicho sea de paso, tampoco podemos escapar de ella, ni podemos crear una burbuja donde lo que la afecte no nos afecte a la vez a nosotros.

Cuando empezamos a valorar la presencia de espacios naturales en las ciudades y tomamos conciencia de la biodiversidad que pueden albergar, alteramos nuestro mapa mental al respecto, y nuestra propia ubicación dentro del mismo. Si seguimos los hilos que nos enlazan con el resto de especies presentes en nuestro entorno inmediato comprenderemos que no deberían ser considerados un ornamento accesorio.

A menudo no somos conscientes de lo que la vegetación hace por nosotros en las ciudades, sin embargo, dadas las previsiones acerca del cambio climático, su importancia irá en incremento. Por ejemplo, uno de los problemas derivados del hábitat urbano es el efecto “isla de calor”, provocado por la liberación nocturna del calor acumulado durante el día por los edificios y el asfalto, lo que se traduce en una mayor demanda de agua y energía, aumentando la contaminación ambiental (y sus efectos sobre la salud humana). La vegetación urbana no sólo ayuda por encima de otras medidas a mitigar este problema, regulando la temperatura y la humedad, sino que constituye el único sumidero natural de gases de efecto invernadero de las ciudades. También nos protege de la contaminación acústica, y es especialmente relevante en la mejora de la calidad del aire al interceptar, a través de las hojas del arbolado, una gran cantidad de partículas contaminantes.

Hay muchas razones físicas para promover los espacios verdes en la ciudad, pero también las hay psicológicas. Stephen Kaplan definía los entornos restauradores como aquellos que favorecían “la recuperación del equilibrio psicológico y la vuelta a una situación de congruencia entre la persona y el ambiente”, contando entre ellos los espacios verdes urbanos, capaces de interrumpir el reclamo constante de atención al que es sometido el habitante de la ciudad. La sensación de proximidad a la naturaleza nos relaja y reconforta, la posibilidad de detenerse a contemplar, por ejemplo, un árbol mecido por el viento, o a escuchar el murmullo de un curso de agua, se traduce en un cambio de ritmo, en un estado mental más tranquilo y positivo. Nos recuerda que hay algo más allá de nuestro pequeño mundo de obligaciones, preocupaciones, deseos o metas. Nos recuerda incluso que el tiempo puede discurrir a una velocidad distinta de aquella que pretendemos imponernos; Que el invierno, la primavera, el verano y el otoño se suceden y que nuestros cuerpos y nuestras mentes aún están íntimamente relacionados con ese ciclo.

Dicho de otro modo, la población humana es el principal beneficiario de la integración de especies vegetales en el medio urbano, toda vez que éstos contribuyen a disminuir los daños causados al resto del medio ambiente.

Otra cuestión que a menudo no se plantea es que la misma necesidad de “huir” de las ciudades es la que lleva a la reducción de las áreas naturales salvajes incidiendo negativamente sobre las especies animales y vegetales que las habitan. Queremos ir al bosque, pero necesitamos un coche u otro medio que nos lleve a él, carreteras por las que nuestro vehículo se pueda desplazar, zonas de acampada, albergues u hoteles con áreas de recreo para los niños y piscinas, infraestructuras para proporcionar electricidad, gas, agua corriente, etc. Todo lo cual reduce y amenaza el área a la que queremos desplazarnos para “reconectar” con la naturaleza. Si “escapamos a la naturaleza” en estas condiciones, es como si decidiéramos ir a visitar a un familiar lejano porque nuestra casa está demasiado sucia, y además lleváramos un par de bolsas de basura de regalo.

Nuestras ciudades deberían ser lugares lo suficientemente buenos para poder ser habitados, dada que esa es su función principal. Es un trabajo para todos los que vivimos en ella. Para que la naturaleza urbana pueda no sólo convivir con nosotros, sino ayudarnos a vivir mejor, es necesaria la elaboración de diseños urbanístico eficientes que tengan en cuenta las características y necesidades de las especies a introducir. Es decir, tomar conciencia de la importancia de integrar estos elementos en la infraestructura urbana, en lugar de buscar cualquier cosa verde para rellenar un espacio “vacío”.

Los espacios naturales se han situado tradicionalmente en parques y jardines, pero también pueden encontrar un lugar adecuado en otras ubicaciones como calles, plazas, balcones, patios y terrazas. Esto significa que, al margen de las decisiones políticas acerca del diseño urbanístico de nuestra ciudad, siempre nos quedará al menos una ventana para hacer nuestra contribución a la causa. No hace falta que seamos unos especialistas en el cultivo, podemos empezar por poner algunas plantas en nuestro balcón, y preguntar cuántas veces hay que regar durante la semana. Si la cosa nos gusta, podemos aventurarnos a sembrar nuestras propias especias, o con la creación de un pequeño huerto. Aprender de ello, y enseñar después a otros, porque aunque hay muchas personas que llevan años dedicadas a este tema para que las opciones que han elaborado encuentren una vía de realización es necesario que previamente se produzca un cambio de mentalidad general, una demanda de las mismas. Que creamos que podemos vivir mejor en nuestro entorno inmediato, sin necesidad de huida, y que no nos conformemos con menos.



Bibliografía :



Fariña, José (2011) : El blog de José Fariña (2011)

Fariña, José (2000) : Naturaleza Urbana

Figueroa, M.E. , Redondo, S. (2007): Los Sumideros naturales de Co2, Ed. Universidad de Sevilla.

Nowak, David. J./ McPherson, E. Gregory (1993): Cuantificación del impacto ambiental de los árboles, Revista Unasylva nº173.



viernes, 26 de noviembre de 2010

Solsticio


Reconduzcámosla poco a poco, la vida,
poco a poco y con mucha confianza,
no por los viejos senderos ni por atajos
grandilocuentes, sino por el discretísimo
camino del hacer y deshacer de cada día.
Reconduzcámosla con dudas y proyectos,
y con torpezas, anhelos y desfallecimientos,
humanamente, entre ruido y angustias,
por la cuenca de los años que nos corresponde vivir.


En soledad, pero no solitarios,
reconduzcamos la vida con la certeza
de que ningún esfuerzo cae en tierra estéril.
Llegará el día en que alguien beberá a manos llenas
el agua de luz que brote de las piedras
de este tiempo nuevo que ahora nosotros esculpimos.


Miquel Martí i Pol,
L'àmbit de tots els àmbits (1980)

"Kamilah", retrato de la madre de Khalil Gibran realizado por el autor
al fondo se encuentra el relieve asirio de la leona herida (palacio de Nínive).

martes, 16 de noviembre de 2010

El Descenso

Cuevas de Ailwee, Irlanda


El umbral puede aparecer tanto en lugares y fechas recurrentes, como en otros en los que tal vez nunca antes estuvo. Lo cruzamos: A veces, como un valiente acto de voluntad consciente; Otras por rendición, cuando dejamos de resistirnos a un llamado que aunque tal vez no pudiéramos definir con exactitud resulta lo suficientemente explícito como para provocar nuestro temor. También en ciertas ocasiones el descenso inicia sencillamente por distracción, sin imaginar que, de un momento a otro, nos veremos sumergidos en una realidad que no respeta el mismo orden de cosas que nuestra mente se ha acostumbrado a atribuir al mundo.

En rarísimas ocasiones sabemos qué nos espera y, sin embargo, independientemente de aquello que nos ha llevado a cruzar la delgada frontera, una vez nos encontramos en el camino que discurre al otro lado, una parte de nosotros parece conocerlo a la perfección. Y se ve inundada por la alegría propia de aquel que regresa al hogar después de una larga ausencia, a pesar de nuestro lamento por aquello que debemos dejar atrás.

A menudo, al hablar de la muerte, se dice que no podemos llevar nada material con nosotros. Sin embargo, se omite el hecho de que hay mucha carga inmaterial de la que también será necesario prescindir incluso en estos intermedios vitales, incluso mucho antes de nuestra partida definitiva: emociones, ideas, patrones o estructuras que a medida que nos aproximemos a las profundidades se debilitarán y perderán, en más una ocasión, el sentido que una vez les dimos.

