viernes, 30 de abril de 2010

La bacante y Dionisios


The Bacchante (1909), Arthur Wardle


La bacante y Dionisios


-En la noche escuché tu voz.
Entre sueños fui llamada por ti.

Sin pereza aparté la ropa de mi lecho.
En seguida puse mi pie en el frío suelo.

Y pisé las aliagas para subir a tu monte.
Apretando los espinos busqué tu cumbre.

En una mano el tirso, en la otra el collar de la fiera.
Levantaba la vid en la derecha, con la izquierda arrastraba el animal.

Bajo las estrellas desparramé mis cabellos.
En las sombras desaté mis ataduras.

A sedientos sorbos, mi sedienta garganta acabó con tu vino.

Borracha de ti mismo, en el gemido de mi boca ardes.

Puse mi corazón, como un racimo, bajo tus pies de vendimiador .

Mi espalda, como una yegua virgen, al estallido de tu relinga.

Me hice gesto en todas las liturgias que te honran.

Me hice palabra en todas las oraciones que suben hacia ti.

Sabes bien que soy tuya: desde tu trono recibiste mi ofrenda.

Mi amor resplandece a tus ojos: se ve su llama desde el más allá.

Sin embargo, me dejas arder en el fuego que me escuece.
A pesar de todo, no alejas el torrente de angustia que me empapa sin descanso.

Desde el fondo de mi amor despreciado clama a ti mi tormento.

Mi ternura de paloma lucha con tu crueldad de buitre desgarrador.

Si tu brazo poderoso me arrastró a la noche de tu misterio;
si con voz de tórtola acurrucada me llamaste al bosque de tu nido

¿por qué golpeas mis senos rendidos con el granizo de tu dureza?
¿hasta cuándo clavarás en mi dulce vientre las saetas de tu furor?

-Ama, calla y aguanta, si de verdad amas.
Envuélvete en tu dolor y en tu noche, si me tienes por placer y por luz.

¿Piensas que se puede amar a un dios sin llegar a ser diosa?
¿Piensas que puede nacer una diosa sin que muera una mujer?

Porque me eres bienvenida, he de macerar tu cuerpo para las nupcias.
Porque has de gozar conmigo, te igualaré a mí.

Te quemaré, te quemaré, para que en chispas subas.
He de herirte, he de herirte, para beber tu sangre.

¿Cómo has de nacer en tu ser de mañana si no agonizas en tu ser de hoy?
¿Cómo nacerías para mí si no murieras para ti?

De las tablas de tu ataúd he de hacer tu cuna.
Amasando tus cenizas esculpiré el cuerpo que ya no perderás.

Cuando me dices crueldad son tus labios de tierra los que me hablan.
Cuando tengas tus labios de cielo me has de decir
amor.

miércoles, 28 de abril de 2010

Cambios de opinión



Dualidad: arte y tecnología, por Kimi-mo, 2007

Es posible que en numerosas ocasiones la posibilidad de un sencillo cambio de opinión se convierta en un auténtico conflicto interno. Una parte de nosotros se aferra a la idea del camino único y directo, sin encrucijadas o desvíos, así como a la lista de elementos rígidamente asociados a cualquier definición con la que se pueda etiquetar a las cosas, a las acciones, a las expresiones, a los demás, o a nosotros mismos. Un cambio de opinión altera el orden de estas cosas, y por lo mismo resulta molesto.

La serpiente crece, y muda su piel, y nosotros deberíamos dejar de usar la ropa que llevábamos cuando éramos niños, porque por cómoda y funcional que fuera en un momento dado, la verdad es que ahora nos queda pequeña y no sirve. Pero en ocasiones nos identificamos tanto con creencias y opiniones a través de las cuales nos definimos, que llegamos a encerrarnos en ellas, privándonos de la opción de seguir creciendo como personas.
Por más que nos urja tomar ese desvío que imperiosamente nos llama tememos que el cambio tire por tierra nuestro historial, quiebre nuestra coherencia, o comprometa nuestra constancia. Es posible que también sintamos cierto temor respecto a la opinión ajena, en el entendido que otros nos identificaron también con aquello que fuimos, y el cambio podría ser considerado desde fuera como una incongruencia, una decepción, o incluso una traición.

