martes, 14 de abril de 2009

Tejer y sembrar

Tenemos la certeza de que aún tras la noche más larga, seguirá un amanecer... de manera que, en alguna ocasión, podemos preguntarnos si no será estúpido invocar o celebrar algo que de todos modos va a suceder aún mucho depués de que no vivamos para ser testigos de ello.
Sin embargo, cuando uno se encuentra derrepente arrancado de la comodidad del hogar, yaciendo en algún rincón incómodo, sintiendo el frío y la humedad penetrando hasta los huesos, la promesa de que tarde o temprano podrá recibir la cálida caricia de los rayos de sol adquiere otras dimensiones y significados muy distintos de aquellos que hasta el momento le eran familiares, y el llamado y la celebración se hacen mucho más comprensibles y dignos de respeto.

Creo que he escrito mucho, con anterioridad, y de un modo personal, acerca de lo que es la Magia. Hoy, de todos modos, me siento empujada a volver a hacerlo. Hoy, que para mí, la Magia es algo parecido a tejer, a sembrar.

Sembrar, porque la Magia puede aparecer a los ojos del público, de aquellos que nos rodean, un truco de prestidigitación en el que se sacan conejos de un sombrero o, lo que es lo mismo, resultados de la nada. Sin embargo, para el practicante, la Magia consiste en primer lugar en saber emplear ciertos conocimientos e, inevitablemente, en tener la paciencia y la constancia necesarias para seguir posteriormente el proceso que ha de darnos el resultado esperado... aún cuando aquellos que nos rodean, no puedan ver nada de lo que está sucediendo, aunque no crean en nosotros que no estamos en condiciones, por el momento, de demostrar nada aún.

Así como un primigenio agricultor, uno selecciona ciertas semillas para sembrarlas en el tipo de terreno que cree el más adecuado, luego las cuidará hasta que germinen y surjan los primeros brotes, luego hasta que llegue el momento de transplantarlos, verlos crecer y fortalecerse.
No todas las semillas sobrevivirán, ni entre los incipientes tallos todos llegarán a fructificar. Pero ante la visión de la huerta vacía, de la negra tierra removida, desdeñar la posibilidad de la siembra sería una terrible estupidez. Todo lo que podemos hacer es seleccionar las semillas y darles los cuidados que consideremos mejores, y aprender a través del ciclo de su crecimiento, cómo mejorar nuestra técnica.
Con el tiempo ha de aumentar forzosamente nuestra cosecha, tanto de resultados como de conocimientos. Pero hay que entregarse a la tarea hasta el punto que escuchemos más a nuestras semillas y nuestra tierra, dictándonos qué es aquello que necesitan para completar el proceso, que las voces de aquellos vecinos que vengan a criticar... la tierra y las semillas pueden dar frutos, las voces sólo nos distraen de la verdadera tarea.

Tejer, porque la Magia es también creación, y recreación. Como la araña, sacando de uno mismo el hilo infinito que permite crear un nido, conseguir alimento, coser heridas o lanzar puentes hacia desconocidas orillas. Las arañas son tan ligeras que aún cuando caen de grandes alturas no se dañan, y si sus telarañas resultan estropeadas o inutilizadas, como otros tantos insectos que ven interrumpida una tarea de largo tiempo; simplemente vuelven a empezar.
Y así cada vez, que un pedazo de nuestro mundo - esa selección que hicimos entre todas las posibilidades que estaban a nuestro alcance - resulta desgarrado por lo imprevisto, recreamos, o elegimos un nuevo motivo para nuestra tela, porque la naturaleza odia el vacío, y es nuestra labor continuar con la única tarea que realmente nos ha sido encomendada; dar forma y sentido a nuestra existencia.