Mientras descendemos a través de las capas con las que hemos envuelto nuestro ser último para sobrevivir bajo el cielo, entendemos que elegimos una determinada manera de concebir el mundo, una determinada manera de interpretar la realidad que nos circunda, incluyendo a los demás, incluyéndonos a nosotros mismos. Y como en el antiguo mito del descenso de Inanna al Inframundo, es necesario que nos desprendamos de cada una de nuestras joyas, de nuestras telas, y de nuestra carne, de todo aquello a lo que nos aferramos... Hasta llegar a ese nivel en el que no reconoceríamos nuestra imagen si alguien nos pusiera un espejo delante para que pudiéramos ver la realidad de lo que somos, en lugar de aquello que creemos - que tal vez siempre hemos creído- ser.

A medida que descendemos más y más nos acercamos a ese seno en el que las cosas pierden su nombre y yacen, latentes, posibilidades sin límite. Por un momento, podremos ver todas las mentiras que nos hemos obligado a creer, por un momento seremos liberados de todo aquello que hemos acumulado de modo innecesario - que siempre es más de lo que creemos-.

En ese momento se nos permitirá preguntarnos acerca de lo que realmente queremos de nosotros mismos, del tiempo de vida que nos ha sido concedido: Ninguna excusa será permitida. Entenderemos que es una posibilidad real que se nos da a elegir. Iniciaremos el regreso.
La experiencia puede resultar difícil de digerir. Una vez en el mundo de la superficie, en no pocas ocasiones nos haremos a la idea de que sólo fue un momento extraño y lejano como un sueño. Nos convenceremos que la hermosa imagen que devolvía el lago no era la nuestra, que todos los patos y las gallinas del mundo tienen razón: los cisnes no existen y, aunque existieran, nosotros no seríamos uno de ellos.

A pesar de haber sido capaces de auyentar temporalmente los temores, las dudas, las mentiras, las excusas y el resto de ruidos que habitualmente pueblan nuestra mente no es raro que los dejemos volver a entrar, que, de hecho, los llamemos desesperados para que regresen y todo vuelva al orden habitual, por incómodo que éste sea.

Después del Descenso, podemos negar o aceptar la experiencia, pero no la olvidaremos. Por ello puede tanto liberarnos del sufrimiento como aumentarlo... Una y otra vez nuestra alma se asomará a las grietas de nuestra realidad construida, susurrándonos que hay siempre algo de artificial en ella, tratará de arrastrarnos a ese medio que conoce y añora, como un perro tira de su correa para acercarse a aquello que llama su atención, aunque no se lo deje ir.
Sin embargo, cuando se ha visto lo que a su debido tiempo todos pueden ver, y se ha empezado a comprender, la vida puede volverse algo mucho más sencillo y satisfactorio. Ciertamente ya no podremos usar el recurso a las culpabilidades ajenas y las excusas de cualquier tipo, pero adquiriremos las cualidades de un ser enteramente responsable y creador, con el derecho y el deber de elegir que va a hacer con su vida y llevar a cabo este proyecto con éxito.

martes, 24 de agosto de 2010

Hermandades


Campfire Site, Yosemite (~1873), Albert Bierstadt



La literatura mágica está plagada de alusiones a sociedades, cofradías o hermandades, más o menos secretas, pero siempre prometiendo el acceso a los privilegios de formar parte de un círculo cerrado que envuelve a unos pocos individuos y excluye al resto de los - pobres- mortales. Como existe cierta tendencia a confundir la forma con el contenido, muchas personas se lanzan a la búsqueda de un grupo con la intención de acceder a conocimientos o prácticas ocultas, o tal vez incluso con la negada intención de reafirmar su identidad y satisfacer su necesidad de pertenencia.

Sin embargo, así como no resulta demasiado provechoso tomar la cáscara y desechar el fruto - que no sólo es el alimento sino la razón de ser de la cáscara-, las imitaciones de aquello que no se ha llegado a comprender permanecen condenadas de antemano a la esterilidad. Una caja vacía puede estar cerrada por tres candados, pero seguirá estando vacía.
Del mismo modo, podemos llamar a las cosas como queramos; Ellas nos responderán siempre siendo lo que son. Un individuo no será nuestro "hermano" por que decidamos etiquetarlo bajo esa denominación, sino por el vínculo recíproco que nos une a él, los momentos compartidos, la calidad de su presencia en nuestras vidas. Y puesto que en cada vínculo que nos enlaza a otra persona existen infinidad de ramificaciones que escapan de nuestra comprensión o control consciente, no basta con reunir personas bajo un mismo lema, ideal o propósito: No basta pero, al mismo tiempo, puede ser innecesario.

Independientemente de dónde procedan, de cómo los hayamos conocido, o de qué nos una a ellos, nuestros hermanos son aquellos con los que reímos sin restricciones, pero lloramos lo justo. Aquellos que nos escuchan con atención, pero respetan nuestro silencio. Aquellos de los que aprendemos o junto a los que descubrimos algo que no sabíamos, y son capaces de recordarnos aquello que, aún sabiendo, a ratos se nos olvida. Los que confían en nosotros a pesar de las circunstancias más oscuras, y nos quieren tal como somos, a través de nuestros cambios. Aquellos que saben cuando cobijarnos en un abrazo, y cuando dejarnos ir. Aquellos que habitan en nosotros a pesar del tiempo y la distancia; Aquellos que otros llegarán a conocer a través de nuestros propios gestos.

En la Rede Wicca y en algunos rituales de iniciación, se usan las palabras "Perfecto amor y confianza perfecta": No deberían considerarse un elemento de relleno u ornato, ni una buena intención o un ideal inalcanzable, sino una auténtica joya de transformación. Pues cuando a través de nuestras relaciones personales alcanzamos o, al menos, somos capaces de percibir cómo nos acercamos a esos amor y confianza perfectos, comprendemos que éstos irradian hacia todo aquello con cuanto nos relacionamos, y que esto es sólo el principio del resto de una vida que no volverá a ser la misma.

Lamentablemente en muchos círculos de "hermanos" proliferan sin control las competencias, ansias de poder, envidias, rumores malintencionados, etc. de modo que, en caso que algo valioso pudiera conservarse en ellos, sería extraño que no llegara a contaminarse. Por esto, antes de pensar en buscar, o crear un coven, grupo de estudio o cualquier otra forma de agrupación, sería preciso haber aprendido a estar solos y respetar lo que somos, así como ser conscientes en la medida de lo posible de los modos en que elegimos vincularnos a aquello que nos rodea.

Una vez hayamos sido capaces de construir una relación de calidad con nosotros mismos, llegarán a nosotros - desde dondequiera que se encuentren - las personas más indicadas para acompañarnos en nuestro viaje, ya sea por una temporada, ya sea por toda una vida. Lo importante es que, como si nos halláramos de nuevo en los orígenes de la humanidad, compartimos con ellos la hoguera con la que se construye un primitivo hogar, el fuego que nos da calor y protección, descubriendo el velo de la oscuridad, sobre el que se prepara el alimento y entorno al cual se tejen por igual trabajos e historias.

Lo cierto es que así como no necesitamos escalar la montaña más alta para encontrar el anciano con la barba más larga para encontrar un sabio, tampoco es necesario poner constantemente a prueba a nuestros congéneres para evaluar la autenticidad o los límites de su lealtad (o paciencia). Cualquier persona puede ayudarnos a aprender más de lo que en un primer momento podríamos sospechar, siempre que prestemos la suficiente atención, siempre que estemos dispuestos a realizar el trabajo necesario para responder a su presencia entregando lo mejor de nosotros.

La hermandad no se fabrica; se reconoce.

lunes, 23 de agosto de 2010

Dominios al aire

Más o menos desde el viernes Perroaullador y Postpaganismo vuelven a estar disponibles en la red. Disculpas por no avisar antes, estuve algo ocupada estos días... Pronto, más novedades :)

Gracias.

jueves, 1 de julio de 2010

Técnicas Prosaicas


A lo largo de nuestro desarrollo como practicantes de magia de vez en cuando descubrimos por casualidad algunas cosas (explicaciones, actividades...) que nos funcionan y proveen resultados efectivos, llegando a adoptarlas como prácticas o ejercicios personales. Sin embargo, debido precisamente a este carácter informal o inusual, el hecho de tratar de comunicar nuestra experiencia a otros puede resultar complicado al enfrentarse con la posibilidad de que nuestra nueva técnica parezca "poco seria" o incluso "ridícula".