Para evitar una sobredosis de autocastigo derivada de esta clase de pensamientos, hay que recordar que la vida nos enseña en ocasiones más de lo que quisiéramos saber y todo lo que podemos hacer al respecto es tratar de estar a la altura de las circunstancias. En ocasiones un cambio de opinión es necesario, y de hecho, mientras nuestra conciencia duda al respecto seguramente el resto de nuestro ser ya lo haya aceptado e incorporado a su realidad y sólo espera a que esa parte de nosotros que se obstina en censurarlo termine por rendirse.

Los cambios no suelen producirse gratuitamente, son provocados por nuestro contacto con una información que antes no teníamos, ya sea de golpe en una sola experiencia, o bien por acumulacion de pequeñas dosis de información que van sumándose en nuestro interior hasta llegar a una especie de "masa crítica" que hace que nos demos cuenta de algo y provoca una reacción consciente por nuestra parte.
Por lo mismo, los cambios tampoco son por lo general tan espectaculares como la sombra que proyectan sobre nuestro temor; No dejamos de ser una persona para convertirnos en otra completamente desconocida, simplemente se produce una variación de mayor o menor intensidad en algún área de nuestra vida.

Llevo más o menos una década escribiendo y publicando en la red lo que me ha venido pasando por la cabeza, y entre todos los escritos hay algunos con los que aún puedo identificarme, y otros que, aún recordando qué me llevó a escribirlos, siento prácticamente como ajenos. Sé que en su momento tuvieron sentido para mí y supongo que podrán servir a otros, y por eso opto por no eliminarlos, aunque no tengan demasiado que ver con lo que ahora soy.
Pero más frecuentemente podría decirse que discuto conmigo misma a través de lo que escribo. Tenía una opinión formada sobre un determinado tema, con el tiempo me llegó información al respecto que antes desconocía y ante la cual no me quedó otra opción que variar la opinión original respecto al tema. En la mayoría de los casos no se trata de una lucha a muerte entre dos aspectos opuestos e irreconciliables, sino de un diálogo que tiene por resultado una síntesis de lo que, para mí, es lo mejor de ambas partes. Sin embargo, sé que debo estar preparada para aceptar una nueva variación, un nuevo juego de matices que agregar, en caso de que llegue aún nueva información. Nunca hay una versión definitiva, y esto es bueno en el sentido que no hay un techo que pueda frenar el crecimiento al respecto.

Si hubiera optado por aferrarme a lo que pensaba en un momento dado, no habría escrito ni la mitad, y aún así sería demasiado repetitivo... porque obviamente no habría nada que añadir o variar. No obstante, esto no ha impedido que existan ciertos principios a los que sin dificultad alguna he sido fiel a lo largo de los años, y con los que sinceramente no creo tener que romper jamás.

De hecho, considero que todas las pruebas de contraste, cambio y matización, nos ayudan enormemente a identificar aquellas cosas que sobreviven y permanecen en o con nosotros a lo largo de las diferentes circunstancias y etapas de nuestra vida y a ir perfilando el contorno de lo que realmente somos... algo que no es conveniente definir de antemano como algo terminado, ya que la construcción de nosotros mismos podría considerarse la única tarea que realmente nos pertenece por completo, un trabajo que no finaliza, cuanto menos, hasta nuestro último día sobre la tierra. Aprender y crecer es un ideal al que podemos ser fieles, coherentes y constantes , del mismo modo que deberíamos comprometernos con nosotros mismos, por encima de cualquier otra cosa y en primer lugar para que las cosas vayan bien.

Por último, respecto a las consecuuencias de nuestro cambio sobre otras personas, o sobre la opinión de éstas, es necesario recordar también que cada paso que damos es una experiencia personal, única, irrepetible y en muchos sentidos intransferible. Nunca estamos completamente solos, pero al mismo tiempo, el recorrido completo de nuestro camino individual sólo habremos de conocerlo nosotros. A lo largo de nuestro viaje por la vida, sin duda hemos de encontrar valiosos compañeros que nos acompañarán por un tiempo, a lo largo de tramos de mayor o menor longitud. En unas ocasiones sentiremos que son otros los que nos dejan, y en otras que somos nosotros los que nos separamos, pero el hecho es el mismo. No podemos temer nuestro propio camino, la necesidad de tomar el desvío, ya sea hacia una autopista o hacia un sendero de cabras. Es posible que volvamos a encontrar a nuestros compañeros, y es posible que una parte de ellos nos acompañe hasta el último de nuestros días, porque nos aportaron algo que ha llegado a ser parte de nosotros.

