Cuevas de Ailwee, Irlandamartes, 16 de noviembre de 2010
El Descenso
Cuevas de Ailwee, Irlandamartes, 2 de noviembre de 2010
Una despedida
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sábado, 30 de octubre de 2010
Vida y Muerte
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martes, 20 de julio de 2010
Cruzar el umbral
Los umbrales del cambio aparecen en nuestras vidas en el momento en el que estamos preparados para cruzarlos, se abren en los tiempos más oscuros, y también en los más claros. Pero al cruzar el umbral siempre es necesario dejar atrás lo que hasta el momento fue nuestra vida, y tener el valor de adentrarnos en un nuevo mundo que aunque estaba en este mismo que creíamos conocer tan bien, y aceptar que lo que sabíamos hasta el momento puede no servir ya, y que deberemos aprender y adaptarnos nuevamente... Sólo para volver a cruzar un nuevo umbral más adelante.
En nuestra vida cotidiana, puede parecer muy difícil después de un largo tiempo de padecer situaciones de conflicto, lucha y esfuerzo en general, que llegue el momento de, simplemente, dejar atrás lo vivido. Pero lo mismo sucede en el caso de haber vivido una época de plenitud, en la que todo funcionaba a la perfección, que sencillamente llega a su fin.
Cuando hemos adquirido y sostenido unas dinámicas -tanto positivas como negativas- de acción y pensamiento es habitual sentir cierta confusión si súbitamente se desvanecen o quedan en calidad de fantasmas porque ya no hay nada real que las pueda justificar. En este momento crítico, corremos el riesgo de quedarnos atrapados en una maraña de pensamientos del tipo ¿Entonces, lo que viví, lo que me esforcé, lo que padecí, lo que sentí, lo que hice, no tiene ningún valor? ¿Sólo fue una pérdida de tiempo?
Pasar página siempre puede hacerse difícil cuando nos desfasamos y en vez de atender a las necesidades del presente seguimos dando más valor o más "peso" al pasado. El pasado es pasado, y no importa si nos referimos a algo que sucedió hace unos años o unas semanas: No va a regresar, y no se puede arreglar ni mejorar en ningún punto. Podemos aprender de él, pero asumirlo como una carga y permitir que determine nuestro presente y nuestro futuro es una trampa de la mente que nos aleja de la persona que efectivamente somos, en el presente que constituye la única realidad en la que podemos incidir.
Sin importa lo que nos sucediera en el pasado, bueno o malo, es seguro que en el presente nuestra vida no ha llegado a su fin y, por lo tanto, todavía queda mucho trabajo por hacer. El proceso de tomar conciencia de esta situación y responsabilizarnos de ella puede disfrutarse o padecerse, dependiendo de cómo lo queramos ver, pues al fin y al cabo se trata de una cuestión de percepción personal.
Es posible que durante mucho tiempo hayamos llevado una pesada carga, o nos hayamos atado de modo tan excesivo que prive a nuestro ser de la libertad de movimiento que precisa, y que en un determinado momento la carga o las ataduras se desprendan de un modo natural, incluso sin aviso previo. En ese momento, deberíamos sentir alivio y alegría , pero sin embargo, incluso cuando nuestra carga era muy desagradable, su ausencia genera un vacío que nos angustia y que es necesario llenar.
Este "llenado" puede hacerse bien de modo consciente, eligiendo voluntariamente entre las nuevas - y, tal vez, hasta el momento desconocidas o inimaginables- opciones que se nos presentan, o bien de modo inconsciente, cuando por inercia viejos pensamientos ya obsoletos se extienden recuperando terreno e invadiendo estas áreas liberadas de nuestra vida, ahogando las posibilidades recién nacidas y nuestra propia mejora.
Es frecuente experimentar un cierto miedo; Contemplamos múltiples posibilidades y cualquier cosa puede suceder, pero ante la elección y la novedad es posible que nuestra mente tienda a resucitar fantasmas o viejas dinámicas de las que más valdría deshacerse por completo. Pensamos, a menudo, cosas como "más vale malo conocido que bueno por conocer", negándonos a nosotros mismos, negándonos incluso toda suerte de posibilidades que anhelábamos como un sueño, pero que cuando nos encontramos un paso de su realización llegan a aterrorizarnos.