El practicante debe estar dispuesto a probar nuevas prácticas, métodos y sistemas en el ententido que siempre pueden mejorar aquellos que ya conoce y emplea, además de la posibilidad de abrir nuevas áreas de comprensión acerca del funcionamiento de la magia y , sobretodo, de sí mismo. Uno no practica para generar opiniones en otros y, de hecho, debería reusarse a que estas opiniones pudieran tener otra función que la de completar o mejor la práctica en sí.
Un mago, o brujo, debería ser consciente de la gama de posibilidades que se halla a su disposición, y tener como objetivo la mejora y el aprendizaje constante, en lugar de dejarse llevar, desviandosedel objetivo, a esos engañosos momentos en los que se espera que una autoridad externa quiera venir a avalar cada uno de nuestros pasos, o en los que caemos en el engaño de creer que no queda nada nuevo por descubrir, que todo ha sido dicho o hecho.

Nuevamente, no se trata de lanzarse a la experimentación de un modo temerario, sólo por "ver qué pasa", sino de aprender a reconocer entre lo que nos funciona, por estúpido que pueda parecer, y lo que no funciona, por muy respaldado que esté.
Se trata también de confiar en la experiencia, de ser sinceros con nosotros mismos a la hora de evaluar nuestros resultados, de comprender que hay múltiples vías para llegar a un objetivo y que no hay que espantarse si llega ese momento en el que podemos asegurar que algo funciona pero no sabemos exactamente porqué o cómo lo hace.
En última instancia, se trata de mantenerse frescos, receptivos, de no caer en posiciones prejuiciosas que no hacen otra cosa que obstaculizar un camino que podría ser mucho más sencillo si pudiéramos liberarnos de esa carga, ni en actitudes defensivas (debo caer bien, debo cuidar lo que digo... para que me consideren Z o no me consideren Y ) que no son otra cosa que la otra cara de la moneda de una actitud personal ofensiva contra nosotros mismos.

lunes, 22 de febrero de 2010

Respeto a la Naturaleza, como modo de vida

Hace unos días estaba preparando un texto sobre los efectos ya presentes del calentamiento global. Al mismo tiempo, iba contrastando la información recopilada con los titulares que hablan del avance en la opinión pública del negacionismo hacia el cambio climático, a raíz del desprestigio por mala práctica en el que parecen haber caído algunos de los investigadores de la cuestión.

Parece más fácil confundir el todo por la parte, y tratar de invalidar por un puñado de personas el trabajo de tantas otras, que dejarse guiar por el sentido común que nos dice que la comunidad científica no deja de ser humana, y que habrá errores en su seno, partidismos, y casos de corrupción. El método científico funciona también para corregir los errores de recopilación de datos, o de interpretación de los mismos, por lo que el tiempo pondrá a cada cuál en su lugar... El sensacionalismo no debería considerarse parte de este mecanismo de autoregulación. Y sin embargo, ahí está el fuego cruzado de acusaciones, intereses económicos en conflicto, y la publicidad... demasiada publicidad.

Mientras una pequeña parte la humanidad se reune y discute acerca de lo que se puede permitir hacer al respecto o incluso si se está dando o no ese "calentamiento global", se siguen perdiendo espacios (y recursos) naturales, que ven alteradas las condiciones que permitieron durante cientos o miles de años la existencia de la flora, la fauna, y también de las comunidades humanas que han albergado o aprovisionado históricamente.
A muchos de los que se sientan a discutir, el impacto del fenómeno no les ha llegado a afectar directamente, no se enfrentan en su cotidianidad a problemas como el bajo rendimiento de las cosechas, ni mucho menos a la escasez de comida o agua, tampoco viven en aquellas zonas del planeta en las que el riesgo de la aparición o del recrudecimiento de fenómenos climáticos extremos y desastres naturales suponga un aumento en las tasas de mortalidad de la población general. Sin embargo, esos efectos los padecen no sólo un número elevado de especies vegetales y animales, sino otros humanos que, lamentablemente, no tienen acceso a esos foros internacionales, ni el poder suficiente como para adoptar las medidas que ya requieren, cada vez con mayor urgencia, para poder seguir subsistiendo. Son las mismas personas cuyas vidas se extinguen a diario como la llama de una vela; sin hacer ruido y sin que a nadie le importe demasiado.

Cuanto más me adentro en el mundo de la ecología, más fascinante me parece el estudio de las relaciones entre los seres vivos y el entorno que habitan. Muchas de estas relaciones son casi invisibles, hilos finos y delicados perfectamente dispuestos en un enorme tapiz en el que todo tiene un sentido de ser. Un tejido resistente a los cambios, y sin embargo adaptable; Un tejido que lucha sin tregua por encontrar la manera de recuperarse cuando un puñado de estos hilos se rompe, aún cuando parte del mismo se empeñe en tratar de rasgarlo, dañándose a sí misma. El desconocimiento que albergamos respecto a este conjunto del que formamos parte, me parece similar al que tenemos respecto a nuestro propio cuerpo y su funcionamiento, cuyo conocimiento dejamos en la mayoría de casos a los médicos. Otros mundos que están en éste, por encima y por debajo de la medida humana, ignorados por la gran mayoría aún cuando nos conforman y los conformamos; Otros mundos que antes de ser abordados por la ciencia lo fueron por la magia y la sabiduría tradicional. Algo que me hace pensar de qué están hechos los misterios y si las cuestiones que nos planteamos son las correctas... Si preguntamos en la búsqueda del conocimiento o sólo para deleitarnos en el trazo de la curva del signo de interrogación. Dejándonos engañar por la ilusión de que lo familiar no posee el mismo poder de atracción de lo lejano perdemos también la visión profunda acerca de lo que somos y lo que es el mundo que habitamos, del punto hasta el que estamos relacionados.

Recuerdo a menudo "La Vida es Sueño", de Calderón de la Barca, como un poderoso referente ético: En el momento en el que Segismundo no sabe si sueña o está despierto, la opción que toma es la de comportarse correctamente en cualquier caso;

Sea verdad o sueño,
obrar bien es lo que importa.
Si fuere verdad, por serlo;
si no, por ganar amigos
para cuando despertemos.


A nadie le gusta sentirse engañado, a nadie le gusta que se juegue con sus buenas intenciones, o que sus esfuerzos sean en vano, porque el fruto de los mismos es hurtado para abarrotar las mesas de los banquetes de gente sin alma. Respecto a la cuestión del cambio climático, como respecto a tantas otras, por un lado es posible que nunca sepamos que tanto hay de cierto, y por otro, es seguro un esfuerzo o acción individual no "salvará" el mundo. Sin embargo, creo que es importante entender que nada se pierde por obrar correctamente.

También puede observarse la cuestión desde el sentido común. Resumiendo mucho, el calentamiento global que provoca el cambio climático se supone producto del incremento en la emisión de gases de efecto invernadero a la atmósfera, en su mayoría procedentes de la quema de combustibles, como el petróleo o el carbón, y la reducción o alteración de los elementos naturales que absorben estos gases, como los bosques, o los arrecifes de coral. Por más que todo lo referente al calentamiento global fuera falso, sabemos que las fuentes de estos combustibles no son infinitas, y que para mantener nuestros niveles de vida debemos encontrar fuentes alternativas de energía. Y por más que el cambio climático fuera un fenómeno natural y el hombre no tuviera nada que ver con ello, seguimos necesitando bosques y otros espacios naturales para sobrevivir. Por más que ni el calentamiento global ni el cambio climático sean ciertos, seguimos teniendo problemas de abastecimiento de agua potable para la producción, las labores agro-pecuarias y el consumo humano, y seguimos necesitando hacer todo lo posible para que las tierras de cultivo sigan siendo fértiles a fin de no menguar la producción de alimento que requiere una población cada vez mayor. Por lo tanto, por más que todo fuera una gran mentira, muchas de las medidas que se sugiere adoptar para mitigar los efectos presentes y previstos a medio y largo plazo del cambio climático benefician al hombre y al entorno en cualquier caso, y desde el momento en que se empiezan a aplicar.