Desde esta perspectiva no queda espacio para el temor al cambio, y tampoco para el temor a las despedidas. Nunca lograremos que todas las personas nos entiendan y menos aún que nos aprueben, pero la disconformidad ajena también debe ser aceptada dado que no es algo que esté en nuestra mano poder cambiar. Si por el motivo que sea otra u otras personas no pueden acompañarnos en nuestro crecimiento, o a la inversa, es el momento de agradecer lo vivido y despedirse, con nuestros mejores deseos para que todos lleguen en las mejores condiciones al destino de su elección.

domingo, 25 de abril de 2010

Tropezar en el camino

Ofelia, John William Waterhouse, 1889

A medida que avanzamos en nuestro camino nos salen al encuentro numerosas dificultades; Tramos obscuros que parecen interminables, de los que sólo logramos salir ignorando la desesperación para descubrir la serenidad y abrazar la confianza. Sin embargo, nuestro camino no tendría demasiado sentido si careciera de estos tránsitos y experiencias que nos templan y fortalecen.

En cuanto nos damos cuenta de esto, tratamos de estar preparados para enfrentar dichas dificultades. Sin embargo, éstas siguen tomándonos por sorpresa, ya que no suelen ser las que imaginamos, o cómo las imaginamos. De hecho, a menudo no es sino después de un largo tiempo tras de haberlas pasado que nos damos cuenta de lo que fueron. Y aún con mayor frecuencia, por más que las hayamos superado exitosamente, no alcanzamos a identificarlas hasta que volvemos a vernos en una situación similar o paralela.

Así, mientras esperamos encontrarnos ante una hazaña que requiera un esfuerzo titánico por nuestra parte, o un monstruo de siete cabezas y colmillos venenosos, algo mucho más sutil llega arrastrándose por detrás para morder con fiereza nuestros tobillos. Con suerte, el dolor nos despertará de nuestra infinita ensoñación y tomar conciencia de la situación real en la que nos encontramos. Pero no pocas veces estamos tan obsesionados esperando la "cosa terrible" seleccionada por nuestra imaginación, que somos capaces de soportar el dolor y persistir nuestra temeraria invocación hasta que obtenga su respuesta... cuando nos damos cuenta de que ya no nos queda pie.

En ocasiones escrutamos el horizonte como si las nubes de la tormenta debieran acudir a nuestro llamado desafiante, y no vemos cómo los enemigos que dormitan en nuestra propia mente van ganando terreno. Tal vez sea porque nos cuesta admitir que las cosas puedan ser más sencillas, o porque hay algo en nosotros que adora el drama hasta el punto de creer depender de él, y empujarnos a darle una pequeña dosis con cada experiencia.

En el camino hay pruebas y trampas, pero hay muchos más tropiezos. Si vamos por la calle, tropezamos y caemos, posiblemente podemos levantarnos solos y seguir hacia dondequiera que fuéramos. Podemos hacer un auténtico drama de esto, pero no es el daño real y físico lo que más nos duele, sino la vergüenza de que otros nos hayan visto caer y puedan burlarse de nosotros, aún sabiendo que todos se habrán caído alguna vez.
En el camino del aprendizaje sucede igual. Tal vez hayamos pretendido proyectar una determinada imagen de nosotros mismos, apoyándonos en aquello que sabemos, en los buenos libros que atesoramos, en las fantásticas fotografías de nuestro último viaje, o en cualquier otra cosa... Pero tarde o temprano algo nos hará dar un traspié, y no será tanto para que otros descubran que hay detrás de la imagen proyectada, sino para que nosotros mismos podamos hacerlo.

Una vez hayamos rodado lo suficiente por el suelo, destrozando y empapando de fango nuestras mejores galas, llega ese momento en el que nosotros mismos reímos, no sólo por lo estúpido de nuestra torpeza, sino por darnos cuenta de todo aquello que no necesitamos. Con la caída nos levantamos más ligeros, y en lugar de tener una sensación de pérdida lo que sentimos es una vitalidad renovada.