Es necesario vencer este miedo, elegir , planear, y actuar, en lugar de mirar hacia atrás o preguntarse sobre el pasado, porque esto último es simplemente una especie de excusa inventada por nuestro miedo para no estar conscientes en este presente que asusta un poco, en esta nueva vida a la que llegamos cuando se rompieron los límites ilusorios en los que permanecíamos confinados hasta el momento, esa vida que tal vez nos cuesta creer que merecemos, o que nos hace sentir un poco extraños en nuestra propia piel.
Es como si una mañana descubriéramos que tenemos alas, y en lugar de ir corriendo a intentar aprender cómo usarlas, prefiriéramos no intentarlo por miedo a lo que "pudiera pasar", y nos negáramos a la posibilidad de volar, sólo porque nunca antes lo hicimos.
lunes, 21 de junio de 2010
Adentrarse en el fuego
Cuando trabajamos con Magia la sala de máquinas de la realidad nos abre sus puertas, y tenemos acceso al entramado de hilos y nudos tras su tapiz. Es poco probable que tengamos el conocimiento necesario para manejar cualquiera de estos hilos sin modificar más de lo que nos habíamos propuesto en origen. Cuando tratamos de arreglar cualquier cosa sin el conocimiento necesario, podemos empeorar la situación que pretendemos resolver, o aún estropear algo que funcionaba bastante bien. Por esto en ocasiones resulta más prudente cerrar los ojos y confiar en la intuición, en la memoria que nuestras manos conservan de los procesos a seguir.
El mago o brujo comprende la necesidad de entregarse a las fuerzas más altas que se hallan conectadas a esta "punta de iceberg" que es la conciencia ordinaria. Podemos llamarlo Dios, o Dioses, o la Voluntad profunda de nuestro propio ser, pero en todo caso será preciso retener la idea de que esta potencia somos nosotros mismos. Tal como expresara Gibran Khalil: “(...)No debéis decir "Dios está en mi corazón", sino más bien "estoy en el corazón de Dios" ”. Es esta potencia la que tiene el conocimiento necesario para manejar sin riesgo alguno los hilos de la realidad, es la que sabrá darnos antes lo que realmente necesitamos que lo que somos capaces de formular como petición.
Todos hemos oído que en la magia todo tiene un precio, usualmente se hace uso de la expresión para referirnos a aquellas situaciones en las que un individuo cegado por la ignorancia o la desesperación se entrega a los aspectos más bajos de su lastimado ser. Sin embargo, el mismo principio funciona en la situación opuesta, cuando decidimos entregarnos a los aspectos superiores.
Lo más alto nos pide a su vez que seamos capaces de dejar atrás la vieja piel, la corteza o la crisálida de nuestro viejo ser, que seamos capaces de separar la escoria del oro para quedarnos con este último. Capaz de resolver cualquier situación del modo perfecto, nos empuja a dejar atrás todo aquello a lo que estábamos acostumbrados o acomodados, impulsándonos a abrazar la realización de nuestras necesidades, sueños y deseos más auténticos.
Sin embargo, a pesar de que la promesa de esta realización debiera resultar esperanzadora, a menudo la experimentamos como una tortura o incluso como un castigo. Esto es debido a nuestro apego a tantas cosas que, a pesar de ser manifiestamente disfuncionales, hemos conservado en nuestra vida, identificándonos con ellas. Por esto, al oír el llamado de nuestra voluntad más íntima, a menudo nos asustamos, nos parece que es demasiado pronto, o demasiado tarde, tratamos de negarla, sentimos que no estamos preparados para la tarea o la misión a la que somos llamados. No sentimos alegría por el crecimiento que nuestro ser experimentará a través de la experiencia, antes bien nos lamentamos como si fueran a arrancarnos un pedazo de nosotros mismos, a pesar de que éste se haya convertido en un lastre, en un peso sin el cual nos sentiríamos más libres, más capaces, más claros e, incluso, más felices.