Sin embargo, más allá de esta observación de sentido común, creo también que este reencuentro con la naturaleza, el conocimiento de sus ciclos, el modo en que todo está entrelazado, y también del papel que nosotros como seres humanos tenemos en ella no debería verse sólo como un listado de posibles soluciones para un listado de posibles problemas, sino como un modo de vida que elegimos por convicción, sin esperar nada a cambio. Este camino, que no necesariamente implica grandes y terribles sacrificios personales, tiene beneficios tanto para nosotros como para nuestro entorno, pero si lo tomamos es porque consideramos que es lo correcto, porque tiene un sentido más profundo y relevante que el utilitarismo en el que hemos sido instruidos. Si otros obran mal, no es nuestra culpa, en la medida que no podemos elegir por ellos... Pero en cambio, sí depende de nosotros ( y exclusivamente de nosotros) el que permitamos o no que las malas acciones ajenas condicionen las nuestras.

Creo sinceramente que para el paganismo, o el postpaganismo, esta es una cuestión de suma importancia. Ser herederos del paganismo hoy día significa que no podemos dar la espalda a los temas que nos conciernen... Menos aún si pensamos en la cantidad de hombres y mujeres en el mundo que creen que el hombre es la cúspide de una creación inteligentemente diseñada y puesta a sus pies, para que la destrocen a su antojo. Es ingenuo pretender que conservamos todo el conocimiento que los antiguos hombres y mujeres sabios pudieron compilar en su tiempo acerca de la naturaleza, pero es estúpido no usar las herramientas que nosotros tenemos a nuestro alcance, en nuestro propio tiempo, para mostrar el respeto que debemos a la Naturaleza, aún cuando aquellos que se lo han perdido nos digan que no va a servir de nada.

lunes, 8 de febrero de 2010

Linternas con "velas de vaso"

Una vez hecha toda la reflexión acerca de Las Luces de Imbolg, este año decidimos ir un paso más allá de la consagración de velas y preparar unas linternas/faroles, más acordes con el tema del ascenso desde el Inframundo.

Para el proyecto, en lugar de trabajar con velas “largas”, requeríamos de “velas de vaso”. Más gruesas y duraderas, éstas se comercializan dentro de un recipiente de plástico o cristal, pudiendo tener también varios colores y perfumes. La ventaja de esta presentación, especialmente si el recipiente es de cristal, es que la llama queda protegida y la cera no se derrama a su antojo.

En comercios esotéricos, o a las puertas de ciertas iglesias, en el recipiente de estas velas se incluye en ocasiones imágenes de santos o vírgenes, o incluso “oraciones” con fines específicos. Y esta será la idea a explorar a la hora de preparar nuestras linternas; un forma más sencilla, segura y económica de personalizar/consagrar velas que la que supone tratar de fabricar desde nuestras propias velas, que ofrece, sin embargo, un abanico de posibilidades creativas mayor que el hacerlo simplemente ungiendo en aceite o gravando sobre la superficie de velas compradas.

En caso de necesidad, siempre podremos agarrar una de las que vienen con santos y vírgenes y oraciones, etc. y quitárselos. Pero una de estas velas en vaso de cristal, blanca, sin perfume y sin ornamentos puede conseguirse en cualquier supermercado, y nos ahorra este paso de “borrado” que puede ser tedioso. En mi opinión siempre es preferible tratar con materiales destinados a otros usos (cocina, papelería, iluminación, etc.) y consagrarlos por nuestras propios medios, que con aquellos que provengan de las redes de comercio esotérico, que en la mayoría de casos requieren de una limpieza previa consciente antes de poderse usar.

Una vez tengamos nuestra vela, decidiremos los motivos de decoración en función del objetivo o la idea a la que la vayamos a destinar, cuidando de la resistencia al calor de los materiales que vayamos a emplear. Una forma sencilla, económica y “resultona” es emular los farolillos de papel, empleando papel de colores de diferente grosor, por ejemplo, papel de china/ de seda (translúcido) y papel grueso o cartulina (opaco). Envolvemos el cristal con el papel translúcido y recortamos las formas - figuras, motivos geométricos... o un símbolo o un sigil - que queramos en el papel de mayor grosor, de modo que estos “vacíos” quedarán iluminados a medida que la vela se vaya consumiendo dentro del vaso. Obviamente también podemos escribir y dibujar sobre este papel.

Adicionalmente – y esto es algo que aprendimos paseando por el mercado – las velas de vaso se pueden preparar también agregando una pizca de algunas hierbas, especias o perfumes asociados al propósito escogido, siempre que éstos sean lo suficientemente pequeños como para no ahogar la mecha. De este modo, podemos agregar, por ejemplo, pequeñas semillas, hojas de tomillo o romero, canela molida, pétalos secos de rosa - u otra flor- , algunas gotas de aceites esenciales naturales, o incluso de miel. Por regla general, aunque nosotros pongamos este material sobre la vela, al ir fundiéndose la cera, las hojas y demás van acompañando a la vela mientras se consume hasta el fondo del vaso.

Eso sí, hay que tener un poco de cuidado porque, por ejemplo, el romero o los pétalos se quemarán al llegar al fondo y agotarse la cera, de modo que las llamas pueden sobresalir del vaso... Aunque personalmente este "efecto final" me encanta :D


PD: Si somos de los que preferimos que las velas se consuman de una sola vez, con el fin de evitar el riesgo de dañar los muebles, provocar un derrame accidental, o incluso iniciar un incendio, resulta bastante práctico conseguir un caldero o simplemente una olla grande, llenar el fondo de sal o arena y colocarlo en un lugar lejos de cualquier otra cosa (maderas, telas, plásticos, etc), para poder dejar la vela consumiéndose en su interior, sin requerir de nuestra constante vigilancia. En todo caso, y aún cuando estemos vigilando la vela, nunca está de más procurar que no quede cerca de materiales combustibles, o expuesta a corrientes de aire y acordarse de poner un plato debajo – no pocas veces el recipiente transpira la cera caliente, pudiendo manchar o incluso quemar las superficies sobre las que dejamos la vela -.

sábado, 12 de diciembre de 2009

Una celebración diferente



Todo empezó pensando en cómo adornar la casa, con la idea de realizar una pequeña celebración antes de que cada cuál volviera a visitar el hogar familiar, o, en su defecto, saliera de vacaciones. Porque, aunque no seamos todos paganos en esta casa, después de la experiencia de la confección de nuestro "Altar de muertos", decidimos no dejar escapar ninguna de las celebraciones del ciclo anual. Ciertamente no teníamos demasiado dinero, pero de todos modos comprar un triste árbol de plástico no es algo que hubiese entrado fácilmente en nuestros planes, mientras que conseguir uno de esos pobres abetos talados sin escrúpulo alguno no creo que nos hubiera hecho sentir demasiado bien con nosotras mismas.

Me fui a la ducha, y salí con una idea. Al día siguiente me presenté con un tubo de papel de embalar y unas cajas de tizas de colores: Dibujemos nuestro árbol! Como no somos artistas, en el sentido plástico de la palabra, decidimos apegarnos a esa tradición “parvulístico-kinderiana” que antepone la intención a los resultados, y nos dejamos llevar, disfrutando de la experiencia.


El árbol en el mural



Teníamos un mural enorme en el suelo, y en primer lugar dibujamos un simple abeto, bien grande, con la idea de decorarlo posteriormente añadiéndole algunos adornos. Pero el juego había iniciado, y no nos íbamos a detener en ese punto.

Es imposible evitarlo, cuando empiezas a trabajar con las manos en un ejercicio de libre expresión, algo salta desde lo más profundo de tu ser , poniéndose cómodo en su lugar, y dirigiendo la función. Hay algo significativo en el simple hecho de elegir un color, en seguir un tipo de trazo, en reproducir una u otra forma, una u otra imagen. Pienso en todos esos tests psicométricos, de los que hacen en las entrevistas de trabajo y en lo que dejan escapar, por falseables. Dibuja, lo que sea, dejando atrás el miedo a ser juzgado, y en un momento estarás teniendo una conversación tan íntima contigo mismo que parece hasta indecente que alguien se atreva a fisgonear en ella sin haber sido invitado.

