viernes, 5 de febrero de 2010

Las luces de Imbolg

En un artículo de El Almanaque, en referencia a la Candelaria, Mario Arnal escribe:

(...)Cerraba el dilatadísimo ciclo de la Navidad, que empezaba el 8 de diciembre, con la fiesta de la Purísima y acababa con la fiesta de la Purificación de María en el templo. (...)
Por la enorme variedad de tradiciones que giran en torno a esta fiesta, y que con seguridad no nacieron todas con ella, se diría más bien que se trata de una fiesta del tiempo, que debían tener de una u otra forma todas las culturas, y que se aglutinaron en la fiesta de la Candelaria. Llama la atención que siendo esta fiesta de purificación, haya escorado hacia la luz, hasta prevalecer incluso la denominación que hace referencia a la luz, sobre la que se refiere a los ritos de purificación. (...)

Parece que, en el ámbito del neo-paganismo, la celebración de Imbolg también ha priorizado el simbolismo del renacimiento de la luz por encima de otras prácticas, de carácter purificador, tradicionalmente asociadas al mismo momento del ciclo anual. Es posible que, mientras prácticas y estas tradiciones asociadas a “la luz” permanecieran o derivaran en la Candelaria cristiana – en la que la necesidad de purificación se conserva como reminiscencia-, otras tradiciones, ritos y prácticas propias de la estación que mostraban sin embargo aspectos más salvajes, como la Lupercalia, derivaran en el Carnaval que tradicionalmente precede a la Cuaresma.

No tiene, sin embargo, porqué existir una contradicción entre estos enfoques de la festividad, dado que pudieran corresponder a dos aspectos de una misma empresa: la salida del Inframundo, el regreso a/de la luz; y la preparación que requiere la reincorporación al mundo de lo vivo.

La consagración de las velas

Una práctica extendida en Imbolg es la consagración de las velas para su uso posterior. En el mismo artículo de Arnal se describe esta práctica en la tradición cristiana:

El caso es que en la misa de la Candelaria se bendecían velas de varios colores, cada color para un uso, y se repartían a los fieles. Al tratarse de velas bendecidas, no se empleaban para el consumo, sino que se reservaban para usos de carácter religioso. Se empleaban para prevenirse de los rayos y del granizo en las tormentas, para ahuyentar a las brujas y los malos espíritus, para proteger a la familia de las enfermedades, y también a los rebaños y animales de labranza. La vela blanca se empleaba para las ceremonias religiosas: la procesión del mismo día de la Candelaria, la Semana Santa, etc. La amarilla, para los funerales y para iluminar durante la extremaunción a los moribundos.

Obviamente no se trata de discutir si esta tradición de consagrar las velas es de origen o carácter más cristiano que pagano, o a la inversa. Se trata más bien de señalar las costumbres que las gentes han llevado a cabo desde largo tiempo atrás, y como han llegado a nuestros días, las transformaciones que han sufrido, los significados que se han perdido o aquellos que han sido agregados.

La celebración de la luz, ganando terreno a la oscuridad, puede asociarse al aumento progresivo de luz solar iniciado en el solsticio de Invierno. En este sentido, el encendido de velas tendría relación - o marcaría una continuidad- con prácticas similares que se llevan a cabo en la noche del solsticio.

Sin embargo, las velas son consagradas o bendecidas para un uso posterior. En la mitología correspondiente a la parte del ciclo anual que se desarrolla en el Inframundo, diferenciamos tres momentos; Aquél en el que la semilla se desprende de la envoltura del fruto, la posterior lucha por la posesión de estas semillas, y finalmente el momento de la germinación. En cierto modo, hacer acopio de velas en este momento pudiera ser un gesto análogo a guardar un puñado de semillas/posibilidades, antes de la germinación; No para consumirlas de inmediato, si no para sembrarlas en un momento posterior.

Emergiendo del Inframundo

En el mito del descenso de Ishtar, al pasar por cada uno de los umbrales que conducen al mundo inferior, la diosa debe desprenderse de sus pertenencias, que representan a su vez diferentes atributos. Al ser rociada con el agua de la vida, y regresar al mundo de los vivos, sus pertenencias y atributos le son restituidos en la misma secuencia.