Encontramos en este punto una perversión de la idea de lealtad, que si bien es correcta en ella misma, demasiado a menudo se vincula a un objeto equívoco. La única lealtad ineludible es aquella que nos debemos a nosotros mismos, a la inmensa realidad de nuestro ser completo, del mismo modo que nuestro primer y único deber real que tenemos en esta vida, en el tiempo que nos ha sido dado, es la responsabilidad sobre nosotros mismos y el pedazo de realidad que hemos contribuido a crear y que podemos mejorar. Aquello que otras personas puedan ser, o hacer, el modo en cómo gestionen su parcela es algo que nos está vetado. De este modo nosotros evolucionaremos en nuestra propia línea, y otros también lo harán, si de modo natural nuestros caminos se separan, no podemos hacer otra cosa que aceptarlo de buen grado, agradeciendo la experiencia compartida.
Entrar en contacto con la Magia, descubrir el puente que nos vincula con esta voluntad más alta o más profunda es jugar con fuego. Una vez iniciado el viaje, no podemos quedarnos a medio camino, será necesario seguir de etapa en etapa, trabajar de un modo atento, incansable, querer comprenderlo todo, y ser capaces de ver más allá de los límites de la estrecha perspectiva de nuestro ser consciente, de nuestros apegos físicos, emocionales e intelectuales. Si tratamos de escatimar nuestra ofrenda, con seguridad acabaremos atrapados entre dos mundos a los que jamás podremos pertenecer, terriblemente divididos en nuestro interior ( y tal vez a esto se refiere la expresión “nacido una vez y media”).
Una vez esta potencia interior despierta, no cesará de llamarnos a sí. Tarde o temprano llegará el tiempo de adentrarnos en el fuego por nuestros propios pasos, de permitir la quema y la reducción a cenizas de nuestro viejo ser, para emerger completamente transformados para nacer de nuevo a otro nivel, por nuestro mayor bien, pero también por el bien de la humanidad entera.
Es muy posible que no nos planteemos estas cuestiones cuando sencillamente prendemos una vela y pedimos por un trabajo, una pareja o un nuevo hogar. Es posible que un acto mágico aislado no tenga la fuerza suficiente para despertar esta potencia interna y que, en consecuencia, podamos mantener por muchos años el discreto desorden de nuestra cotidianidad. Hay pequeños dioses que nos ayudan a cambio de pequeñas ofrendas. Pero es igualmente posible que un día nos sorprendamos preguntándonos que se encuentra más allá de los muros de esta granja, que el resplandor del sol nos alcance y nos encante de un modo terrible y revelador. Para aquellos que han caído como enamorados del Arte, no hay otro camino posible.
A pesar de ello, al contrario de la idea generalizada acerca del tema, las increíbles transformaciones que se acontecen en nosotros mismos raramente son fruto de un solo impacto, sino que se llevan a cabo de manera gradual. A medida que avanzamos – y es importante señalar que aquí no se trata de los niveles dispuestos por una cultura o una escuela de conocimiento determinados, sino de algo tan natural como un río o una tormenta- cruzamos umbrales y fronteras que cristalizan como puntos de no-retorno. A menudo no podemos ver más allá de las limitaciones de nuestra perspectiva presente y cuando una visión del futuro cruza nuestra mente como un luminoso relámpago podemos concebir como “imposibles” situaciones que un día serán de lo más común en nuestras vidas.
Por esto no es necesario asustarse, o perder la calma, y de nada ha de servir tratar de correr y superar niveles – especialmente si se trata de escalones artificiales correspondientes antes a una construcción humana que a una realidad natural e ineludible -, pues las cosas se dan de manera espontánea, a su debido tiempo, del mismo modo que, a su debido tiempo florecen los árboles, maduran los frutos y finalmente se desprenden de las ramas.