Nos pareció que el entorno del árbol se veía demasiado vacío, y nos repartimos el espacio de modo que cada quién dibujara, según su parecer, un fondo. Estos fondos, no planeados, convirtieron a nuestro árbol en un auténtico axis mundi , que se rodeaba de naturaleza salvaje, áreas rurales y grandes ciudades. El sol partía, temporalmente derrotado, las estrellas brillaban a sus anchas y la luna llena se reflejaba en las aguas. Por decirlo de un modo resumido...

Fueron apareciendo distintos personajes, cada cuál con una historia que fue revelada a su debido tiempo y que, tal vez, cuando empezó a ser dibujada, aún no estaba ahí. En la ciudad, por ejemplo, había dos personas aburridas, un adicto a internet y una adicta a la televisión - concretamente, a “Sex and the city” (!) -, eran vecinos que se ignoraban hasta el día que fueron a coincidir... ahora, para su suerte, se ahorran uno de los dos alquileres y tienen cosas mucho más interesantes que hacer entre ellos.

Por la campiña, fluía un río en el que nuestros peces – muertos hace algunos meses- pueden al fin nadar eternamente felices. Un pastor de la Cavalleria Rusticana toca para sus ovejas, mientras éstas pastan entre flores y nopales -“algo mexicano tenía que aparecer”-. No demasiado lejos, junto al Lago de los Cisnes, se encuentran Clara y el Cascanueces - todo parecido de nuestro Casacanueces con Jacko es pura coincidencia... pero cómo nos reímos-. Poe si alguien lo duda aún, hay estudiantes de música en casa.

Y en la parte salvaje, dónde ya es de noche y reina el silencio, están las montañas nevadas y los bosques, y las cosas ocurren como hace miles de años; la osa duerme el largo sueño del invierno junto a sus cachorros, en la cueva, mientras el lobo vela contemplando el plenilunio antes de llamar a sus compañeros para iniciar la caza nocturna. El ciervo solitario, señor de los bosques, bebe de las aguas nítidas, en lugar de estar corriendo por los cielos tirando de un estúpido trineo sobrecargado.

Añadimos a la lista de materiales un sobre de diamantina -brillantina-, un paquete de papel de colores, un marcador y algunas cosas más que corrían por la casa y decidimos reciclar. Pasamos unas cuantas horas tiradas por el suelo, dibujando, coloreando e imaginando estas historias. Tal vez fuera algo absurdo, pero al mismo tiempo, tenía sentido... Y no pude evitar pensar en cuántos árboles se salvarían de la tala y cuánto disfrutarían los niños si sus familias decidieran tener el tiempo suficiente para hacer esta clase de manualidades con ellos, y lo que llegarían a conocer unos de otros entre cuentos, imágenes y risas.

Decidimos, por otra parte, que si habíamos dibujado el árbol que no podíamos tener, también podíamos dibujar a Mastropiero – sí, por Les Luthiers- , la mascota que no podemos tener. Mastropiero debía explicar, en principio, que este árbol nuestro era más económico y ecológico que los abetos talados, pero finalmente, fiel a la independencia propia del espíritu gatuno, decidió hacernos un favor y cumplir una función de la que hablaré unas líneas más adelante.

Finalmente, decidimos aparecer, junto a nuestras invitadas, en el paisaje. Nos dibujamos como esas antiguas muñecas de papel para recortarnos y pegarnos por ahí. Lo gracioso fue que, cuando encontramos el lugar para instalarnos, encontramos también la casa por la que tanto hemos peleado - y segumos en ello-, como si nos hubiera estado esperando.

Colgamos el mural de la pared y pusimos a sus pies una mesita que contenía un sobre para cada quien, a modo de esos calcetines que en las ilustraciones navideñas cuelgan de la chimenea, y una velita del mismo color (por lo que decidimos que ya no eran necesarias las guirnaldas eléctricas).



Decorando el árbol


Mientras terminábamos el mural empezamos a pensar cómo decorar nuestro árbol. Teníamos sólo una estrella para coronarlo, pero como contábamos con un paquete de papel de colores, uno por cada invitado, lo lógico era hacer una serie de círculos a modo de esferas, para que cada quien las colocara a su gusto.

En algún momento se nos ocurrió hacer de nuestro árbol un acto de agradecimiento. Realmente la idea se hacía cómica, dado que el año que despedimos, en diferentes aspectos y niveles, ha sido bastante malo para todas. Podríamos haber desechado la idea - haber convertido nuestro árbol en una carta de reclamación, por ejemplo - pero, sin embargo, nos pareció un reto que merecía ser enfrentado. Después de todo, lo que importa no es tanto lo que nos sucede, sino lo que hacemos con ello.

Preparamos las bandas: “Gracias 2009”. “Bienvenido 2010” ... y no podía faltar el grandioso lema “Por la expansión del ser!” (*).

Luego preparamos las esferas, las decoramos y las repartimos. Hubo entonces un momento de silencio. No habíamos contado cuántas había para cada persona, pero a todas nos parecieron demasiadas. En un mal año teníamos que encontrar al menos 10 cosas que agradecer... Y las encontramos. De hecho encontramos aún más, y las esferas pasaron a contener más de uno y de dos agradecimientos. Fue algo realmente extraño darse cuenta de todo lo bueno que ,a pesar de las circunstancias, nos había rodeado... y al mismo tiempo nos ayudó a dejar ir todo lo demás, todas las cosas feas, difíciles y dolorosas que habían sucedido. Simplemente, ya habían sucedido. Ahora, estamos bien. Lo celebramos.


Compromisos, objetivos y deseos.


La idea de los compromisos, objetivos y deseos surgió también mientras estábamos terminando el mural. Teníamos una cena, un árbol, un atípico belén... y sólo nos faltaba algo remotamente parecido a la carta a los Reyes Magos. Tal vez por eso Mastropiero decidió que,en lugar de dar un discurso acerca de ecología a nuestros vecinos, podía ser más útil haciendo de mensajero entre nosotros y “Quien corresponda”.

Aprovechamos nuevamente el papel de colores y, cada cuál con el suyo, preparamos tres cartas distintas. La carta de compromisos era para nosotras mismas, un pacto o una promesa que llevar a cabo durante el ciclo que iniciamos. La carta de objetivos contenía aquellas metas que debían ser claramente definidas, sujetas a una fecha y comprobables. Los compromisos y los objetivos tienen en común que sólo pueden depender de nosotros, la diferencia radica en que, por ejemplo, el propósito “ser fiel a mí mismo” no puede ser comprobable al tiempo que sería un poco absurdo darle una fecha, puesto que se refiere a un proceso continuo. Una vez definidos los compromisos y los objetivos, algo que nos obligó a centrarnos, nos soltamos escribiendo la carta de los deseos, es decir, de aquellas cosas que nos encantaría que pasaran pero que, al menos por el momento, no están en nuestra mano o no dependen sólo de nosotros. Una vez estuvo todo escrito, lo volvimos a revisar, por si acaso... Ya se sabe, hay que tener cuidado con lo que se desea. Luego fuimos desfilando frente al árbol, prendiendo nuestra velita, saludando a Mastropiero - que parecía muy ufano en su carácter de espíritu familiar – e introduciendo nuestras cartas en su saco, para que las llevara donde Él-debe-saber.

Por un momento, recordé los viejos textos e ilustraciones que estereotiparon el akelarre (**), y me pareció que empezábamos a parecer más brujas de lo que habíamos pretendido... pero el hecho es que las cosas así salieron.



La Celebración


En general, todo el proceso fue una gran celebración, el estar jugando en el suelo, coloreando, recortando y pegando, preparar esa comida que terminó siendo una cena, escribir y escribir, hablar y hablar... mientras escuchábamos a Loreena McKennitt, los villancicos de la H. P. Lovecraft Historical Society - para muestra ver Carol of the Old Ones o Awake Ye Scary Great Old Ones -, y otros graciosos himnos youtuberos que tantas veces han llegado para rescatarnos del más bajo de los ánimos... Sólo que en algún momento se nos ocurrió también maquillarnos exageradamente ( algo definitivamente más rápido que confeccionar unas máscaras, verdad?), vestirnos "de gala" para la ocasión, hacernos un millón de fotos que no creo que enseñemos demasiado y alocarnos un poco con el baile... Terminamos terriblemente cansadas y felices.