domingo, 29 de marzo de 2009

El Gigante Muerto

Hace algunos meses tuve un extraño sueño en el que descendía una barca por un río atravesando un bosque. La barca se detenía al llegar a los pies de un conjunto ciclópeo, que tan pronto se veía como un conjunto excavado en la roca de un imponente acantilado, como una inmensa construcción de luminosa piedra blanca... de cualquier modo, la proporción era análoga a la medida de un saco de trigo contra todo un granero. Frente a mí, una puerta inmensa, y del otro lado, la oscuridad lo desconocido. Y aunque sabía que tenía que entrar, no podía imaginar cuándo podría salir, si es que alguna vez se daría la ocasión de salir de lo que se me figuraba un interminable laberinto...
Cruzando la puerta de una vez, encontraba a un gigante. -Y aunque el dato pueda parecer irrelevante, señalaré que se trataba del gigante que ha de ser familiar para aquellos que alguna vez leyeron "El Juego de Ender" , de Orson Scott Card-. A pesar de la diferencia de tamaño, el ser que era en el sueño , azuzado por la idea de que la huida no era opción, y se trataba en consecuencia de matar o morir, ataca aquella mole de carne con todas sus fuerzas. En ese momento desperté, agitada... tardé un tiempo en darme cuenta, ya despierta, de que, en realidad, el gigante ya estaba muerto cuando lo encontré.
En ocasiones, el primer obstáculo a enfrentar al iniciar una nueva etapa en nuestra vida, son nuestros propios logros pasados, o nuestro "último gran esfuerzo"; pues habiendo llegado a la posibilidad más alta que nuestro anterior nivel podía ofrecer, saltamos hasta lo más bajo del siguiente a conquistar. Nótese, no es lo mismo que caer.

Volvemos a empezar, y todo lo que nos está permitido llevar con nosotros, el único bien que puede conservar su valor, es la tenacidad necesaria para aprender nuevas reglas, adaptarnos y seguir adelante, seguir creciendo hasta que esos nuevos escalones que ahora nos parecen montañas adquieran proporciones más asequibles, con la idea de que algún día, por lejano que sea, lleguen a ser tan familiares como los de nuestra propia casa.

Podemos ver al Gigante como el último cúmulo de problemas, miedos, y otros asuntos que teníamos que resolver antes de empezar una nueva etapa. Que lo matáramos o muriera no es tan importante como darse cuenta de que ha dejado de ser una amenaza activa que nos impedía avanzar, y lo que ahora hay en su lugar es un cadáver que bloquea igualmente el camino.
Restos de algo que ya vencimos que no podemos llevar como un trofeo, y que tarde o temprano empezarán a descomponerse, así que, además de ser tan inútil como estúpido seguir peleando con un cadáver, no puede uno alimentarse de él, ni puede permanecer demasiado tiempo en su presencia, por el peligro de infección que supone.

Muchas personas pueden creer que lo que resulta difícil son los actos de valor, de fuerza, etc. sin pararse a pensar que son la consecuencia normal de todos los pensamientos y acciones que, de un modo coherente, los precedieron. Lo difícil es saber qué hacer, cómo comportarse, cuando el trabajo ya está hecho, y es el momento de localizar un nuevo objetivo.
Se puede suponer que, el quedarse "en blanco" en un momento tan crucial, el hecho de que ni siquiera nos hayamos hecho una idea de cuál sería el próximo paso a dar, es uno de los problemas que acarrea el ser criados a base de cuentos que terminan en un final tan feliz que, tras conseguir su objetivo, el "héroe" de la historia no hace nada, nunca más... algo que, en lo que a su individualidad heroica se refiere, no es un resultado demasiado diferente al que hubiera obtenido de haber muerto en el intento.

Lo único que vele la pena hacer, llegado ese momento, es seguir adelante. No volví a soñar en ese escenario, pero estoy ahora segura de que lo siguiente que hubiera visto, al bordear o saltar el cadáver del gigante, hubiera sido la continuación del río, una laguna, o cualquier variante que permitiera darse el baño apropiado a las circunstancias, para proseguir en las condiciones que la nueva aventura requiere.

Posiblemente estemos tan desnudos y desarmados como en el momento de nuestra llegada al mundo. Pero aprender a desnudarse es también una manera de deshacerse de cargas innecesarias y volver a lo esencial, receptivos a que todo cuanto nuestros sentidos, internos y externos, se convierta en un aprendizaje. De igual manera, las armas no sirven de nada, si no se sabe cómo emplearlas, y menos aún si no se tiene en cuenta la razón por la que se esgrimen, o si se ha olvidado que no son más que una extensión de la persona que las maneja.

Hay un gozo difícil de expresar cuando se deja ir ciertas cosas, algo parecido a cuando, después de mucho frotar, una vieja joya nos muestra su brillo original. Hay un gozo difícil de explicar cuando nos hemos consumido en llamas hasta encontrar ese centro irreductible que nos permite volver a crear, desde nuestras entrañas, el universo que habitaremos en los días venideros. Como si se tratara de un juego infantil, demasiado íntimo para ser compartido; no hace falta que otros lo entiendan. Otros verán los frutos de este trabajo, pero la génesis de un nuevo mundo, de aquello que ha de ser nuestra particular creación, será siempre un secreto o, más bien, un misterio para los demás.


miércoles, 25 de marzo de 2009

De las flores al ser único

Tal vez la edad, tal vez el verme eventualmente saturada por un exceso de intensidad y contraste, es lo que hace que, la cándida visión del revoloteo de las avecillas entre los arbustos en flor, lejos de parecerme una insustancial imagen de postal, constituya una suerte de remanso de calma, digno de agradecerse: una excusa para detenerme, respirar, y recordar aquello que debe ser recordado.