De igual modo que por un sólo día, lluvioso o soleado, no puede determinar el clima, un tramo del camino es un fragmento que desprovisto de contexto pierde gran parte de su significado. Es difícil aceptar que incluso en nuestro momento más penoso, todo está bien; Que si nos hemos caído basta con levantarnos, y seguir, y que no pasa nada incluso si otros en lugar de tendernos la mano, se burlan o tratan de beneficiarse de nuestro tropiezo.

Lo aceptamos cuando comprendemos que no se trata de ganar o perder, de acumular o conseguir, de parecer o resultar... sino simplemente de acrecentar la conciencia acerca de nuestro propio ser, aquel que permanece tras el discurrir de los posibles acontecimientos y estados de ánimo, sin adornos y sin poses. Entonces caminamos mucho más seguros, tranquilos y confiados y, paradójicamente, terminamos por no tropezar tanto.

jueves, 22 de abril de 2010

Día de la Tierra

Doodle conmemorativo del día de la Tierra (2010)

El Dia de la Tierra se celebra en muchos países el 22 de abril. Sus inicios se encuentran en los EUA, cuando en 1970 fuera promovida por el senador Gaylord Nelson una manifestación en favor de la concienciación sobre los problemas medioambientales.

Sin embargo, la propuesta obtuvo una sorprendente respuesta por parte de la población, y el movimiento en torno a las revindicaciones del día de la Tierra creció y se organizó de forma autónoma y descentralizada. Aproximadamente 20 millones de estadounidenses se involucraron con la propuesta. Miles de colegios y universidades organizaron protestas en contra del deterioro del medio ambiente. Y los numerosos grupos que habían estado luchando contra los vertidos de petróleo, la contaminación industrial, los vertederos tóxicos, la pérdida de biodiversidad, etc. comprendieron que compartían valores y objetivos comunes. Por ello se considera que el Earth Day de 1970 marcó el inicio del moderno movimiento medioambiental (1).

En el 40 aniversario del evento, por primera vez la ONU se sumó institucionalmente a la celebración del día de la Tierra,(2) si bien éste ya era conmemorado de modo no oficial desde 1971, coincidiendo el equinoccio de primavera en el hemisferio norte.

También este año se celebró, coincidiendo con el día de la Tierra, en Bolivia, la Conferencia Mundial de los Pueblos sobre el Cambio Climático y los derechos de la Madre Tierra, en la que participaron dos tercios de los países del mundo (3). La CMPCC es llamada también "cumbre alternativa", en referencia a las cumbres mundiales sobre el clima, que si bien vienen celebrándose por la CMNUCC desde 1995, han defraudado especialmente en la última cita (Coppenhague, 2009), que no consiguó llegar a un acuerdo vinculante, ambicioso y justo de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero.





Recuperando el día de la Tierra


Como he mencionado en otros artículos, cuando contemplamos la vertiente política de la ecología corremos el riesgo de sentirnos impotentes. Creo que lo más importante del día de la Tierra es justamente lo contrario, la involucración y voluntad de acción de comunidades, pequeños grupos e individuos, capaces de funcionar de manera autónoma y descentralizada, en el trabajo por la conservación del medio ambiente. El día de la Tierra, no pertenece a un gobierno u organización, pertenece a las personas. Para muchas de las cuales el día de la Tierra, se celebra cada día.

Para recuperar esta dimensión, y centrarnos en aquello que sí podemos hacer, creo conveniente repasar el listado básico de acciones sencillas por el medio ambiente. Al tenerlo presente en nuestra vida diaria, desarrollamos una disciplina que nos permiten conectar, a través de pequeñas acciones, con la Tierra - y la Vida- que honramos y respetamos.