Coincidimos en que habíamos construido, a partir de un simple enorme pedazo de papel de embalar, la mejor fiesta de "Navidad" en la que hemos estado... sin un momento de aburrimiento, sin responder preguntas maliciosas, sin diálogos de besugos, bromas pesadas y, por cierto, sin una gota de alcohol de por medio. Fue como si alguien hubiera escondido un pedazo de “auténtica navidad”; de esa que de pequeños somos capaces de vivir con todos nuestros sentidos, y la reencontráramos como un tesoro. Hicimos muchas tonterías y bromas, sin embargo, no es menos cierto que raramente los adultos conceden tanta importancia o solemnidad a los momentos que las merecen como los niños hacen.

Oficializábamos al mismo tiempo, de este modo, nuestra calidad de familia, no biológica y no típica, pero familia al fin.


El mejor Regalo


Quedaban por rellenar los sobres-calcetín... Unos días más tarde hubo regalos simbólicos, pero lo mejor estaba por llegar. En un principio habíamos pensado en escribir cada quien una nota, algo así como una postal, para introducir en el sobre de las demás, a modo de felicitación o recuerdo. Sin embargo, éstas terminaron por convertirse en auténticas cartas. Y fue genial abrir el sobre y encontrar cartas de verdad, escritas de puño y letra. Quien sabe cuánto tiempo hacía que no recibíamos una de esas. Pero más genial aún fue lo que contenían, ni rastro del tópico “Espero que pases felices fiestas en compañía de tus amigos y familiares” o derivados. Eran palabras personales, cómplices, dirigidas a alguien que solo podía ser uno, palabras capaces de funcionar en el momento más bajo como un escudo, o una vida extra... Definitivamente, no puede haber un mejor regalo que éste.


Postdata


Todo el material empleado nos costó menos de 200 pesos – que al cambio son unos 10 euros – y con eso varias personas pasamos muchas horas de trabajo y entretenimiento. Prácticamente salió solo... No consultamos libros, simplemente nos pusimos a la tarea, con la disposición adecuada, y nos preguntamos a nosotras mismas qué nos apetecía hacer. Literalmente inventamos, sobre la marcha, la dinámica. A veces no necesitas tanto un “terapeuta”, sino un amigo, no necesitas encontrar un "coven" , sino las personas adecuadas. A veces, a fin de cuentas, no necesitas buscar, sino prestar atención a lo que ya está ahí, esperando a que te des cuenta.

Y mientras escribo el artículo viene una de las compañeras y me comenta “Creemos que Mastropiero ha hecho bien su trabajo, ya empiezan a suceder las cosas...”.



Notas:

(*) La expansión del ser : una filosofía sacada de la nada que predica la voluntad de aferrarse a las ganas de vivir, aderezada con una pizca de hedonismo... Como esto deriva en reuniones que incluyen chocolate, crepas, gigantescos platos de pasta y demás, el resultado es que el “ser” se expande... aunque sea horizontalmente.

(**) Para muestra, revisar el clásico de Margaret Murray : "El Dios de los Brujos" (en Scrib), buscando "gato".

miércoles, 9 de diciembre de 2009

La Máquina de construir la realidad (III). El Tejido: Crear y Transformar


Viene de:
La máquina de construir la realidad (II): Materiales y Planos

El Tejido: Crear y Transformar.

Ratatouille
se ha convertido en una de mis películas preferidas, porque habla con sencillez de la vocación, el impulso de buscar un camino propio, de correr riesgos probando cosas nuevas, las mil formas que tenemos de sabotearnos y ayudarnos, los entresijos de la crítica y de la necesidad de crear y transformar.
La necesidad de crear no corresponde sólo a lo que entendemos por artistas, inventores, etc. está en todos nosotros y, cuando la desoímos, nuestra vida resulta empobrecida. Sin embargo, como estamos acostumbrados a entorno mal construido a base sucedáneos, a penas podemos darnos cuenta de esto. Como quien se habitúa a un espacio débilmente iluminado nos sorprendemos cuando , por una confusión, los focos son cambiados por unos de mayor intensidad y aquel espacio tan cotidiano aparece como algo completamente nuevo ante nuestros ojos.

Es difícil, en ocasiones, aceptar esta función creadora que nos corresponde en nuestras propias existencias, sobretodo cuando concebimos la vida como una película que pasa ante nuestros ojos sin que podamos hacer nada al respecto. La idea de que el humano – cada humano - es el centro del universo – su universo - puede no ser tan desacertada. Sin embargo, se trata de una toma de conciencia que se da de forma progresiva, empezando por las pequeñas cosas, aparentemente carentes de importancia.

Crear no significa sacar cosas de la nada, sino encontrar nuevos caminos, nuevas combinaciones, aportar matices, o rescatar algo olvidado, sacarle el polvo, y lograr que se integre en el contexto en que vivimos. Crear es tomar algo del mundo, y retornarlo transformado después de haberlo procesado dentro de nosotros mismos. Asumir la posición que nos corresponde en esa red a la que todos estamos, conscientemente o no, conectados.

Por poner un ejemplo, hace unos días acudí a un evento en el que se presentaban varios grupos musicales noveles. Algo que me sorprendió fue el hecho que la mayoría de ellos se presentaran interpretando, cada cuál en el género escogido, canciones de otros grupos conocidos. Supongo que lo harían creyendo que tenían más posibilidades de éxito repitiendo fórmulas que ya lo habían tenido, pero lo cierto es que las copias devaluan el producto. No es el original, y tampoco aporta nada nuevo, por lo que el público se aburre... En cambio, en cuanto aparece un grupo con el coraje de enfrentar ese mismo público aportando algo nuevo, aún sin saber si va a funcionar o no, interactuando con él, haciéndolo responder, obtiene de inmediato su complicidad. Incluso aunque su técnica o estilo no sean de lo mejor, algo hace que se reconozca ese esfuerzo de aproximación. Cuando creamos algo, aunque nos inspiremos en algo preexistente, no devolvemos al mundo lo mismo que hemos tomado, sino que aportamos algo de nuestro propio ser antes de retornarlo. Contribuimos a la suma total de lo creado con nuestro granito de arena. Crear es saber dar de lo más importante que tenemos, tal vez de lo único que en realidad nos pertenece: Nosotros mismos. Por eso, a veces, da miedo. Miedo de no hacer las cosas lo suficientemente bien, miedo del rechazo... Sin embargo, en cuanto cumplimos con la tarea, nos sentimos mucho mejor.

Imaginemos que esa red a la que todos estamos vinculados, de la que todos tomamos y a la que todos devolvemos algo, requiere de un poco de trabajo de parte de cada conciencia para que pueda mantenerse. Cuando llegamos al mundo, encontramos un pedazo gigantesco de tejido suficiente para acogernos, porque las generaciones anteriores han trabajado en ello. La tela, la red, está confeccionada con materiales y técnicas muy diversos, de lo que se deduce que por más que algunas partes de la misma gocen de una salud envidiable, otras muchas envejecerán con mayor rapidez y requerirán ser renovadas continuamente a causa de agujeros, roces, manchas, etc.
Cuando somos niños, y nos preguntamos por esas grandes cuestiones universales, como “Quiénes somos”, “De dónde venimos” etc. es porque nos damos cuenta que el pedazo de tejido que conocemos tiene límites y lo que se extiende más allá de éstos es un misterio para nosotros. También nos preguntamos cómo está hecho el tejido que observamos, de qué maneras los hilos se cruzan, juntan, enredan y anudan para formar las imágenes que vemos en el tapiz.
Y a medida que crecemos, con mayor o menor arte, incluso olvidando estas cuestiones universales, aprendemos por mimetismo a tejer nuestro propio pedazo. Éste no tiene porqué ser un proceso consciente, del mismo modo en el que el empleado de una cadena de montaje no tiene porqué conocer el modo en el que la pieza de cuya factura se encarga ensamblará finalmente con aquellas que otros trabajadores están preparando en ese mismo momento, así como no tiene porqué conocer como se hacen esas otras piezas o la función que desempeñan en el producto final.

