domingo, 17 de julio de 2011

Elogio de la sombra


Spilosoma lubricipeda (2011), Mathias Krumbholz


"Encuentra la belleza no sólo en la cosa en sí misma, sino también en el patrón de las sombras, la luz y la oscuridad que el objeto posee".
Junichiro Tanizaki.


P.D. : Encontré la cita en un periódico gratuito de mi barrio. En Temakel pueden leerse algunos fragmentos de su ensayo "Elogio de la sombra" (1933) en el que el autor compara las diferentes percepciones e interpretaciones de la sombra por parte de oriente y occidente.

martes, 12 de julio de 2011

Cruzar los límites


A deer, Rien Poortvliet (1932 - 1995)

Siempre ha sido un poco triste pasar el solsticio en el Distrito Federal: la memoria física y emocional se prepara para el aumento de las temperaturas del verano mediterráneo, pero se encuentra con el inicio de la época de lluvias, como un otoño anticipado. Después de tres años, sin embargo, agradezco estos cielos grises, que no podían ser más oportunos para seguir el camino del agua a través de la tierra, hacia la oscura morada de las raíces.

Como sucede con tantas otras cosas, sólo cuando nos familiarizamos con un entorno empezamos a percibir aquellas cosas o aquellos caminos que, debido a nuestra extrañeza, no estaban a nuestro alcance antes. Es por esto que la visita turística, por abundantes que sean las explicaciones de nuestros guías, no sirve para conocer los lugares, las cosas, o las personas. Los guías tratan de traducir su conocimiento a términos que, como profanos, podamos entender. Lo más que pueden hacer es acercarnos a algo, aunque a veces se dediquen a lo contrario. A menos que nos impliquemos con aquello que pretendemos conocer, superando los tópicos y convencionalismos generados alrededor, nuestro acercamiento será fallido.

Conocer significa, en muchas ocasiones, haberse caído varias veces y haber aprendido de nuestros golpes. En otras tantas significa simplemente haber permanecido delante de una puerta hasta que esta se nos abre... Incluso si desconocíamos que allí hubiera puerta alguna. En ambos casos exige que traspasemos la barrera que distingue lo que creíamos y lo que sabemos.
El conocimiento no se puede comprar, ni ser arrancado a la fuerza, y tampoco puede conseguirse con prisas. Se da en las condiciones adecuadas, como una flor mítica, cuando en nuestro interior el terreno que ofrecemos es el adecuado. Hay un momento en el que realizando cualquier actividad, podemos percibir el impulso vital que discurre detrás de la ilusión de lo cotidiano.

No obstante, tal vez sea importante recordar que el sendero que recorremos no tiene un final conocido: siempre habrá algo más que nos esté aguardando tras la línea ilusoria de las limitaciones que asumimos, a menudo por ahorrarnos el esfuerzo de ponerlos a prueba. Siempre habrá ocasión de descubrir nuevos ámbitos en los que - en principio- nos sintamos débiles, torpes, estúpidos, avergonzados o sorprendidos de ser tan novatos a pesar de haber logrado un envidiable control o avance en cualquier otra área de nuestra vida.

En muchas de sus vertientes e interpretaciones, el paganismo ostenta una imaginería tan atractiva que prevalece por sí misma sobre cualquier otro criterio, incluido el ético. No es de extrañar que la situación propicie que, en lugar de profundizar en las cosas, nos dediquemos a pulir superficies, o que muchos aspirantes a buscador se conviertan en escaparatistas. Esta sentencia estética, que no siempre procede de un juicio propio, nos lleva a construir y proyectar una imagen de nuestra persona ante los demás pero, especialmente, ante nosotros mismos. Cuando se le da prioridad por encima de otras cuestiones, se abandona de antemano el esfuerzo de percibir y entender lo que realmente somos, lo que son los demás, o lo que es el mundo que habitamos y debemos cuidar.

A menudo esto también nos lleva a renunciar a la concrección de proyectos, por temor a que su realización no esté a la altura del ideal, o porque pretendemos llegar de la casilla de salida hasta la final de un salto, ignorando el recorrido. Pretendemos que, como si se tratara de una película, procesos como conseguir un trabajo, superar un duelo o reformar una casa se reduzcan a una serie de imágenes sucesivas acompañadas por una canción que, al terminar, lo deja todo limpio y resuelto.

Es importante aprender a desprenderse de lo que una vez fuimos, y comprender que en otro momento seremos otros. No dejarnos paralizar cuando las cosas nos sorprendan, y no se parezcan a nada de lo que nos habían dicho, o creíamos que debían ser. No temer cruzar los límites por los que nos definíamos. Porque no se trata de recortar la Vida hasta reducirla a nuestras dimensiones, sino de crecer tratando de abarcarla, aunque esto suponga rompernos por completo una y otra vez.

jueves, 30 de junio de 2011

Eclecticismo



El eclecticismo no es un "revival", ni es algo tan trivial como tomar modelos y elementos del amplio repertorio de la historia (...) y combinarlos en una agradable y bonita presentación. Hay algo más, algo que le da sustancia y esencia, para que no resulte un edificio que nace muerto.
Nicolás Mariscal Piña.