1. Reducir el consumo de agua.

Todo aquel que ha sufrido cortes de agua debido a la sequía sabe de la importancia de este recurso natural. Sin embargo, raramente las grandes ciudades se ven privadas de este bien, por lo que es más difícil concienciar a sus habitantes del valor del recurso que ellos desperdician, mientras otros carecen. No se trata de escatimar, o privarnos, sino de evitar malgastar.
No dejar correr el agua mientras nos lavamos los dientes o enjabonamos la vajilla, o tomar una ducha rápida en vez de un baño. Aprender a reutilizar el agua, por ejemplo, el agua del aclarado de los platos puede emplearse para la limpieza de suelos o en sustitución de la descarga del W.C. (la cantidad de agua potable que se pierde en el W.C. es vergonzosa). En caso de contar con terrazas o patios al aire libre, vale la pena recoger el agua de lluvia para el riego de las plantas.

2. Reducir el consumo de energía eléctrica.

No se trata de ir corriendo a la tienda de electrodomésticos para cambiar los que tenemos por otros de bajo consumo (aunque si vamos a comprar algo nuevo, tengámoslo en cuenta), sino, nuevamente, de no malgastar. Apagar luces y electrodomésticos cuando no se estén utilizando. Sustituir las bombillas convencionales por otras de bajo consumo eléctrico. Llenar la lavadora, en lugar de hacerla funcionar sólo con dos pares de calcetines y un suéter (con esto también se ahorra mucha agua), no dejar la puerta del refrigerador abierta.


3. Reducir el uso de vehículos privados.

Todos conocemos a alguien que usa su coche hasta para ir a comprar el pan, es obvio que eso no es necesario. Aunque el transporte público tiene sus desventajas, ciertamente termina compensando en lo que a tiempos y gastos se refiere. Si no hay más remedio que usar el coche, siempre podemos compartirlo con otros compañeros en nuestros desplazamientos al trabajo, centro de estudio o destino vacacional. Aunque en algunas ciudades se dificulta el ir en bicicleta, en otras no hay excusa. Por último, nunca está de más recordar que la mayoría de humanos cuenta con un par de piernas para desplazarse, y que caminar 30 minutos al día es una costumbre que puede ayudarnos a mantenernos saludables.


4. Reducir el consumo de bolsas y empaques.

En cuanto comprendemos cuánto tiempo tardan en degradarse el plástico y otros componentes de los empaques comerciales, nos invade una cierta angustia (4). Sobrepasándola, lo cierto es que no necesitamos todas esas bolsas y empaques con los que volvemos del supermercado, la panadería o la frutería. Podemos tener nuestra propia bolsa de la compra, y simplemente separar las verduras y demás a la hora de pesarlas. Cuando, de todos modos llegamos a casa cargados de bolsas, porque nos dejamos la nuestra en casa, o porque no había más remedio, siempre es posible darles al menos un segundo uso, empleándolas como bolsas de basura.


5. Gestionar correctamente los residuos y reciclar.

Por lo mismo que se comenta en el punto anterior, los humanos gastamos cantidades ingentes de energía y otros recursos en la fabricación de materiales y productos de poca utilidad que teminarán contaminando el medio ambiente.
Reciclar es la manera de reducir tanto la producción como la contaminación, dando un segundo uso al material. Tampoco se trata únicamente de tirarlo al contenedor correspondiente: en primer lugar deberíamos preguntarnos si realmente ha finalizado la vida útil del producto ( es decir: ¿realmente ya no sirve?), si podemos seguir usándolo como veníamos haciendo, o bien emplearlo para otra cosa. Si realmente ya no sirve para nada, entonces sí, depositémoslo en el contenedor correspondiente.

Estoy segura de que la mayoría de las personas que lean este artículo cumplen con al menos dos puntos de la lista en su vida cotidiana, ahora, pueden probar con otros. Si se cumple con todos, en mayor o menor medida, puede ser una buena ocasión para plantearse nuevas propuestas y acciones :)



NOTAS:

(1) Earth Day, Wikipedia.
(2) La ONU celebra el Día de la Madre Tierra con llamado a desarrollo sostenible EFE
(3)
ONU considera que dos tercios de los países del mundo alzaron su voz en Bolivia ABI
(4) Cuanto tarda.

martes, 20 de abril de 2010

Tradición, conocimiento y ética


En ocasiones el poder de una palabra nos ayuda a establecer relaciones, a encontrar la siguiente pieza del rompecabezas, o el siguiente peldaño de la escalera. En otras, lamentablemente, actúa como un cerrojo o una trampa, despistándonos, haciendo emerger nuestros propios prejuicios o ideas preconcebidas, que nos impiden acercarnos a la realidad tal como es.