Así las viejas partes de nuestro ser cumplieron su cometido, y ya caducas caen por su propio peso, desprendiéndose con suavidad. El Camino puede ser duro en ocasiones, pero especialmente cuando nos negamos a dejar ir aquello que ya no nos puede pertenecer. Lo único que podemos hacer al respecto, para evitar el sufrimiento innecesario, es no tratar de detener este flujo, esta corriente que nos lleva cada vez a una mejor versión de nosotros mismos. Renunciar a pagar nuestro precio, estancándonos, es posible: Significa optar por una muerte en vida, despreciando los tesoros que la existencia nos ha dado como una herencia.
viernes, 30 de abril de 2010
La bacante y Dionisios
La bacante y Dionisios
-En la noche escuché tu voz.
Entre sueños fui llamada por ti.
Sin pereza aparté la ropa de mi lecho.
En seguida puse mi pie en el frío suelo.
Y pisé las aliagas para subir a tu monte.
Apretando los espinos busqué tu cumbre.
En una mano el tirso, en la otra el collar de la fiera.
Levantaba la vid en la derecha, con la izquierda arrastraba el animal.
Bajo las estrellas desparramé mis cabellos.
En las sombras desaté mis ataduras.
A sedientos sorbos, mi sedienta garganta acabó con tu vino.
Borracha de ti mismo, en el gemido de mi boca ardes.
Puse mi corazón, como un racimo, bajo tus pies de vendimiador .
Mi espalda, como una yegua virgen, al estallido de tu relinga.
Me hice gesto en todas las liturgias que te honran.
Me hice palabra en todas las oraciones que suben hacia ti.
Sabes bien que soy tuya: desde tu trono recibiste mi ofrenda.
Mi amor resplandece a tus ojos: se ve su llama desde el más allá.
Sin embargo, me dejas arder en el fuego que me escuece.
A pesar de todo, no alejas el torrente de angustia que me empapa sin descanso.
Desde el fondo de mi amor despreciado clama a ti mi tormento.
Mi ternura de paloma lucha con tu crueldad de buitre desgarrador.
Si tu brazo poderoso me arrastró a la noche de tu misterio;
si con voz de tórtola acurrucada me llamaste al bosque de tu nido
¿por qué golpeas mis senos rendidos con el granizo de tu dureza?
¿hasta cuándo clavarás en mi dulce vientre las saetas de tu furor?
-Ama, calla y aguanta, si de verdad amas.
Envuélvete en tu dolor y en tu noche, si me tienes por placer y por luz.
¿Piensas que se puede amar a un dios sin llegar a ser diosa?
¿Piensas que puede nacer una diosa sin que muera una mujer?
Porque me eres bienvenida, he de macerar tu cuerpo para las nupcias.
Porque has de gozar conmigo, te igualaré a mí.
Te quemaré, te quemaré, para que en chispas subas.
He de herirte, he de herirte, para beber tu sangre.
¿Cómo has de nacer en tu ser de mañana si no agonizas en tu ser de hoy?
¿Cómo nacerías para mí si no murieras para ti?
De las tablas de tu ataúd he de hacer tu cuna.
Amasando tus cenizas esculpiré el cuerpo que ya no perderás.
Cuando me dices crueldad son tus labios de tierra los que me hablan.
Cuando tengas tus labios de cielo me has de decir amor.
martes, 2 de febrero de 2010
Despedida al Inframundo
Pero al cruzar el umbral hacia la primavera, -si no somos de los que salen corriendo de la oscuridad, como si ésta no fuera más que una pesadilla - y volver la vista atrás, podemos ver aún la sombra que nos ha traído de nuevo al camino. Esa criatura, eco de la Muerte, surgida del imaginario del Inframundo que siempre nos lanza una última mirada, a modo de despedida. Y si a pesar del impulso hacia el exterior, hacia la luz, somos capaces de corresponder a esa mirada, con agradecimiento, comprenderemos hacia dónde debemos dirigirnos.
Quiero entrar a la muerte...
Quiero entrar a la muerte
con los ojos abiertos
abiertos los oídos
sin máscaras
sin miedo
sabiendo y no sabiendo
enfrentarme serena
a otras voces
a otros aires
a otros cauces
olvidar mis recuerdos
desprenderme
nacer de nuevo
intacta.
Claribel Alegría
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