Paseaba cerca de un muro, sobre las aceras naturalmente alfombradas por las liláceas flores de Jacaranda, cuando advertí una flor algo más grande, de color similar, pero diferente forma, que después supe se llama Tumbergia azul. En un acto reflejo, me agaché para recogerla; luego con ella en la mano me pregunté cómo podía ser algo tan simple y, a la vez, tan hermoso... No sólo la flor, o su color pálido y sereno, sino el modo en cómo había llegado ahí, como si habiendo llegado el momento preciso ella sola se hubiera soltado del tallo, dejándose caer, y aterrizando ligera e intacta entre las otras flores, despreocupada de lo que sería su posterior deterioro.
Y mi propio acto reflejo, sin otros motivos que la curiosidad o la estética, sosteniéndola en la palma de mi mano y sin saber y sin preguntarme siquiera qué hacer después con ella, cuando el instante hubiera pasado, porque mi mente se inundó de evocaciones... y pensé, qué apropiada luciría en la cabellera de una joven, que se ensueña tendida en la hierba, en la orilla de un río, esperando con tanta ansiedad como deleite, a ese amante, ya conocido por sus carnes, o bien aún imaginario que habría de aparecer sorpresivamente y abrazarla por la cintura.
Había en esta visión algo de primitivo, desnudo de más ornamentos que aquella flor, igualmente simple y hermosa, que hizo que me preguntara - una vez más- si no es posible que día a día estemos caminando por el paraíso sin darnos cuenta, del mismo modo que las suelas de nuestros zapatos y el asfalto han separado las plantas de nuestros pies del tacto de la piel de la Tierra.

La cuestión es que la flor de la jacaranda, y la flor de la thumbergia, se asemejan en color, la una viniendo de un árbol, la otra de una trepadora,van a coincidir en un momento dado en el mismo espacio, pero cada una viene de una larga selección de adaptaciones al medio, que han demostrado ser igualmente válidas. Y así como existe la variedad en las flores, existe entre las personas y aunque nosotros, humanos, sí pertenezcamos a una misma especie, algo podemos aprender de ello.

Recordé el episodio de las flores al hablar con una persona cuyo reto en este momento consiste en descubrir no sólo cual es la estrategia de adaptación al medio que le corresponde, sino sobretodo el valor de esa forma propia que sólo ella puede encarnar. El poder de sus propios ritmos, aquellos únicos que pueden ligar el potencial que entraña la semilla vital que le fue dada en custodia por el hecho de existir, con el poder nutricio de los frutos que tarde o temprano deberá entregar al mundo.
El nacimiento es siempre el momento más difícil, aquel en el que todo está por confirmarse, aquel en el que la balanza no se inclina a nuestro favor. Pero luego aún hay que sobrevivir, cada día y cada hora, y más que eso, desarrollar las raíces que nos proporcionarán estabilidad y alimento, y crecer dirigiéndonos hacia la luz del sol, aún cuando el bosque nos rodee de imponentes sombras... al final la materia de la que estamos hechos volverá a la tierra, pero de nosotros depende si en el trayecto somos capaces de unir las fuerzas de lo subterráneo con las celestes en actos de creación propia, en frutos.

Hay espacios de competencia, y hay espacios de convivencia... Pero lo que importa, al fin y al cabo, es que mientras podamos decir que estamos vivos, nuestras estrategias han funcionado al menos en grado suficiente para darnos la oportunidad de ir más allá de las circunstancias interiores o exteriores en las que nos encontramos en nuestro presente. De nuestra propia adaptación al medio dependerá si nos afincamos en unos u otros. Debemos conocernos, debemos saber cuál es nuestra necesidad real, nuestra voluntad real, definir los objetivos, e ir por ellos. No importa cómo lo hagan otras flores, si no somos como ellas. Como somos, realmente, está más que bien, en nosotros está el camino para llegar dónde necesitamos, donde realmente queremos, donde está escrito que debemos llegar.