Hay palabras que ejercen cierto poder sobre nosotros en función de aquellas imágenes o significados asociados que son capaces de evocar en nuestra mente. Los publicistas -profesionales o vocacionales- lo saben, y localizando las palabras adecuadas en un momento determinado, las emplean en las etiquetas de los productos que desean vender, ya se trate de ropa, alimentos, publicaciones o paquetes vacacionales. Entre esas palabras, prácticamente mágicas por sí mismas, con la que a menudo nos enfrentamos es "tradicional" (1).

Una "tradición" es un cúmulo de información transmitida de generación en generación, lo cual no indica nada acerca de la relevancia, la calidad o la utilidad de dicha información y, dicho sea de paso, tampoco especifica cuántas generaciones se ven implicadas en el proceso.

Cuando alguien trata de vender bajo la etiqueta tradicional posiblemente esté tratando de evocar un origen más remoto en el tiempo - ligándolo a ese otro prejuicio común según el cual "todo pasado fue mejor" - , pero ciñéndonos a la definición del diccionario, cualquier cosa que pase de abuelos a padres y de éstos a hijos podría considerarse una tradición familiar. Sin embargo, muchos compradores del yogur "tradicional" de fábrica lo están eligiendo precisamente por la imagen de la leche ordeñada a mano que centellea en la antesala de la conciencia.

Obviamente, existen también tradiciones que han implicado un número mucho mayor de generaciones, tradiciones antiguas que comúnmente se ligan a una localización geográfica específica, o a un grupo humano limitado. Sin embargo, considero que la antigüedad como valor sólo puede aplicarse en dos casos; cuando el cúmulo de información no ha sido fragmentado en el proceso de transmisión, o, de modo secundario, cuando aún habiendo sido sesgado/transformado lo que ha quedado del origen ha seguido resultando al menos útil y funcional a lo largo del tiempo.

Desgraciadamente la tradición y el conocimiento pueden tomar direcciones opuestas. Existen muchas tradiciones antiguas vacías o medio vacías, en las que se mantiene la forma externa, pero se olvida el contenido, los porqués y los cómos. Si conseguimos un fuego, y lo mantenemos vivo, gozaremos de los beneficios que éste trae a nuestras vidas, pero si por cualquier eventualidad esa llama se extingue, y no sabemos o hemos olvidado cómo volverla a encender, todo se perderá con ella. Sólo cuando sepamos encender el fuego, éste nos va a pertenecer por derecho propio, sin que dependamos de la conservación íntegra de una reliquia concreta.

La tradición medio vacía corre el riesgo de devenir algo rígido y sin demasiado sentido. Dado que sólo posee un número limitado de opciones para conseguir el resultado deseado pretende conservarlas celosamente envueltas en secreto y misterio, porque al igual que esa llama de la que hablábamos antes, al desconocer los mecanismos que operan tras éstas, si se pierden será incapaz de recuperarlas.

Cuando tenemos idea de porqué o cómo funcionan las cosas, cuando contamos con el conocimiento real, somos capaces de experimentar en un campo mucho mayor de opciones y posibilidades para alcanzar los mismos resultados, pudiendo incluso llegar a mejorarlos. En el conocimiento real, el misterio se reserva al nivel de lo inefable... El misterio no se puede rebajar a echar tierra sobre lo que simplemente no sabemos, puesto que en todo caso eso es sólo ignorancia disimulada.

Es necesario entender, por lo tanto, que el conocimiento puede tener un origen remoto y haber sido transmitido a través de las tradiciones, pero siempre es actual. Y por otro lado, que las tradiciones en sí pueden igualmente haberse desvinculado del conocimiento en uno u otro momento. La tradición es como la corriente del río, mientras está viva hace correr el agua, sin embargo hay que tener en cuenta que lo hará tanto si se trata de agua potable como de agua residual.

Desgraciadamente, una tradición puede arrastrar elementos que en origen debieron ser funcionales, pero que en la actualidad y tal vez tras unas cuantas modificaciones - errores de copia- a lo largo del tiempo resulten irrelevantes, equívocos o incluso nocivos (2). Dada la rigidez , provocada por el temor, de las tradiciones vacías, estos mismos elementos contrarios al conocimiento real, pueden perpetuarse mucho más allá de lo que la lógica nos haría pensar.