Una posible interpretación de este viaje por el Inframundo nos habla del ser descarnado, desprendido de su envoltura material. El Inframundo es también el reino de las posibilidades infinitas, latentes, no manifiestas. Para regresar al mundo de los vivos, al de las posibilidades concretas y manifiestas requerirá de una re-encarnación, una nueva envoltura, la formación de la cual constituye una individualización.

La luz que se precisa en este momento será en todo caso la de la linterna que ilumina la oscuridad en este largo camino que parte de las entrañas de la tierra hacia la luz del día. La pequeña llama, desprendida de un fuego mayor, abriéndose paso entre tinieblas, es también un símbolo de esa individualidad; de esa posibilidad concreta que es una semilla, y que también cada persona es. En este último sentido, nos recuerda de dónde venimos, de lo que estamos hechos y hacia dónde vamos, pero también que el recorrido entre el origen y el final se llevará a cabo de una manera única, probablemente irrepetible.

“En la llama de una candela están activas todas las fuerzas de la naturaleza”, dice Novalis. La cera, la mecha, el fuego y el aire que se unen en la llama ardiente, móvil y colorida son en sí mismos una síntesis de todos los elementos de la naturaleza. Pero tales elementos están individualizados en la llama única. La vela encendida es el símbolo de la individuación, al término de la vida cósmica elemental que viene a concentrarse en ella.

J. Chevalier ; A. Gheerbarant, Diccionario de Símbolos, Herder , Barcelona , 2003 p.1052

Al prender las velas de Imbolg podemos estar afirmando esta idea del viaje de vuelta que emprendemos hacia la superfície; ínfima en la oscuridad y no obstante capaz de vencerla, es nuestra guía, nuestro impulso y somos nosotros mismos.


Otra característica de la luz es su silencio, pues a parte del crepitar ocasional de la llama, la vela no provoca sonido alguno. El silencio se impone en este momento de formación, del mismo modo que cuando algo está por suceder, pero aún no ha sido confirmado, guardamos el secreto – muchas cosas pueden salir mal – como si pudiéramos envolver nuestro deseo en un velo, en un abrazo íntimo y maternal, que lo proteja de los posibles peligros, de los enemigos, hasta que llegue a confirmarse, hasta que tenga la suficiente fuerza como para sostenerse por sí mismo. Una vez este deseo haya salido al mundo, es posible que el silencio se rompa por completo, siendo comunicado a otros y convertido en una gran celebración.

Por otro lado, podemos considerar que, al encender las velas preparadas, consagradas o bendecidas – en Inbolg, o en un momento posterior- lo que haríamos sería animar una de estas posibilidades latentes y no-manifiestas, escogida de antemano; Llamarla por su nombre hacia la manifestación en el plano material o concreto, con el fin de que pueda ser experimentada por nosotros a través de nuestros sentidos, o desde nuestra conciencia ordinaria.
Este nombre, particular, lo habremos conocido en nuestro viaje por el Inframundo, o por el territorio del sueño, y lo hemos traído con nosotros, como una semilla, a la superfície en el momento en que está listo para manifestarse – germinar- cuando se den las condiciones óptimas.

2 comentarios:

Violeta dijo...

Por fin puedo leer estos posts últimos con calma... Qué delicioso lo que has puesto, sobre todo desde "Una posible interpretación de este viaje por el Inframundo nos habla del ser descarnado, desprendido de su envoltura material. El Inframundo es también el reino de las posibilidades infinitas, latentes, no manifiestas. Para regresar al mundo de los vivos, al de las posibilidades concretas y manifiestas requerirá de una re-encarnación, una nueva envoltura, la formación de la cual constituye una individualización" en adelante. Qué reconstituyente. Para mí familiarizada sobre todo con el agua, pero también la tierra y el viento, me faltaba y se me escapaba el elemento fuego/rojizo/luz -no de la luna-, que dada mi naturaleza no entendía demasiado bien, voy a leerlas otra vez más (todas estas, las últimas entradas coincidentes con el día de la Candelaria) para recrearme. Gracias por compartirlo y por tus investigaciones-lecturas ;)

Vaelia dijo...

Gracias a tí :)
Ésta fue una festividad especialmente abundante; había mucha información "en el aire" y al tratar de traducirla en palabras una y otra vez siento que doy vueltas a unas mismas ideas y que, no obstante, por más que escriba, me quedo corta.

Saludos,
Vae.