Por eso, de nada sirve intentar darle prisa a una flor para que extienda sus pétalos, ni gritarle o darle mimos para tratar de dirigir o persuadirla acerca del color que nos parece que va a serle más útil. Cada flor será del color que le corresponda por naturaleza, y se desarrollará según su propio ritmo; lleva en ella el conocimiento necesario para ser y permanecer en el mundo. Respetar la naturaleza, a veces, va más allá de no ensuciar los parques... y significa permitir que las personas sean lo que son, admirarse de sus formas únicas, dejar que se desarrollen como deciden hacerlo, no como creemos nosotros, desde fuera, creemos que "deberían". Porque el deber real, el que prioriza sobre cualquier otro, es el de cada cuál consigo mismo.

sábado, 21 de marzo de 2009

Equinoccio de Primavera

Subo a la terraza, es de noche... un avión cruza el cielo y recuerdo aquella sensación de cabalgar en el reino de las nubes, y me pregunto cómo es posible que hayan sucedido tantos cambios en menos de un año.

Extraña primavera, ésta, en la que se cruzan los caminos de ida y regreso; en la que el caos se arremolina y me envuelve con toda su fuerza, mientras el suelo tiembla bajo mis pies, y mi alma vaga en un sueño consciente, entre montañas de recuerdos. Sabiendo que no puede ceder a la tentación de permanecer en aquellos más agradables, que nos acunan como niños, sabiendo que no puede apoyarse en aquellos más duros que son reflejo de pasadas conquistas... Sabiendo que el único que importa, el que hay que buscar, es aquel fragmento -aparentemente insignificante- capaz de dar orden y sentido a todo, capaz de volver a crear un mundo que se extinguió en llamas.

Tal vez al salir de la cueva nos deslumbre el sol, hiriendo nuestros ojos; pero hay que seguir adelante. Aún desnudos, aún encadenados, aquello que habita en nuestro interior resiste, brilla, con luz propia, golpea con fuerza nuestro pecho recordándonos que seguimos vivos, y se ríe en complicidad con las danzas de hojas y aguas; con el silencio de las piedras. Aún envuelto en sogas, ríe, pues el espíritu, como el mar o el viento, no puede ser apresado, ni herido.

Busqué un video de Fantasía 2000, sobre "El Pájaro de Fuego", de Stravinsky. [No quiero pensar en lo que a éste le parecería, dado que el argumento de "El Pájaro de Fuego", basado en un hermoso cuento del folklore ruso, que, al igual que la misma "Consagración de la Primavera", poco tiene que ver con la interpretación que le diera Disney).] No encontré lo que esperaba ver, y, sin embargo, resultó una excelente metáfora respecto al momento presente, o lo que puede suceder cuando nuestros ciclos personales se desincronizan, al menos aparentemente, de los naturales...

Después del largo invierno, las fuerzas de la primavera despiertan del sueño en el centro de la tierra, y salen a fertilizar el mundo. Pero en ocasiones, en su alocada carrera, en su ciego ímpetu, despiertan a su paso otras criaturas o fuerzas, de signo contrario, que debieran permanecer inactivas. Y se produce el desastre. Como un incendio que arrasa los bosques en su momento de mayor esplendor, reduciéndolos a un lecho de ceniza gris. De vez en cuando pasa, a veces, si hay la suficiente paciencia, si no siguen terribles lluvias, la ceniza es fértil a su vez , y todo vuelve a empezar, mientras el espíritu no se separa de las fuerzas de la Vida, mientras recuerde que, aquello que vive, jamás se rinde.



martes, 17 de marzo de 2009

Actualizaciones Tardías y Grupos MSN

Como todos deben saber ya - aquí mi cara colorada como un tomate de la vergüenza-, el servicio de MSN Groups se suspendió a finales del pasado mes de Febrero.

MSN dió la opción de migrar el contenido de los foros que alojaba al sistema Multiply. Este sistema , entre otras cosas, sustituía los grupos por blogs en los que los diferentes foros pasaban a convertirse en etiquetas, y convertía los textos en ilegibles al plagarlos de caracteres gráficos.

Gracias a Alfonso Orozco y la labor del equipo Arjuna (Rojo Intenso), dos de los grupos que constaban en mi lista de enlaces, fueron trasladados a sistemas de foros, que siguen siendo foros :) A saber; Blue Moonlight y Sendero Celta, que cambió el nombre a Sendero Pagano. Los links en la lista de enlaces ya están actualizados.

Ahora sólo falto yo...