Este es también el punto en el que la tradición y la ética pueden chocar y, por lo tanto, aquel en el que deberemos esforzarnos por encontrar ese difícil equilibrio entre la tendencia de imponer nuestros propios valores sobre otros y el relativismo absoluto.

Hace tiempo supe de un caso en el que los parientes de una persona con problemas de adicción habían llegado a contactar con un brujo indígena tradicional buscando una solución al problema. Este brujo no era en absoluto un impostor, y la efectividad de sus trabajos estaba comprobada. Sin embargo, el trabajo mágico debía realizarse sin que el sujeto al que se pretendía ayudar supiera nada de ello. En consecuencia, cuando preguntaron mi opinión, comenté que no tenía motivos para dudar de la autenticidad de las prácticas de aquel brujo, ni de su efectividad, pero que aquella no podría ser una opción para mí, dado que el procedimiento a seguir era contrario a mi ética.

Sé perfectamente que a través de la magia, incluso de la magia desligada del conocimiento de los porqués y los cómos, se pueden lograr cosas increíbles ( y esto puede ser una auténtica tentación, sobretodo si hemos caído en la desesperación); Pero el hecho de convertir a alguien en marioneta de una voluntad ajena no me parece precisamente una ayuda a esa persona, independientemente de que esa marioneta vaya a ser enviada a robar un banco o a un centro de rehabilitación. Cualquier individuo, en cualquier situación, debe tener la voluntad de ayudarse a sí misma, siendo consciente de sus procesos, tomando sus decisiones, y todo lo que podemos hacer por ella es apoyarla en el trabajo que ha iniciado por sí misma.

No se trata de que las tradiciones sean auténticas o falsas, provechosas o nocivas, sino de que esto dependerá del tipo de contenido que se esté transmitiendo de generación en generación. Hay de todo. Y como queda claro que no podemos generalizar, cada elemento deberá ser analizado de modo independiente, teniendo en cuenta su contexto íntegro.

En ocasiones, incluso cuando podamos comprender y respetar parte o la totalidad de una tradición, podremos también no estar de acuerdo con ello, no contemplarlo como una opción en nuestra vida, por motivos personales. Sin olvidar que tampoco será demasiado cortés (ni sensato) entrar en casas ajenas para decir qué deberían cocinar para la cena... Todo cuanto podemos hacer es tener unas cuantas recetas a mano, por si llegan a preguntarnos por ellas.

De todos modos creo que el buscador deberá plantearse una o varias veces a lo largo del camino si su búsqueda está enfocada a ese conocimiento ulterior y siempre actual localizable tras multiplicidad de manifestaciones o si la búsqueda se dirige prioritariamente hacia la pertenencia a (o identificación con) un grupo humano y una construcción cultural determinados por factores como la geografía, la etnia, o un periodo en la historia de la humanidad.

En realidad, cualquiera de los dos senderos puede llegar, en un momento dado, a fundirse con el otro, pero antes de que esto se produzca, deberemos haber tomado importantes decisiones y resuelto conflictos internos de los que nadie podrá ocuparse en nuestro lugar.


Notas:

(1) Otro día hablamos de lo "natural", o de lo "innovador" :)

(2) "En toda cultura hay costumbres importantes que celebran las transiciones del ciclo vital, perpetúan la cohesión comunitaria o transmiten valores tradicionales a las nuevas generaciones. Estas tradiciones reflejan las normas de cuidado y comportamiento basadas en la edad, la etapa de la vida, el sexo y la clase social. Si bien muchas tradiciones fomentan la cohesión y la unidad sociales, otras menoscaban la salud física y psíquica y la integridad de los miembros de la comunidad (...). Factores como el acceso limitado a la educación, la información y los servicios permiten la persistencia de las que resultan más nocivas." Lauren Hersh, en su artículo " Renunciar a las prácticas nocivas, no a la cultura".

(3) La imagen del artículo es un fragmento de " La fabula de la joven y el cubo de leche", de Kate Greenaway (1905) tomada del blog Odisea 2008 .