Entre los criterios que se siguen para evaluar la calidad y durabilidad de las sábanas -por mencionar un tejido- están la calidad de los materiales con los que están fabricadas, la calidad del proceso de confección, y el número de hilos contenidos en una pulgada cuadrada de tela ( a más hilos, mayor calidad). Podemos emplear los mismos criterios para evaluar el modo en el que estamos tejiendo nuestras obras o nuestra realidad: la calidad de los materiales que seleccionamos, la atención y cuidado que ponemos en el proceso, y la intensidad que vertemos en él.
El uso de muchos hilos, muchas líneas que vinculan de diferentes maneras las ideas, acciones, emociones etc. con los que trabajamos no significa que la complicación aporte mayor calidad a nuestra obra: la complicación deriva en nudos y enredos que no representan nada bueno a la hora de tejer. El uso de muchos hilos aporta complejidad ( aunque esta palabra sea en ocasiones sinónima de la anterior, remite directamente al término latino “enlazar” ),y puede conseguirse respetando un patrón sencillo que quedará infinitamente enriquecido y reforzado. Por ende, si tomamos conciencia de la importancia de nuestra tarea creadora, escogemos bien los materiales, somos cuidadosos en el proceso, y nos preocupamos de añadir un plus de calidad con el uso de la mayor cantidad de “hilos” disponibles, la parte de obra que nos toca no sólo tendrá una mayor calidad, sino que durará en el tiempo... algo que nuestro entorno y las generaciones venideras que puedan apreciarlo seguramente nos agradecerán.

La sábana de alta calidad y la de baja calidad pueden tener las mismas medidas, y cumplir la misma función de cubrirnos mientras dormimos, pero no están confeccionadas igual, ni a partir de los mismos materiales, ni nos sentimos igual envueltos en una o en la otra. Podríamos decir que las sábanas de baja calidad imitan la sábana estándard, tratando de abaratar al máximo los costes ( tiempo, energías, etc), aunque eso suponga también una vida útil más corta. Las sábanas de calidad buscan lo contrario, mayor satisfacción y durabilidad aunque ésto suponga un aumento en los costes. Cuando hablo de “aprender a tejer por mimetismo”, no me refiero sólo a que aprendamos las medidas y las funciones del tejido, sino a escoger entre materiales y técnicas de confección que diferencian una sábana de baja calidad, una estándard y una de alta calidad.

Por eso, si aprendemos a “tejer” por mimetismo - es decir, incluso sin necesidad de ser conscientes del proceso- cuantos más tejedores en activo avocados a la búsqueda de la calidad existan, mayor será el número total de tejidos de calidad. Estos tejidos, además, gozarán de una larga vida, por lo que aunque una generación entera de tejedores de calidad se extinga, las que la sigan podrán encontrar pedazos de su tela y tratar de descifrar cómo fue confeccionada, recuperando el saber “perdido”.

Si bien imagen mítica de las Moiras o las Parcas nos remite a la metáfora de la vida humana como un hilo único en este tejido, y un proceso en el que el humano no tiene nada que hacer, encontramos también el mito de Aracné, la muchacha que, consciente de su habilidad en el tejido, osó retar a los Dioses enfrentándose a Minerva. Con su arte Aracné conseguiría demostrar que su habilidad era superior la de la misma diosa, pero también demostró su poca sensatez a la hora de escoger el motivo de su tapiz: una burla a las divinidades que supuso el correspondiente castigo divino.

El mito de Aracné supone para sus mortales lectores a la vez una esperanza y una advertencia. Podemos detentar los poderes, capacidades o habilidades que tradicionalmente son considerados divinos, esto es, fuera del ámbito humano. Ahora bien, ese inmenso poder que está a nuestro alcance conlleva una responsabilidad proporcional. Si aprendemos a tejer nuestra realidad, y con ello a decidir sobre nuestro propio destino... deberemos estar a la altura a la hora de elegir los motivos, puesto que no podremos eludir la responsabilidad sobre nuestras elecciones.

La necesidad de crear, de tomar nuestro lugar en el mundo, tomando de él y devolviendo a nuestra vez, tiene relación con la reciprocidad. Pero en virtud del proceso que efectuamos en nosotros, del que la conciencia puede hacerse responsable, también se relaciona estrechamente con la capacidad de transformación. Pensemos en un entorno hostil al que, por error o necesidad, vamos a parar. Raramente recibamos algo bueno de este entorno, pero podemos transformar este cúmulo de información en nuestro interior, y devolverlo al mundo en una forma nueva, hermosa, útil, etc. Esa será una elección que sólo depende de nosotros porque, de hecho, también podríamos tomar cualquier cosa valiosa del exterior y devolverla desgastada, que es lo que sucede con las malas imitaciones. O incluso podríamos retornarla sucia, estropeada y convertida en basura después de haber pasado por nosotros... Que es lo que sucede cuando un puñado de fanáticos tratan de apropiarse de cualquier obra espiritual patrimonio de la humanidad. El dogmatismo, el maniqueísmo y el autoritarismo, por definición, no admiten demasiados hilos en sus burdos tejidos (incapaces de comprender múltiples conexiones, de aceptar la variedad, de valorar matices), por lo que podemos hacernos una idea de la calidad de sus productos y su contribución al género humano.

En fin, cuando tejemos, o cuando ponemos en funcionamiento nuestra máquina de construir la realidad, no lo hacemos sólo por nosotros mismos, sino por aquellos que nos rodean, y, en último término, por la humanidad en su conjunto. Tampoco lo hacemos porque un rayo divino haya caído sobre nuestras cabezas, convirtiéndonos en una especie de “elegidos”, es una función natural en cada ser humano, la diferencia está en el grado de conciencia que apliquemos a esta tarea. Por último, no hay que tener miedo a no hacer las cosas lo suficientemente bien, lo importante es hacerlas lo mejor posible, con lo que tengamos a mano. Recordemos que damos de lo único que realmente poseemos: nosotros mismos. Si hemos llegado a este mundo, será que tenemos un papel en él, tal como somos: Ni más ni menos. Y que “quien hace lo que puede, no está obligado a hacer más”.

Sigue en: La máquina de construir la realidad (IV): La Mente ociosa y las proyecciones

martes, 17 de noviembre de 2009

La máquina de construir la realidad (II) Materiales y Planos

Viene de: La máquina de construir la realidad (I)

Materiales y planos.

Podríamos definir la imaginación consciente como la herramienta que nos permite conseguir nuevos materiales y planos que la “Máquina de Construir la Realidad” que todos poseemos pueda emplear en nuestro beneficio. La imaginación es uno de los punto clave de la magia, y por sí misma puede aportar mucho a la experiencia humana. Es al mismo tiempo parte y e influencia de la realidad existente en nosotros y a nuestro alrededor. Es posible que algo que esté en nuestra imaginación nunca llegue a realizarse en otros planos, pero es improbable, sino imposible, que algo que existe en cualquier rincón de nuestra realidad diaria no pueda ser imaginado, desde los grandes logros a las grandes desgracias.

La imaginación es una herramienta que todos poseemos. Incluso aquellas personas de las que se dice que no tienen imaginación: sí la tienen, pero no la usan de acuerdo con su potencial, simplemente procesan todo el mismo tiempo las mismas cosas, obteniendo idénticos resultados. Es como tener un horno en el que siempre, invariablemente, haces galletas de jengibre. Ocasionalmente las galletas pueden variar de forma, en primavera conejitos de Pascua y en invierno abetos de Navidad, pero la masa siempre será la misma, mismos ingredientes, mismas proporciones, cocinados por tiempo idéntico a idéntica temperatura.

En el otro extremo estarían las personas de las que se dice que “tienen demasiada imaginación”. Éstas pueden tener exactamente la misma cantidad de imaginación que cualquier otra persona, lo que ocurre es que no ejercen ningún tipo de control sobre la misma, de modo que la Máquina va tomando o recibiendo materiales nuevos cada vez, pero al carecer de un esquema o plan con la forma del producto final, realiza combinaciones al azar sin llegar a procesar nada por completo. En este horno se empiezan a cocer todo tipo de ingredientes combinados sin pensar – como una magdalena rellena de paté-, en tiempos y temperaturas distintas que no aseguran si quiera que la masa deje de estar cruda, y mucho menos que sea comestible.

