sábado, 18 de septiembre de 2010

Acerca del Carpe Diem




No indagues Leucónoe - no es lícito saberlo-, qué fin han decretado para mí los dioses, cuál para ti, ni sondees el cálculo babilonio. ¡Cuánto mejor soportar lo que haya de ser, tanto si Júpiter nos ha concedido muchos inviernos, como si es nuestro último el que ahora quiebra las olas del mar Tirreno contra los escollos! Sé sabia, filtra el vino y, breve como es la vida, corta la esperanza larga. Mientras hablamos, habrá huido celosa la edad: goza el momento, sin confiarte demasiado al mañana.

Horacio, Oda XI


A pesar de que la Oda a Leucónoe sea el origen del tópico literario Carpe Diem , muchas de las interpretaciones posteriores que se han dado a dicha expresión han sesgado una parte importante del mensaje original del autor. La idea que normalmente se asocia al Carpe Diem es que la muerte podría llegar en cualquier momento, sin embargo se omite algo que Horacio no descuidó: que la muerte igualmente podría demorar su visita.

Sin embargo, muchas interpretaciones posteriores del Carpe Diem transpiran un gran temor hacia la muerte, pero incluso un temor aún mayor ante la madurez y la vejez. Este segundo Carpe Diem se opone al pensamiento horaciano, pues en lugar de restar importancia al futuro y prepararnos para enfrentarlo sin importar qué nos depare - hasta el punto de no cuestionar sus designios-, le otorga las cualidades de un enemigo invencible capaz de condicionar la experiencia del mismo presente que el autor original invita a hacer nuestro.

De este modo lamentable el Carpe Diem se ha empleado en no pocas ocasiones para justificar un sin fin de momentos desperdiciados en una febril carrera por escapar de las garras de un enemigo desconocido que no nos atrevemos a enfrentar. Pero en este tipo de vidas no hay ningún gozo posible, sólo un gran miedo que crece alimentándose de la vida que le es entregada por aquellos que azuzados por el miedo emprenden una huida hacia delante... Y de este modo el individuo se precipita hacia aquello que más teme, consiguiendo hacerlo realidad.

Horacio invita a través de sus palabras a vivir sin confiar demasiado en el futuro, pero sin temer que éste no nos sea concedido, o no lo sea como lo esperamos. Como otros autores han hecho a través de diferentes épocas, señala la conveniencia de ser y actuar conscientes en el presente, como la única realidad en la que podemos incidir. La importancia de saber desgranar nuestro tiempo momento a momento, viviéndolo con plenitud, de tal manera que el si hubo un antes o si habrá un después no empañe la experiencia.

Al contrario que otros autores, que contribuyeron a la sobrevaloración de la juventud de la que tantas personas se han convertido en esclavas en la actualidad, Horacio escribe "Sé sabia, filtra el vino", refiriéndose a cualidades humanas que no están supeditadas a una edad concreta, sino que pueden acompañarnos a lo largo de todas nuestras edades, susceptible incluso de mejorar con el tiempo, en caso de que "Júpiter nos conceda muchos inviernos".

Y en las mismas palabras Horacio aconseja a Leucónoe, y al lector, el mecanismo óptimo para no temer ni esperar el futuro incierto, siendo capaces de aceptar lo que sea que quiera venir. La sabiduría nos permite apreciar y agradecer con serenidad la belleza de cada momento, único, irrepetible y perfecto en sí mismo, y susurra a nuestro oído la acción y la palabra más adecuadas según el mismo.
Por otro lado, el vino se filtra con el fin de aclararlo, liberándolo de impurezas. Incluso aquí el autor incide en la calidad, en el detalle, en valorar la calidad de la experiencia, desdeñando el exceso. Pero la imagen del nos recuerda también que somos nosotros los responsables últimos de dar una interpretación, un sentido, a aquello que nos sucede y nos rodea, a nuestras vivencias y relaciones. El autor nos remite, de este modo, a asumir la responsabilidad de nuestra condición vital, recordándonos que el mayor poder del ser humano, aquel del que no puede desentenderse, aún cuando todo lo demás pueda escapar de su dominio, es la gestión de sus propias ideas, impresiones, sentimientos o emociones.


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