* Citado en : Eduardo Báez macias, "Historia de la Escuela Nacional de Bellas Artes", UNAM, México, 2009. Ilustración: "New Lepidoptera Heterocera", W.Purkiss (1890) para Proceedings of the Zoological Society of London.

martes, 21 de junio de 2011

Más Vida, Miquel Martí i Pol


Mountain Landscape, Derek McCrea


Más Vida

Es bueno saber permanecer cuando todo incita
a desistir.
Cerremos, si es necesario, las puertas
y convirtamos la casa en un reducto
donde cada cosa, poco a poco, retome
dimensiones comprensibles y amigas.

Nada nos limita salvo el rechazo
de este espacio. En la incertidumbre granan
voces y más voces y a lo lejos el mar propone
el impulso del viento y la luz de las rutas.
Siempre el poniente convoca fuegos y auroras.

Saber permanecer, he aquí la consigna,
y preservar cadaquién el pequeñísimo
terreno en que proclama, altivo, más vida.


L'àmbit de tots els àmbits (1980)

domingo, 12 de junio de 2011

Frutos silvestres



El desencanto es una medicina en la medida que nos ayuda a ver las cosas tal como son y no tal como quisiéramos que fueran, pero es también un veneno potencial que puede insensibilizarnos o inmovilizarnos. A menudo queremos estar preparados, más de la cuenta. Tratamos de preveernos de lo malo, y de lo demasiado bueno, midiendo cada paso y cada palabra, temerosos de la traición de nuestra sombra o incluso de nuestro aliento. De un posible vaho capaz de revelar que albergamos en nuestro interior el calor de las cosas vivas, de recordarnos de qué lado del espejo nos encontramos; cuál es la carne y cuál el reflejo.

Uno se lo piensa mucho antes de escribir sobre aquellas cosas que insospechadamente descienden a la raíz y remueven el fondo, despertando las voces de aquellas criaturas que, a pesar de no existir, permanecían allí dormidas. Cuando abren perezosas sus grandes ojos, vemos con ellas cosas que antes parecían no estar ahí. Nos empujan hacia las paredes entre las que nos encerramos, como si quisieran golpearnos con furia, sólo para que descubramos que todo el muro era una ilusión.

Y a veces uno se cansa de las líneas domesticadas, de las palabras bien portadas que han perdido aquel olor salvaje con el que nos acompañaban mientras cruzábamos a solas el bosque y decidieron seguirnos. A veces uno debe alejarse de las cosechas y volver redescubrir los frutos silvestres, unas veces más amargos, y otras más dulces que aquellos del agricultor, pero que en todo caso no están allí para ser explotados, ni serán arrancados aún verdes para madurar artificialmente en el viaje hacia el supermercado.

Hay lecciones que resultan demasiado caras como para ser desaprovechadas. Lecciones como un pasaje encantado que nos llevan, a través de la ruptura, más allá de nuestros propios límites; Allí dónde es tan difícil - como innecesario- dar explicaciones.
A veces partimos de una casa que fue un cascarón, con una o dos maletas, hacia un futuro a menudo imaginado, siempre incierto. El camino es en ocasiones una cuerda suspendida en el vacío, pero miramos al frente para no perder el equilibrio. Miramos atrás, a veces, y no sabríamos decir cómo salimos de aquella trampa, o cómo recuperamos el camino después de un largo extravío. Los finales se mezclan con los principios; repetimos escenarios y diálogos que más nos gustan como si fueran el estribillo de la canción de nuestros huesos.

Hay mañanas en las que todo parece nuevo, posiblemente porque lo es. Días en los que, sin previo aviso, las puertas se abren, las cosas ya no son lo que eran, aunque nos cueste tanto creerlo y aún más aceptarlo. Aquello que nos rodeaba, o aquello que nos habitaba, ha cambiado, por mucho que temamos ser engañados y terminar confirmando nuestra expectativa de fracaso. Y una parte de nosotros se ha preparado ya para dar el salto -por más que tenga que cargar con el peso de nuestro recelo-, y remontar el vuelo hacia un paisaje desconocido, desde el que abordar nuevas tareas y acunar nuevas preguntas.

Todo lo extraño en nosotros nos devuelve al espejo, a tomar conciencia de aquello que no queríamos, no podíamos, o no sabíamos ver de nosotros y del mundo hasta el momento. Tal vez necesitemos nuevas palabras para describir nuevas sensaciones, nuevos objetos de referencia. Tal vez nuestras palabras se transformen simplemente en una sonrisa, o en el desencadenante de una serie de acciones. A veces es mejor no saber qué va a pasar, especialmente si eso significa que estamos recuperando nuestro presente.