Esto nos da una idea de lo importante qué es la imaginación, pero también de porqué no basta para que las cosas que queremos (o tememos) se realicen. Para que la Máquina funcione de un modo óptimo se requiere de la constancia de darle combustible o energía, mantenimiento y supervisión. Sí, aunque parezca increíble, muchas veces de manera inconsciente estamos dándonos todo este trabajo, cumpliendo los requisitos maravillosamente bien, precisamente para hacer realidad nuestras peores pesadillas.

La Máquina (podemos entenderla también como una cadena de montaje, o una fábrica1) requiere también de planos, mapas, esquemas o programas de ejecución que -por abiertos que queden- permitan que los materiales procesados sean capaces de ensamblarse entre sí de una manera coherente, y cumplir así sus funciones y nuestros objetivos.

Algunos conjuntos de piezas, como gomas o tornillos, pueden ser multifuncionales; Sin embargo son conjuntos de piezas diferentes los que darán como resultado un auto o una lavadora. Si no sabemos qué queremos puede darnos un híbrido entre el auto y la lavadora, aunque posiblemente no resulte demasiado funcional. Si de entrada sabemos que queremos dos o más cosas (siempre, y esto es importante, que no se excluyan mutuamente) simplemente habrá que emplear más tiempo y combustible, y por supuesto fabricar las piezas específicas necesarias para cada una de ellas.

Tener conscientemente un objetivo claro es muy importante, porque entre otras cosas evita que estemos realizando nuestras pesadillas en lugar de nuestros sueños.

Planos y materiales son un símil para hablar de aquellos elementos con los que nuestra realidad está construida. ¿De qué - al parecer, al menos- está hecha la realidad tal como la percibimos en nuestro entorno y en nosotros mismos?

Bien, en primer lugar tenemos un plano físico, que percibimos a través de nuestros sentidos2. De alguna manera que desconozco y que seguramente sea muy complicada de explicar, estas percepciones físicas pueden emularse en nuestra imaginación. Podemos recordar, recreando en nuestra imaginación imágenes y sonidos, así como olores, sabores, texturas, temperaturas, etc. Los fenómenos físicos como vibraciones, químicos, etc. no están presentes en el momento en el que recordamos, pero el efecto de los mismos en nuestra percepción se almacenó como información/material disponible en nuestra imaginación. Por lo tanto, cuanta más atención prestemos al momento en el que se produce la percepción, más información y más nitidez al respecto guardaremos en la memoria, quedando disponible para el uso que posteriormente quiera darle la imaginación.

También desarrollamos una parte de nuestra existencia en un plano no físico3. Me refiero a aquellas partes de nosotros cuya existencia no podemos negar, pero que no podríamos ubicar en una realidad física; Por ejemplo, la conciencia de nosotros mismos, las emociones, o las ideas. Ciertamente esas cosas no existen de la misma manera en que puede existir una mesa de jardín, que es básicamente visible y palpable para todo el mundo. Algo nos dice que existen “dentro” de nosotros y por lo tanto empleamos metáforas como “mente” o “corazón”, a pesar de saber perfectamente que si abrimos físicamente la cabeza de alguien no van a caer al suelo sus ideas como si se tratara de un "huevo kinder" o una piñata.

Estos otros elementos no-tangibles o no-visibles de nuestra realidad también son susceptibles de ser empleados por la imaginación. En el discurrir normal de nuestros pensamientos podemos recordar, proyectar o fantasear emociones como enojo, calma, enamoramiento, etc. También podemos irnos al campo mental y planear, tratar de entender un concepto, dar vueltas a una idea, o buscar símiles tratando de expresar lo que queremos decir.

Todas esas cosas pasan constantemente en nuestra realidad, en nuestro entorno y en nosotros mismos, y son susceptibles de dejar un núcleo de información en la memoria que nuestra imaginación puede usar posteriormente como materiales y planos para la Máquina. Este es un proceso que no necesitamos aprender, porque viene de serie con el ser humano. Ahora bien, si tenemos una idea de lo que queremos que la Máquina construya, y la voluntad necesaria para hacernos cargo desde la conciencia de algunos pasos del proceso de fabricación, debemos empezar por seleccionar la planificación (o, dicho de otro modo, el cauce por el que las cosas pueden discurrir hasta llegar al destino deseado) y la materia prima que más convenga a nuestro proyecto.


El primer paso, por lo tanto, será tomar conciencia de cuáles son los materiales y planos que poseemos en los almacenes de nuestra imaginación y cuáles estamos empleando en realidad. Así podremos decidir si son los que más nos convienen, si hay que cambiarlos por otros o simplemente introducir alguna modificación.

Muchos de ellos no están ahí porque nosotros, conscientemente, los hayamos ido a buscar primero y guardado posteriormente. A medida que nos adentramos en estos almacenes podemos darnos cuenta de que la mayor parte de su extensión no es un recinto privado: Nuestra cultura, nuestra sociedad, tradición, etc. se ha encargado por muchas generaciones antes de que nosotros llegáramos al mundo de guardar grandes cantidades material y planos en los almacenes comunes de la imaginación humana, con los que está comunicado cada almacén de imaginación individual (en el que, dicho sea de paso, nuestro entorno humano también ha ido guardando planos y materiales). Por lo mismo, pronto descubriremos que existen grandes cantidades de muchos y variados tipos de material y planos disponibles para esa Máquina de Construir la Realidad, aunque el almacén comunitario sea tan grande que algunas salas hayan sido olvidadas o descuidadas, y al llegar nosotros las encontremos desordenadas, sucias o destruidas.

Lo segundo que percibiremos es el contraste entre esas grandes y variadas cantidades de material y planos existentes, y lo reducido de los recursos con los que estamos dejando trabajar a nuestra Máquina. Esto puede provocar una sensación incómoda, que no es exactamente la misma que sentirse pequeños en un universo gigantesco, sino que se aproximaría más a la de vernos encerrados en un círculo de tiza o una jaula de papel en algún punto de una vasta y paradisíaca pradera. Si es sólo tiza, o papel, ¿cómo pueden retenernos? Bien, posiblemente porque desde dentro no parece precisamente tiza o papel, sino acero y cemento o cualquier otra cosa difícil de romper. También esto tiene una utilidad; Cuando lo que está fuera no es precisamente una pradera paradisíaca, sino un desierto plagado de demonios depredadores, la jaula se convierte en un refugio y agradecemos que esas líneas parezcan realmente fronteras inquebrantables. Los escenarios que encontremos al otro lado de las fronteras de lo conocido y habitual son también influidos por nuestra imaginación, así como las mismas líneas que se encargan de delimitar ambos territorios son gestionadas por ella.


NOTAS:

1 Ni idea de cómo explicaría esto si hubiera nacido antes de la Revolución Industrial. Por algo uso el término Postpaganismo.

2 Los sentidos se pueden definir como las percepciones debidas a un tipo de célula sensorial que responden a una energía física específica, y que corresponden con una zona específica del cerebro donde se interpretan las señales. Así, por tanto, a los sentidos aristotélicos - tacto, olfato, gusto, oído y vista- hay que añadirle otros cuatro, al menos. Termocepción, que es la percepción de la temperatura, Nocicepción, que es la percepción del dolor. Se distribuye en tres tipos de receptores: Viscerales, para los órganos internor; somáticos, para los huesos y articulaciones; y cutáneos, para la piel. Equilibriocepción: que es la percepción del equilibrio. Propiocepción: que es la percepción de la posición de cada una de las partes de nuestro cuerpo. http://culturatrivial.blogspot.com/2007/10/cuantos-sentidos-tenemos.html

3 Esta afirmación tiene propósitos de simplificación. Obviamente, si profundizamos en el tema, encontraremos muchos estudios e investigaciones tratando de descifrar en qué momento y lugar se producen los cambios químicos, eléctricos, etc. que dan origen, por ejemplo, a nuestras ideas.



Sigue en
: La máquina de construir la realidad (III). El Tejido: Construir y Transformar.